Brasil: Madre de bebé anencefálico desconcierta a los grupos pro aborto

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Duración lectura: 2m. 4s.

Marcela de Jesús Galante Ferreira nació el 20 de noviembre y es anencefálica: tiene los días contados. Su madre, Cacilda, es una campesina de Patrocínio Paulista, población de 15.000 habitantes del estado de San Pablo (Brasil). Los médicos diagnosticaron la enfermedad durante la gestación, y Cacilda decidió continuar con el embarazo. Con ese gesto, una humilde campesina está poniendo en jaque a los grupos abortistas de Brasil.

El 68% de la población es contraria al aborto, y la legislación brasileña protege al no nacido, excepto cuando hay peligro para la vida de la madre, o en caso de violación. Sin embargo, desde hace algo más de una década, parlamentarios del PCB (Partido Comunista de Brasil) y del PT (Partido de los Trabajadores) están intentando liberalizarlo. Recientemente la diputada Jandira Feghali (PCB) presentó un proyecto de ley para despenalizar el aborto en caso de anencefalía (proyecto de ley 4.403, de 2004), que está en estudio.

El argumento de la diputada Feghali es muy conocido: “Es una situación perversa: una mujer embarazada contemplando una cuna vacía y sabiendo que nunca va a ser ocupada, o que va a serlo por poquísimo tiempo” (“O Estado de São Paulo”, 29 de noviembre). Sin embargo, la señora Cacilda declaró en el mismo periódico: “Sufrir, todos sufrimos; pero ella no me pertenece: es de Dios y yo cuido de ella aquí. Cada segundo de su vida es precioso para mí”.

Mientras que los defensores del aborto piensan sólo en los problemas que causa un bebé anencefálico, Cacilda vive su maternidad amamantando y cuidando a su hija en el hospital: “Considero que su vida es un milagro muy grande; yo continuaré a su lado hasta que Dios decida que es su hora de partir”.

Marcela no es el primer bebé anencefálico que ocupa la atención de la opinión pública brasileña. El año pasado, un tribunal autorizó el aborto de una niña anencefálica. La juez del proceso, Elba Aparecida Nicolli Bastos, declaró: “No se puede exigir de la madre que continúe cargando la muerte, cuando la vida es imposible” (“Folha de São Paulo”, 19-09-2005). La historia de Marcela servirá, como mínimo, para desmontar esta afirmación. Tal vez los legisladores tengan en cuenta las palabras de Cacilda: “Nadie tiene derecho a quitar una vida, principalmente de un bebé indefenso”.

Eduardo Gama____________________Traducción: Xavier Masdeu.