España: hace falta reforzar los cuidados paliativos

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Recientemente se ha abierto una polémica en España en torno a la actuación del equipo del servicio de urgencias del hospital Severo Ochoa en Leganés (Madrid). Según una denuncia, durante los años 2003 y 2004 hubo numerosos casos de sedaciones irregulares que provocaron o aceleraron la muerte de pacientes terminales. Esto ha motivado la destitución del responsable de urgencias, el gerente y el director médico del centro.

La investigación sobre los casos aún no ha terminado. Pero de momento, a juicio de varios especialistas, la alta mortalidad en el servicio de urgencias revela que los pacientes no fueron tratados de modo adecuado ni en el lugar adecuado. La decisión de administrar sedantes a enfermos muy graves o en fase terminal -con el posible efecto de acelerar la muerte- se debe tomar a partir de una evaluación completa de la situación, para la que no está capacitado un servicio de urgencias. Considerar esa opción corresponde al equipo de cuidados paliativos. El problema es que en 2003 el hospital Severo Ochoa no tenía unidad de cuidados paliativos.

La aplicación de la sedación paliativa a un enfermo terminal es una práctica correcta siempre y cuando se busque aliviar el sufrimiento del paciente y no haya opciones mejores. Las cuestiones éticas implicadas suelen ser complejas, y requieren particular competencia por parte del equipo médico. La mayoría de los profesionales sanitarios están de acuerdo en que la sedación debe administrarse con un mínimo de requisitos que prevengan contra posibles abusos. Así, se necesita el consentimiento informado, junto a una indicación médica concreta que se ajuste a los sufrimientos del paciente. Además, se debe realizar una evaluación continuada de los resultados. Todo ello difícilmente puede cumplirse en las condiciones propias de un servicio de urgencias.

En cualquier caso, se hace necesario aclarar las diferencias entre la sedación terminal paliativa y la eutanasia activa. Miguel Casares, presidente del Comité de Ética Asistencial del Hospital de Getafe (Madrid), señala que “las diferencias fundamentales se encuentran en la intencionalidad, el procedimiento y los resultados. A diferencia de la eutanasia, la sedación paliativa no persigue acabar con la vida de una persona para librarle de su sufrimiento, sino aliviar el dolor, el sufrimiento y demás síntomas refractarios a otros tratamientos y aportar calidad de vida al paciente terminal. Puede alterar la conciencia del enfermo en determinados casos, pero persigue mantener el nivel de conciencia posible y la capacidad de comunicación”. Cabe que la sedación provoque un cierto acortamiento de la vida del paciente, pero -como dice Casares- “la indicación de sedación terminal ya sugiere que nos encontramos ante una muerte inminente en un paciente terminal” (“Diario Médico”, 16-03-2005).

En España existen unas 350 unidades de cuidados paliativos, número claramente insuficiente. Así lo destacaba Xavier Gómez Batiste, presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos: “La falta de equipos de cuidados paliativos obliga a los enfermos a acudir a los servicios de urgencias de los hospitales, donde se resuelven peor los dilemas éticos que se plantean al final de la vida” (“ABC”, 19-03-2005).

José María Fernández Fuentes

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