De la amenaza al pánico ecológico

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Duración lectura: 2m. 33s.

La revista The Economist (20-XII-97) disecciona cómo nacen y se desarrollan algunos alarmismos sobre el medio ambiente.

(…) Los cuentos de terror con argumento medioambiental siguen una línea tan predecible que podemos esquematizar su curso. El año 1 es el año del científico, que descubre alguna amenaza potencial. El año 2 es el del periodista, que la simplifica y la exagera. Sólo después, en el año 3, es cuando los ecologistas se suben al tren (casi ningún pánico ecológico ha sido iniciado por los ecologistas). Ellos polarizan la cuestión. O estamos de acuerdo en que el mundo está a punto de acabarse y ardemos en justa ira, o somos lacayos a sueldo del gran capitalismo.

El año 4 es el año del burócrata. Se organiza un congreso, se suministra a los funcionarios un buen surtido de billetes de clase preferente y se les pone en el candelero. La discusión pasa del terreno de la ciencia al de la regulación. La clave es llegar a un “objetivo” totémico: reducir un 30% las emisiones de azufre; estabilizar la emisión de gases con efecto invernadero en los niveles de 1990; el sacrificio ritual de 140.000 vacas británicas sanas.

El año 5 es el momento de escoger un culpable y conspirar contra él. Habitualmente es Estados Unidos (calentamiento global) o Gran Bretaña (lluvia ácida), aunque también a Rusia (CFCs y ozono) o Brasil (deforestación) les ha tocado su turno. En el año 6 un escéptico dice que los temores son exagerados. Lo que lleva a los “verdes” al paroxismo y la ira santa. “¿Cómo se atreve a airear opiniones minoritarias?”, gritan esos que antaño eran minoría a los directores de periódicos. Pero ahora, por lo general, el científico que fue el primero en advertir del peligro se ve en la embarazosa situación de encontrarse entre los escépticos. Roger Revelle, apodado “Dr. Greenhouse”, que enardeció a Al Gore con sus prédicas sobre el calentamiento global, escribió antes de morir en 1991: “En estos momentos la base científica con respecto al calentamiento global es demasiado incierta como para justificar medidas drásticas”.

El año 7 es el año de la discreta retirada. Sin bombo ni platillo se encogen las estimaciones oficiales de la magnitud del problema. Así, cuando nadie miraba, la “explosión” demográfica se transformó en un crecimiento asintótico hasta un máximo de 15.000 millones; que se rebaja luego a 12.000 millones, y después hasta menos de 10.000 millones. Lo que significa que la población nunca volverá a duplicarse. Al principio, el calentamiento global iba a ser “descontrolado”. Más tarde se dice que será de 2,5 a 4 grados en un siglo. Y después se habla de que será de 1,5 a 3 grados (según las Naciones Unidas). En dos años, los elefantes han pasado de estar en inminente peligro de extinción a necesitar urgentemente el control de natalidad (los hechos no cambiaron, las informaciones sí).

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