Bioética: una pausa para lo humano

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Duración lectura: 2m. 49s.

Bruno Frappat escribe un editorial en Le Monde (6-I-94) en el que propone una moratoria sobre las experimentaciones en reproducción humana.

De modo regular, “hazañas” inéditas relacionadas con la procreación médicamente asistida relanzan el debate sobre la legitimidad de estas “proezas”. (…) En un sitio, a una sexagenaria menopáusica deseosa de ser madre se le ofrece por fin la posibilidad de procrear, y da a luz gemelos; en otro, una mujer logra escoger el color de su bebé; en un tercero, se piensa en aprovechar los ovarios de un feto abortado para implantarlos, un vez desarrollados, en una mujer. (…)

Lo que pasa en este terreno es lo mismo que sucede en otras actividades en que la humanidad se encuentra frente a un hecho consumado sin haber reflexionado seriamente sobre él, y delega esa responsabilidad en el orgullo tecnicista: basta pensar en el desarrollo de la energía nuclear -con fines militares o civiles-, o también en todas las perturbaciones del ecosistema, que a menudo se advierten demasiado tarde, sin otro remedio que las reparaciones posteriores al uso y abuso. (…)

¿Acaso una visión no religiosa de la vida humana autorizaría, por principio, cualquier intervención sobre el inicio de la vida siempre que no se ponga en peligro la libertad del individuo o los valores sociales?

Eso sería demasiado simple, y supondría ignorar la observación, corriente por desgracia, de que muchos de los descalabros psíquicos que se dan en la sociedad actual -y que los especialistas intentan “reparar” por diversos métodos terapéuticos- están ligados a las condiciones de la procreación, de la gestación, del nacimiento, a la existencia o no de una pareja, al deseo común o no de la pareja de tener un hijo, a la identidad familiar, a la acogida más o menos positiva de lo imprevisto, etc.

¿Sería reaccionario u oscurantista advertir que lo que, en el sistema ‘corriente’ de procreación, es causa de neurosis, podría agravarse el día de mañana? Es decir, en cuanto se ponga en práctica, sin control o verdadera necesidad terapéutica, un amplia panoplia de maneras de dar la vida a niños, hijos del deseo o del laboratorio.

(…) ¿Es necesario que se ponga en práctica todo lo que llegue a ser posible? Si se responde afirmativamente, habrá que admitir también que los objetivos mercantiles entren en juego, con las desviaciones que eso comporta inevitablemente. (…)

El cuidado que pone hoy la humanidad -al menos retóricamente- en proteger las especies amenazadas, los paisajes o el patrimonio arquitectónico es necesario y simpático, pero también muy tardío. (…) Sería una muestra de sabiduría política -o simplemente humana- que el conjunto de los dirigentes del planeta acordasen reflexionar sobre la urgencia de una pausa metodológica respecto a la procreación asistida. Ésta consistiría en autorizar una lista limitada de estas prácticas según una concepción nada elástica de la terapia (excluyendo, por ejemplo, lo que pertenezca más bien al confort consumista).

Durante esa pausa, la investigación básica continuaría avanzando sin que la técnica pasase enseguida sus invenciones a los comerciantes, cuya visible y febril impaciencia no debe dictar a la humanidad la idea que se hace de lo humano. (…)

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