Abortos espontáneos: una pena sin apoyo

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Duración lectura: 2m. 31s.
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Meghan Markle y el príncipe Harry. CC: Mark Jones

 

La reciente revelación de la actriz Meghan Markle, duquesa de Sussex, de que sufrió un aborto espontáneo en julio ha servido para hacer visible el dolor de los padres que pierden a un hijo no nacido. La escritora Clara Stillwater explica en The Federalist por qué, en su opinión, es positivo que se comparta esta experiencia.

Cuando se quedó embarazada de su primer hijo, Stillwater y su marido decidieron no hacerlo público hasta después del primer trimestre. Se trata de un uso social bastante generalizado: como en las 12 primeras semanas del embarazo el riesgo de sufrir un aborto espontáneo es mayor, los padres retrasan la información y así se evitan el mal trago de tener que poner al día a todos aquellos a quienes anunciaron el embarazo.

Con el segundo embarazo, los Stillwater siguieron el mismo criterio. Pero esta vez perdieron al hijo por causas naturales en torno a la octava semana. A partir de esta dolorosa experiencia, su manera de pensar ha cambiado.

Stillwater todavía encuentra razones para mantener en secreto los embarazos en las primeras semanas. Comprende, por ejemplo, que haya quienes prefieran vivir el duelo en privado, si finalmente muere el bebé. O que quieran ahorrar a los demás la tristeza que sienten, especialmente a otras mujeres embarazadas.

Con todo, aún ve más ventajas en la decisión de hablar. La primera es que “la tristeza privada es una tristeza sin apoyo”. Una experiencia de muchas mujeres que han tenido un aborto espontáneo es que “se sienten muy aisladas en su dolor”, pese a ser un hecho más común de lo que se cree. Hablar sirve para recibir la comprensión y el apoyo de otras que han pasado por lo mismo.

De ahí que Stillwater celebre el testimonio de las famosas que rompen su silencio y cuyo ejemplo puede inspirar a otras mujeres, como en su día ocurrió con el cáncer de mama. Si hasta hace unas décadas era un asunto tabú, “ahora, por mucho que el diagnóstico del cáncer de mama siga siendo algo que asusta, ninguna mujer tiene por qué sentir que está pasando por ello sola”.

Otra de las razones que menciona para dar a conocer el embarazo en las primeras semanas es que, si luego finalmente no sale adelante, al menos la vida del hijo –dure lo que dure– fue celebrada. “Después de mi aborto, me entristeció que durante las ocho semanas de vida de mi bebé, nadie supiera que estaba ahí o que yo estaba feliz de que existiera. El hecho de que viviera solo se asoció con su muerte. La próxima vez, proclamaré a los cuatro vientos la existencia de mi bebé; aunque muera, no habrá pasado desapercibida”.

Y concluye con dos recordatorios: “A las madres y a las familias: no estáis solas. A los bebés: no os hemos olvidado”.

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