El asesinato altruista

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Duración lectura: 4m. 29s.

Ha producido un fuerte debate en Canadá el caso de Robert Latimer, un granjero que en 1993 dio muerte a su hija Tracy de 12 años que padecía parálisis cerebral y que no podía andar, hablar ni alimentarse por sí misma. Latimer fue condenado en noviembre de 1994 a 10 años de cárcel, aunque el Tribunal Supremo acaba de decidir que se revise su proceso por defectos de forma. Latimer no ha ingresado en prisión y sigue viviendo con su mujer y sus otros tres hijos. Mons. Adam Exner, arzobispo de Vancouver y presidente de Catholic organization for Life and Family, publicó un comunicado en el que dice:

El tribunal ha hecho de esta causa una excepción y por esto mismo envía un mensaje muy preocupante: la vida de una persona minusválida vale menos que la vida de otra persona. Pero precisamente son las personas más vulnerables las que más necesitan nuestros cuidados y nuestra protección.

(…) Si en una sentencia por asesinato invocamos como factor atenuante del asesinato el bien de la víctima, nos encaminamos por una vía tremendamente peligrosa. Sin querer poner en duda la sinceridad de los motivos invocados por el señor Latimer, nos preocupa mucho la idea de que un asesinato sea un gesto que signifique el ejercicio de la compasión. Muchas familias y amigos dan testimonio de su compasión por los minusválidos a través del respeto a su dignidad y compartiendo sus sufrimientos, por muy penosos que sean.

Es este respeto por cada ser humano y el ejercicio de esta compasión el que tiene que ser apoyado por nuestras estructuras sociales, sanitarias y judiciales.

Lysiane Gagnon comenta en La Presse (Montreal, 6-XII-97):

“Usted actuó de manera altruista”, declaró el juez Ted Noble al hombre culpable de haber asesinado a su hija minusválida, “pero de todos modos ha quitado la vida a otro ser humano…” Saboreemos este “de todos modos”: bien por su hermoso programa, señor Latimer, pero de todos modos, hay este pequeño problema… He aquí una gran primicia en los anales judiciales canadienses: el concepto de asesinato altruista. ¿Cuándo tendremos el asesinato simpático, el asesinato amable, el asesinato cómico?

(…) Evidentemente, la vida de un niño gravemente minusválido no pesa mucho, ¿no es verdad? El juez Noble expresa incluso admiración ante el alto ejemplo de Robert Latimer, que ha matado a su hija de 12 años envenenándola con gas, asegurando que quería ahorrarle una vida de sufrimientos. “Se ha probado -dice nuestro docto magistrado- que la motivación de Latimer se basaba únicamente en el amor y la compasión…” ¿Qué se puede deducir? ¿Que las personas que consagran su vida a cuidar, alimentar, limpiar y reconfortar a los enfermos graves son idiotas sin “amor” ni “compasión”?

¿Qué hay que deducir de este juicio escandaloso, sino que cualquiera puede decidir, por hermosas y nobles razones, que esta o aquella vida no vale la pena vivirla? Pero los hospitales para enfermos crónicos están llenos de personas que están como estaba Tracy Latimer, y que no han pedido que se les envenene con gas. La mayoría se agarran a la vida por razones secretas y magníficas que escapan a los observadores. Porque es la vida, y sólo se tiene una, porque hay una sonrisa, un recuerdo, un rayo de sol, una melodía, el hecho es que viven y quieren vivir.

El año pasado leí La escafandra y la mariposa, este tremendo relato de un hombre reducido al estado más penoso que se pueda imaginar. Periodista cuarentón, ejecutivo de prensa hiperactivo, de la noche a la mañana un derrame cerebral lo precipitó en el lado de los muertos vivientes. Estaba totalmente paralizado, sólo podía mover su párpado izquierdo. Y era perfectamente lúcido.

Ingresado en un hospital para casos desesperados, se divertía con algunas cosas, miraba a sus hijos, sus fotos, el fútbol en la televisión. No digo que fuera feliz, simplemente digo que no quería morir. Gracias a un complicado sistema de cifrado (cada sílaba correspondía a un número de parpadeos) logró, con la ayuda de su editor, escribir un libro. Por último, murió, pero no fue, como Tracy Latimer, asesinado por alguien de su familia.

(…) Hay un fenómeno clásico que se llama la racionalización, una construcción mental que sirve para esconder la motivación que subyace inconsciente en nuestras decisiones. ¿Y si Robert Latimer hubiera sentido inconscientemente el deseo de desembarazarse de esa tremenda carga que destruía la vida familiar? ¿Si él y su mujer, sencillamente, se hubieran sentido sin fuerzas? Nunca hubieran admitido estos sentimientos: hacía falta una “racionalización”.

Y esta racionalización la proporciona con facilidad la sociedad actual. Se habla cada vez más de suicidio asistido, de eutanasia, se insiste en la “compasión” más que en la responsabilidad… Robert Latimer, ser sencillo y más bien frustrado, ha encontrado en este magma de “filosofía pop” la justificación que le permitiría asesinar a su hija sin sentir demasiados remordimientos. Hace veinte años, un honrado granjero de Saskatchewan no habría nunca tenido la idea de asesinato “por compasión”.

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