El “impuesto verde” llega a Francia

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Una nueva tasa que grava las emisiones de CO2 será pagada por los ciudadanos con la gasolina y la calefacción.

“El que contamina, paga”. Al aplicar este criterio se piensa normalmente en las empresas. Pero ahora la factura del medio ambiente llega a los ciudadanos. Para reducir las emisiones de CO2, que contribuyen al calentamiento climático, en Francia se acaba de anunciar una tasa que gravará el consumo de gasolina, gas, fuel y carbón. Francia sigue así los pasos de Suecia, donde la tasa está vigente desde 1990.

No solo las fábricas contribuyen a las emisiones de CO2. También lo hacen el transporte privado y las viviendas. En Francia se estima que cada ciudadano emite entre cuatro y seis toneladas de CO2 anuales. A partir de ahora tendrá que pagar 17 euros por cada tonelada. Un comité de expertos había propuesto 32 euros, pero Sarkozy ha preferido empezar por poco y proceder a una elevación progresiva.

También deberán pagar la tasa las empresas que no estén ya sometidas al sistema europeo de intercambio de cuotas, por el que las empresas que contaminan más deben comprar derechos de emisión en el mercado. Según los cálculos hechos, el 51% de las emisiones tasadas con el nuevo impuesto verde corresponderían a los particulares y el 40% a las empresas.

El objetivo es convencer al ciudadano de que debe disminuir el consumo de energías que contribuyen al calentamiento global, haciéndolas más caras. Se trata, dijo Sarkozy, de “ayudar a los ciudadanos a que cambien comportamientos que son nocivos para el medio ambiente”. Pues, “si nosotros no pagamos la factura del medio ambiente, la pagarán nuestros hijos”.

Si se divide el importe total de la tasa por el número de hogares fiscales el sobrecoste medio es, en teoría, 74 euros por hogar. Pero el impacto será muy diferente según que su calefacción sea eléctrica, por gas o por fuel.

A cambio de la tasa de CO2, cada hogar francés recibirá una compensación en el impuesto sobre la renta. Esta compensación será mayor en las zonas rurales, donde es más difícil recurrir al transporte público, y por cada niño o persona dependiente se añadirán 10 euros.

Para no penalizar a la agricultura, la pesca y al transporte por carretera -grandes consumidores de carburantes-, estos sectores recibirán ayudas, que habrá que precisar.

Como ante cualquier nuevo impuesto, las reacciones han sido negativas. Las encuestas indican que dos terceras partes de los franceses están en contra, sin apenas diferencias entre simpatizantes de izquierda y de derecha.

Más que el importe de la tasa, lo decisivo es que pague directamente el ciudadano en los sectores difusos como los coches y las casas. Una tasa de este estilo se implantó en Suecia en 1990, y desde entonces las emisiones de CO2 han disminuido un 9% mientras que el PIB ha crecido un 44%. El precio de la tonelada de CO2 es allí ahora de 108 €, muy superior a lo establecido en Francia.

En Suecia , cada ciudadano, cualquiera que sea su renta y su lugar de residencia, paga la tasa de CO2 completa al rellenar el depósito de gasolina o al pagar la factura de la calefacción. Tampoco hay una compensación en el impuesto sobre la renta, aunque la tasa de CO2 vio la luz dentro de una reforma impositiva general que rebajó otras cargas.

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