El inevitable debate ético sobre el aborto

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En un artículo publicado en El País (15-01-2014), el abogado José María Ruiz Soroa se refiere a las acusaciones que intentan deslegitimar el debate sobre la reforma de la ley del aborto.

Se acusa a los conservadores de haber presentado un proyecto de ley claramente ideológico. Soroa señala que “sorprende la connotación negativa aplicada a la ideología per se, cuando la izquierda lleva años llorando por la propia ideología perdida” y acusando a la derecha de carecer de ideales. Pero la ideología, en cuando conjunto de valores, ideas e imágenes del mundo, es inevitable cuando se debate un asunto como la interrupción del embarazo. Un proyecto “no ideológico” sería el que se limitara a una aproximación puramente técnica y pragmática, carente de prejuicios sobre el valor de la vida o al derecho de la mujer a su dignidad y libertad. “Una aproximación que no es siquiera imaginable en este tema, que toca de manera sensible a ideas básicas de la cosmovisión conservadora (igual que a las liberales). Bienvenida sea entonces la ideología no camuflada, porque el debate será mucho más claro”.

Otra crítica curiosa es la que acusa al gobierno de haber preparado una ley inspirada en una doctrina o visión moral particular. “La crítica –comenta Soroa– es incongruente y absurda si lo que se pretende afirmar es que las normas jurídicas podrían fabricarse desde otro sitio que no fuera la moral, tratándose de cuestiones de palmario contenido ético (…) Que los conservadores edifiquen su proyecto de ley a partir de la visión moral que les es propia es tan legítimo –y obligado– como que el progresismo lo critique desde su propia comprensión moral del problema”.

Sorprende también que se acuse a los conservadores de inspirarse en doctrinas religiosas. “Se sigue confundiendo la exigencia de laicidad del Estado –algo irrenunciable en democracia– con la exigencia de laicidad de la sociedad civil”. Esta “no es religiosa ni laica, es simplemente…plural” y “en su seno tienen derecho a oír su voz y sus argumentos todos los ciudadanos e instituciones, tanto los dotados de una identidad metafísica como los ciudadanos a secas”. Y también las iglesias “pueden comparecer como unos actores más dentro de ese escenario laico cuando se debaten futuras leyes”.

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