Alemania: la industria farmacéutica no ve necesaria la experimentación con embriones

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Duración lectura: 2m. 45s.

Según el canciller alemán Gerhard Schroeder, en el actual debate sobre la autorización de experimentos con destrucción de embriones está en juego el futuro de Alemania en la biotecnología. Sin embargo, Bernd Wegener, presidente de la Asociación alemana de la industria farmacéutica, no cree que sea así y ha declarado a la agencia de noticias KNA (27 julio 2001) que es posible utilizar otros medios para desarrollar medicamentos. Wegener es miembro de diversas comisiones especializadas y de control, y presidente de una de las dos grandes asociaciones de la industria farmacéutica alemana.

Respecto al uso de células madre embrionarias, Wegener advierte que “en el debate acerca de la experimentación con destrucción de embriones se difunden muchas tesis no verificadas. Sin embargo, hasta ahora no se ha demostrado en ninguna parte, ni siquiera como punto de partida, que al menos en los próximos diez años se pueda desarrollar un fármaco a partir de la experimentación con células madre embrionarias”.

Wegener es partidario de continuar la experimentación en el campo de las células madre adultas. “Su obtención a partir de la sangre del cordón umbilical es posible y además no presenta objeciones éticas. Esas células poseen características que permiten a los científicos realizar perfectamente su trabajo. Por tanto, no es necesario recurrir a embriones. La discusión acerca de la experimentación con destrucción de embriones sólo debería comenzar cuando realmente se demuestre que no existen otros caminos para la investigación farmacológica”.

A los científicos que reclaman un cambio de la legislación alemana que prohíbe la experimentación con embriones, Wegener contesta que “la curiosidad científica no es suficiente motivo para tomar una decisión tan grave, ya que está de por medio el fundamento de la vida humana”. Al emitir un juicio ético, los bienes que se podrían obtener son de poco peso en comparación con el derecho a la vida del embrión. Da la impresión de que algunos investigadores hicieran caso omiso de las objeciones de tipo ético por razones de carrera”.

El canciller alemán, Gerhard Schroeder, ha dicho estar preocupado por el retraso que puede sufrir Alemania en el campo de la biotecnología si sigue prohibida la experimentación con embriones. Wegener no ve por qué pueda ser esto un inconveniente para el desarrollo de la ciencia en Alemania. “Estas afirmaciones forman parte de los argumentos que algunos grupos de interés lanzan al centro de la discusión y que luego repiten muchas personas acríticamente. Cuando [en el sector farmacéutico] valoramos los aspectos económicos, nuestras empresas juzgan de modo completamente pragmático. Por esta razón, los productos de investigación aplicada tienen que estar en el mercado disponibles para el uso humano en tres, cuatro o cinco años. Con predicciones que no se han verificado, poco se puede emprender.”

Wegener piensa que “la discusión, tal como se ha llevado hasta ahora, es más bien perjudicial para la economía y la industria farmacéutica. Frecuentemente intervienen al mismo tiempo expertos y aficionados que lanzan sin orden ni concierto conceptos especializados de la tecnología genética”.

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