En la reproducción asistida falla el consentimiento informado

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En la práctica común de la reproducción asistida no se da a los pacientes toda la información sobre los riesgos y se emplean técnicas no bastante probadas. Es la opinión del Dr. Robert Winston, expresada en una conferencia ante la British Association for the Advancement of Science (10-IX-2003). Winston, director del departamento de fertilidad del Hammersmith Hospital (Londres) y uno de los pioneros de la reproducción asistida, criticó la actuación de algunos colegas, que equivale -dijo- a experimentar con los pacientes y con los niños.

Winston no es el primero que hace semejantes advertencias, aunque sus declaraciones hayan llamado la atención más que otras, por venir de quien vienen. Ya en marzo pasado el Comité Consultivo Nacional de Ética de Francia avisaba sobre el “riesgo no evaluado” de la inyección intracitoplásmica de esperma (ICSI), una de las técnicas de fecundación artificial (ver servicio 43/03). Entre los peligros de la ICSI, el Comité francés señalaba la mayor frecuencia de anomalías en los cromosomas sexuales y el doble de probabilidad de sufrir malformaciones congénitas (2,4%) que en los embarazos naturales (1,2%).

“Mientras que los primeros informes sobre la fecundación in vitro eran totalmente tranquilizadores en su índice de anomalías, ahora hay bastantes datos que indican que algunos tratamientos en determinadas circunstancias pueden ser muy peligrosos”, dijo Winston. De hecho, un estudio dirigido por el propio Winston ha mostrado que la congelación de embriones altera el comportamiento de un gen que elimina tumores. Winston advirtió también que ciertos fármacos usados para la estimulación ovárica provocan anormalidades cromosómicas. Y habló además de algunos experimentos con animales en los que se ha comprobado que retrasar la transferencia de embriones a la madre parece interferir en los genes.

Entre los estudios que han llevado a Winston a estas conclusiones se encuentran dos publicados en el New England Journal of Medicine (NEJM). El primero (NEJM 2002; 346: 725-730), elaborado por el Instituto de Salud Infantil de la Universidad de Australia Occidental, analizaba tres registros con datos de niños nacidos por técnicas de reproducción asistida entre 1993 y 1997. Se descubre que estos tienen riesgo doble de presentar deficiencias congénitas, comparados con los concebidos naturalmente. El segundo estudio encontró que en los niños concebidos por fecundación artificial la tasa de bajo peso al nacer era 2,5 veces superior a la de la reproducción natural (NEJM, 2002; 346: 731-737). Y en junio pasado la Universidad Johns Hopkins, la American Society of Reproductive Medicine y la American Academy of Pediatrics, en un estudio conjunto, advertían de la necesidad de analizar la seguridad y eficacia de las técnicas de reproducción asistida. (Ver otros estudios similares en los servicios 37/02 y 51/03.)

“El problema -afirma Winston- es que estamos haciendo las cosas en el laboratorio y no se están comprobando como se debería”. En suma, “no hay procedimiento alguno de consentimiento adecuadamente informado”.

Winston también hizo un llamamiento para que se estudien con más detenimiento los tratamientos de FIVET que utilizan embriones congelados y considera que habría que prestar más atención a las alternativas que existen a la fecundación in vitro.

Las declaraciones de Winston han levantado cierto revuelo en Inglaterra. Sobre todo porque se producen en un momento en el que el National Institute for Clinical Excellence -órgano asesor del gobierno británico- está recomendando que los tratamientos de reproducción asistida se vayan introduciendo cada vez más en la Sanidad Pública del país.

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