Doctor, no quiero vivir… así

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

En un artículo publicado en el diario El País (Madrid, 26-VI-99), el Dr. Manuel González Barón, jefe del servicio de Oncología del Hospital La Paz (Madrid), explica que los cuidados paliativos, no la eutanasia, es la respuesta adecuada al sufrimiento de los enfermos terminales.

Cualquiera con un poco de experiencia en la atención a enfermos graves sabe que, cuando un paciente solicita la muerte, es muy importante averiguar qué hay detrás de esa petición. Tal vez sea una llamada de atención, para que se le alivie el dolor o se ponga remedio a su insomnio; o quizá una queja encubierta para que se le trate de una manera más humana o se le haga compañía, o sencillamente, para que se le explique lo que le está ocurriendo. Los enfermos terminales pasan por fases muy diferentes en su estado de ánimo. Así, quienes pedían la muerte en un momento de desesperanza o de abatimiento, unos días después -quizá tras suprimirles el dolor o facilitarles la posibilidad de desahogarse en una conversación tranquila- vuelven a encontrar sentido a esa última fase de su existencia. Está claro que esas personas no desean la muerte como tal, sino que buscan salir de una situación que les resulta insoportable. Por eso, habría que completar la expresión que da título a estas líneas: “Doctor, no quiero vivir… así”.

Ante los enfermos que imploran que se acabe con su vida, se puede reaccionar fundamentalmente de dos maneras: atendiendo sin más su solicitud; o planteándose seriamente cuáles son los motivos profundos que originan la petición, para intentar solucionarlos. (…)

Es un error limitarse a proporcionar a los médicos unos conocimientos técnicos completísimos, pero privándoles de la formación necesaria para afrontar situaciones delicadas que se van a enfrentar en la práctica clínica: enfocar adecuadamente la conversación con ese paciente al que hay que dar malas noticias, controlar de manera eficaz aquel dolor rebelde o sencillamente no desconcertarse cuando hay que ayudar a una persona en la fase terminal de su enfermedad.

(…) Empeñarse en prolongar el tiempo de vida a cualquier precio, con medios desproporcionados, llevaría a un absurdo e inhumano encarnizamiento terapéutico. Lo sensato será volcarse, con todos los recursos disponibles, en mejorar el confort del paciente, su calidad de vida hasta el último momento; de modo que esa persona recorra la última fase de su existencia con las atenciones que merece: rodeada del cariño de los suyos y recibiendo unos cuidados médicos a los que -precisamente por la precaria situación en que se encuentra- tiene un especial derecho. Curiosamente, lo que más influye en que un enfermo en esta tesitura se sienta digno o indigno, no radica tanto en su estado de salud, como en las atenciones que le prodigan los demás: es la actitud de quienes le cuidan la que le confirmará su dignidad, su valor inalterable como persona, independientemente del deterioro del organismo.

(…) En esa tarea tienen un papel primordial los cuidados paliativos. (…) Su meta fundamental no es alargar la supervivencia, sino la calidad de vida del enfermo y la familia, cubriendo sus necesidades físicas, psicológicas, sociales y espirituales. (…)

Un gran indicador significativo del grado de desarrollo de una sociedad es la manera como cuida a sus miembros más débiles y necesitados. Por eso, más que insistir en legitimar la inyección letal, hay que esforzarse seriamente en solucionar las causas que pueden llevar a algunos a pedir que se les mate: es más difícil, pero ahí está el verdadero progreso social, y la experiencia demuestra que puede conseguirse. En cambio, al centrar la atención en la legalización de la eutanasia, se retrocedería en la búsqueda y hallazgo de auténticas soluciones para esas personas. No olvidemos el enorme atractivo de la eutanasia como solución rápida y barata, en una sociedad con problemas económicos, y también como una alternativa terapéutica cómoda y eficaz para el médico. ¿Qué sentido tendría entonces seguir esforzándose en investigar la causa de muchas enfermedades o la manera de aliviar con más eficacia el dolor? La verdadera medicina busca con empeño fórmulas eficaces para eliminar el sufrimiento; la eutanasia, en cambio, resuelve el problema eliminando a la persona que sufre: la diferencia de planteamientos no requiere comentarios.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares