El embrión, devaluado

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Análisis

La llamada clonación “terapéutica”, que el informe Donaldson recomienda autorizar en Gran Bretaña, consiste, en primer lugar, en la producción de embriones genéticamente idénticos a las células del paciente, por transferencia de un núcleo de una de sus células a un óvulo maduro, donado por una mujer, al que previamente se ha extraído el núcleo. Tras unos días de cultivo in vitro, se disecan los tejidos del embrión para obtener las llamadas stem cells (células madre o progenitoras). Éstas han de ser cultivadas y diferenciadas en el laboratorio, hasta obtener cultivos de células que, trasplantados al paciente, deberían integrarse con sus tejidos enfermos para reparar las lesiones.

Además de la obtención de stem cells para el tratamiento de enfermedades degenerativas, el informe Donaldson también contempla la posibilidad de emplear el procedimiento para permitir que nacieran niños sin enfermedades derivadas de defectos de las mitocondrias, organelas celulares que transmiten su información genética con independencia del genoma principal de la célula. De todas formas, en el informe, esta utilidad ocupa un lugar claramente secundario, y no implicaría la realización de una clonación propiamente dicha.

Llama poderosamente la atención cómo argumenta el informe. Primero admite que, con respecto a la manipulación de embriones, existen posturas antagónicas: desde la que propugna el respeto del embrión, como ser humano desde sus primeros momentos de desarrollo, hasta la que sostiene que se trata de simples células, que pueden ser utilizadas sin más preocupaciones.

Pero en las recomendaciones, eso no se refleja más que en la afirmación de que la clonación y la investigación subsiguiente solo debe emprenderse si existen perspectivas serias de que vayan a beneficiar a los enfermos. Dicho con otros términos: con independencia de si el embrión es o no un ser humano, se concluye que se lo puede sacrificar si existe un interés importante por parte de terceros en los resultados de dicho sacrificio. En buena lógica, sin embargo, estos presupuestos deberían haber llevado a adoptar una postura prudente de moratoria, tal como se ha hecho en Estados Unidos.

Carrera científica y económica

¿Por qué entonces esta recomendación permisiva? Parece que los autores del informe desean que el Reino Unido se ponga en cabeza en la carrera de la investigación sobre células progenitoras, que -dicho sea de paso- promete ser muy rentable económicamente si las cuentas que se echan se convierten en realidad. Por otra parte, resulta chocante que, antes de reunirse para elaborar el informe, se supiera públicamente que once de los catorce miembros del comité eran partidarios de permitir la clonación “terapéutica”. ¿No debería haberse nombrado, más bien, un comité imparcial, equilibrado en sus pareceres, en que hubieran tenido un peso razonable los defensores de otras posturas?

De todos modos, al médico de a pie la cuestión le queda muy lejana: supongo que hubiera preferido que, en vez de permitir que se destruyan embriones, ya tan devaluados por la práctica de producirlos en número excesivo en la fecundación in vitro, las autoridades hubieran dedicado recursos a medidas sanitarias que podrían salvar muchas más vidas con un esfuerzo incomparablemente menor. Baste mencionar la lucha contra la malaria o la lepra. En comparación con medidas encaminadas a fines sanitarios más amplios, la clonación “terapéutica” es un dispendio para el beneficio de un solo enfermo.

Por otra parte, el propio informe reconoce que las promesas de los cultivos de células progenitoras son, por el momento y durante los próximos años al menos, solo eso: promesas. Si no se sabe si llegará a buen puerto la mera clonación, mucho menos la elaboración de cultivos y su integración en el enfermo. La sospecha de cualquier biólogo es que una manipulación tal de las células es difícil que no las afecte de forma seria; de hecho, en los animales obtenidos por clonación ya se han observado problemas de salud, en algunos casos muy graves. ¿No sería más razonable estudiar con más detenimiento la cuestión en animales antes de pasar al hombre?

Podría argumentarse que estas trabas son una auténtica crueldad para los enfermos que podrían ver mejorada su salud con las técnicas de inyección de cultivos derivados de células progenitoras, y que debe permitirse su producción. Pero este argumento sería válido solo si la producción y sacrificio de embriones clonados fuera la única alternativa para la obtención de cultivos de células progenitoras. El hecho es que dichas células existen también en el organismo humano adulto, del que se pueden extraer y también, en teoría, manipular para obtener los mismos resultados. El informe, sin embargo, se inclina por la utilización de las células provenientes de embriones porque existe la sospecha de que será más factible obtener de ellas todo tipo de tejidos. Una conjetura científica, erigida en árbitro, decide sobre la suerte de los seres humanos embrionarios.

El informe recomienda también que se prohíba la reproducción por clonación. Parece que quiere así quitar los miedos que despierta la novela Un mundo feliz. Pero no parece advertir que el daño ya está causado, al crear en la sociedad una indiferencia hacia el embrión humano, como si la vida humana fuera un fenómeno meramente biológico, que se puede manipular si interesa para otros fines.

Antonio PardoProfesor de Bioética de la Universidad de Navarra

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares