El amor, alivio del sufrimiento

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Antonio Socci se pregunta qué clase de derecho puede ser el de suicidarse con cooperación del médico (Il Foglio, Milán, 3 abril 2002).

(…) Se reivindica el derecho de cada cual a disponer de su vida y de su muerte. Pero ¿qué impide ya ahora suicidarse? ¿Por qué pretender que a uno le mate el Estado: otro ser humano, por tanto? En esta enésima solución estatalista, ¿no late quizá el deseo inconsciente e imperioso de que al menos otro hombre se implique en mi muerte? ¿Y es realmente libertad algo que uno es incitado a elegir por desesperada soledad? Si es una libertad y un derecho, ¿por qué miles de millones de personas no se suicidan?

Es impresionante: la casi totalidad del género humano no muere por propia voluntad, no pide ser matado: ¿se le niega una libertad? Entre millones y millones de personas con enfermedades incurables o dolorosas, poquísimas piden que las maten. ¿No da que pensar este natural y poderoso apegamiento a la vida?

Un gran historiador de la Medicina, Mirko Grmek, escribía: “La experiencia enseña que la inmensa mayoría de los enfermos con afecciones dolorosas y en situación desesperada no desean poner fin a sus días, sino que les alivien sus sufrimientos, aun a costa de acelerar la muerte; pero no el suicidio inmediato, con asistencia médica”.

Hoy existen eficaces cuidados paliativos que alivian mucho el dolor (…). Pero es el amor humano lo que sobre todo se desea y lo que de hecho constituye una formidable medicina contra el dolor. Antonio Tellung, que desde hace años se dedica a los enfermos terminales, ha hecho notar que “una persona, si siente que su sufrimiento es compartido, encuentra en él dignidad y sentido, y nunca pide la muerte”.

La ciencia ya conocía por experiencia los efectos positivos del calor humano sobre el dolor físico y la enfermedad. Pero ahora se añaden pruebas científicas. En estos meses han causado revuelo los estudios de Carlo Bellieni, neonatólogo del Policlínico de Siena. (…) Ha descubierto que los recién nacidos sometidos a terribles análisis sienten mucho menos dolor si a la vez experimentan contacto físico y calor humano. (…) Eso significa que calmar el dolor no es solo hecho mecánico, sino afectivo(…). Sentirse amado no solo puede liberar de la voluntad de morir, sino también del dolor físico que la produce. Se presenta a la eutanasia como un derecho, pero ¿no es más bien una condena?

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