En Holanda comienza a hablarse del síndrome post aborto

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Duración lectura: 2m. 33s.

Cada año se practican unos 30.000 abortos en Holanda y apenas se habla de ello. Se silencia que algunas mujeres sufren ataques de ansiedad, depresión y remordimientos. La edición de Amsterdam de Metro (25 enero 2008) se ha decidido a hablar de “La otra cara del aborto”, con un amplio reportaje con testimonios de estas mujeres.
Las mujeres que abortaron suelen intercambiar sus sentimientos en foros de Internet. Marijke Veerman, redactora del citado diario, entrevistó a unas veinte jóvenes que sufren las consecuencias de abortos practicados en 2007. Sarah, de 19 años, Amanda y Brit, que tenía 18 años cuando abortó, cuentan los motivos que las indujeron, la inseguridad con la que llegaron a la clínica y el poco apoyo que recibieron en ésta, aun cuando daban señales de no estar absolutamente seguras de su decisión.

A Sarah fue el novio quien la animó a abortar. Provenía de una familia turca que nunca le hubiera perdonado tener un hijo fuera del matrimonio. “Mi amor por mi novio era entonces más grande que por la criatura, así que acepté, cuenta Sarah. Ahora me pregunto: ¿cómo habría sido el niño?, ¿cómo habría ido todo? Le pido por favor a toda mujer que dude, que no vaya a la clínica. Nunca te lo perdonarás”.

El reportaje cita una investigación realizada en Nueva Zelanda que siguió a un grupo de mujeres de 15 a 25 años. El 42 por ciento de las que habían abortado antes de los 25 años (cfr. Aceprensa 6/06) tenían serios problemas psíquicos, el doble de las que nunca lo habían hecho. Gert-Jan Noorman, de la fundación de protección de los no nacidos VBOK, reconoce este efecto post aborto: “A nuestra asociación acuden jóvenes descontentas, con sentimientos de culpabilidad y depresiones. Nosotros lo llamamos síndrome post aborto. A veces ocurre inmediatamente después del aborto, otras más tarde, cuando la mujer se da cuenta que habría podido vivir con ese hijo”.

Un motivo de que este tema siga siendo tabú, lo achaca Laura van Lee, investigadora de la fundación Rutger Nisso Group, a que el actual gobierno quiera reformar la legislación sobre el aborto. “Médicos y partidarios del aborto temen que los testimonios sobre efectos negativos del aborto puedan llevar a limitarlo e incluso a prohibirlo”, reconoce Lee, cuya fundación más bien promociona el aborto que lo desaconseja. Añade también que por orden del Ministerio se está llevando a cabo una investigación sobre la legalidad del modo de actuar de las clínicas, a la que seguirá otra sobre las consecuencias del aborto. La ley actual permite abortar hasta la semana 22 del embarazo.

Brit reacciona de modo positivo: “Yo creo que si me hubiesen preguntado más, hubiera dicho que dudaba, pero no lo hicieron. Espero que algo cambie en las clínicas y que se tomen decisiones bien meditadas. Para mí ya es tarde. Tendré que seguir viviendo sin mi hijo”.

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