El hemisferio Norte, más verde que nunca

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El hemisferio Norte ha experimentado un crecimiento del 10% de la vegetación de 1982 a 1990, debido al aumento de la temperatura y al mayor nivel de dióxido de carbono. Esta es la conclusión de un estudio que publica el último número de la revista Nature, realizado por investigadores de la Universidad de Boston a partir de datos recogidos por satélites meteorológicos.

Lo que ha sorprendido a los científicos no ha sido el hecho del crecimiento, sino su magnitud. El mayor crecimiento se registró durante esos años en los meses de julio y agosto, en la región comprendida entre el paralelo 45 y el 70, a medio camino entre el Ecuador y el Polo Norte (es la latitud de Burdeos o Milán, de Belgrado, de Ottawa o de las islas Kuriles, al norte de Japón). En esas latitudes hay amplios cinturones de trigales en Rusia y Estados Unidos, que también se han visto favorecidos.

Los investigadores explican que el aumento de vegetación se debe sobre todo a la subida de las temperaturas y de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, que favorece el crecimiento de la plantas al estimular la fotosíntesis. En un estudio previo señalaron también que la primavera se ha adelantado una semana y el otoño llega un poco más tarde, con lo que el período de crecimiento de la vegetación se ha alargado unos 12 días.

El director de la investigación, el biólogo Ranga B. Myneni, asegura que el aumento de vegetación y el alargamiento de la estación de crecimiento se ha mantenido más recientemente, al menos a lo largo de 1994.

No obstante, para otros científicos, un aumento del 10% parece demasiado, si se considera que el incremento del dióxido de carbono ha sido sólo del 4%. Myneni sostiene que se debe contar también con el calentamiento de la atmósfera para explicar el fenómeno.

Aunque muchos meteorólogos estiman que la temperatura global de la atmósfera terrestre ha aumentado en un grado Fahrenheit en el último siglo, Myneni estima que, en las latitudes altas, el calentamiento ha sido mayor, aunque piensa que no existen pruebas para atribuirlo a la actividad humana.

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