El Neanderthal, rehabilitado

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Evolución: descubrimientos recientes arrojan dudas sobre teorías asentadas
El darwinismo ha popularizado las representaciones que muestran el origen del hombre a partir de un ser simiesco que va irguiéndose paulatinamente al tiempo que pierde pelo. Pero semejante idea de la evolución resulta cada vez menos verosímil a medida que se van conociendo más datos de nuestros posibles ancestros. Así lo muestran los últimos hallazgos sobre el hombre de Neanderthal, que ha estado durante largo tiempo condenado a figurar como eslabón intermedio entre los antiguos simios y nosotros. Su caso es un ejemplo de cómo en ocasiones se ha deformado la realidad partiendo de prejuicios supuestamente científicos.

Los Neanderthales florecieron desde el occidente de Europa hasta el Asia central en el periodo comprendido entre los 75.000 y los 35.000 años de antigüedad. Se encontraron por primera vez en 1856 en el valle de Neander -de ahí el nombre que se les dio-, cerca de Düsseldorf (Alemania). Más tarde se fueron sucediendo nuevos hallazgos. En 1913, Marcelin Boule, el principal antropólogo francés de la época, publicó una monografía en la que revisaba todos los fósiles conocidos hasta entonces, pero tomando como principal punto de referencia el esqueleto de un individuo masculino de edad comprendida entre los cuarenta y los cincuenta años, “el viejo”, encontrado en Chapelle aux Saints (Francia).

Aquel estudio situaba a los Neanderthales entre el chimpancé y el hombre, pero más cerca de los simios. En realidad, Boule se equivocaba tanto en la interpretación anatómica, habitual en la época, como por sus prejuicios evolutivos. Debido a que “el viejo” fue durante mucho tiempo el ejemplar más completo y mejor conservado, llegó a ser el estereotipo de hombre de Neanderthal. “El viejo” tenía las rodillas ligeramente arqueadas y los pies vueltos de forma que el borde externo, y no la planta, formaba la superficie de apoyo en el suelo. Sus huesos eran más gruesos que los nuestros. Todo esto llevó a formarse la imagen, que aún perdura en muchos profanos, del típico hombre-mono de aspecto bestial, bajo, grueso, muy musculoso y encorvado. Hoy sabemos que ya millones de años antes los homínidos caminaban totalmente erguidos (

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