“Genéricos de marca”: los nuevos productos de los grandes laboratorios farmacéuticos

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Las multinacionales farmacéuticas solían recelar de los medicamentos genéricos, que permiten a los laboratorios modestos hacer dinero con preparados que inventaron ellas, una vez caducada la patente, o en virtud de una “licencia obligatoria” (excepción a la patente que pueden aplicar los países en desarrollo para suministrar medicinas a precio más bajo). Pero ahora se han decidido a fabricarlos o distribuirlos en los mercados emergentes, donde ven una buena oportunidad de negocio, explica Natasha Singer en The New York Times. Sus nuevos productos son los “genéricos de marca”.

Gigantes de la industria farmacéutica, como GlaxoSmithKline, Sanofi-Aventis o Pfizer, han creado o potenciado recientemente sus divisiones de genéricos para vender en los mercados emergentes: principalmente Europa central y oriental, Latinoamérica, India y algunos otros países de Asia. Allí encuentran condiciones prometedoras. Las ventas de medicamentos crecen en torno a un 15% anual, o sea unos 10 puntos más que en Norteamérica o Europa occidental. Mucha gente paga las medicinas de su bolsillo y no pueden permitirse las caras. Hay temor, más o menos fundado, a las malas imitaciones, que pueden ser menos eficaces o peligrosas. Por tanto, el público está dispuesto a pagar un poco más por genéricos fiables, que lleven la garantía de una marca conocida.

Para los grandes laboratorios, esta estrategia supone mantener dos políticas de producción y de precios, para distintos mercados. Les permite además seguir explotando sus propias fórmulas después de agotar la patente, cosa que en muchos casos, antes ni se planteaban.

Las propias multinacionales pueden encargarse de fabricar los “genéricos de marca”. Pero lo más común es que se alíen con laboratorios del país o los compren. Por ejemplo, el año pasado Glaxo firmó un acuerdo con una empresa india de genéricos para producir medicamentos que habrá de pasar los controles de calidad de Glaxo y llevarán su logotipo.

El artículo del New York Times menciona otras iniciativas semejantes puestas en marcha el año pasado. Sanofi-Aventis compró una compañía fabricante de genéricos checa, otra en Brasil y otra en México. Pfizer firmó tres acuerdos con sendos laboratorios indios para que comercialicen fármacos con licencia de la multinacional. Glaxo compró una participación en una compañía de genéricos sudafricana.

Esta “licencia voluntaria” puede contribuir a una mayor disponibilidad de medicamentos fuera de los países ricos. Las multinacionales han solido alegar que necesitan vender caros y en exclusiva los medicamentos desarrollados por ellas durante todo el tiempo que dura la patente, para recuperar la elevada inversión que exige descubrir y ensayar un nuevo preparado. Si empiezan a ganar dinero con sus inventos también después de que expire la patente, podrán diferir parte de los beneficios esperados y, por tanto, bajar los precios.

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