China: Un gigante, también literario

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China ha sido el país invitado este año a la Feria del Libro de Frankfurt. Al igual que ha sucedido con otras industrias, la del libro ha puesto sus ojos en el potencial de China, país con 1.300 millones de habitantes, de los que 300 millones son lectores regulares.

Cada año, se editan más de 300.000 nuevos títulos; a pesar de esta cifra, importa ocho veces más de lo que exporta. En Frankfurt se da cita una amplísima representación oficial -más de mil miembros, cien de ellos escritores- y, a la vez, invitados por diferentes editoriales, una nutrida representación de la literatura china que se escribe fuera del país.

A pesar de los cambios que se están dando en China, la cultura sigue todavía hoy bajo el mando del Partido Comunista, que sigue imponiendo una anacrónica censura. Los libros que se publican en el país, sin apenas difusión en Occidente, son herederos del realismo socialista. Aunque hay excepciones, como la de Mo Yan, y como está sucediendo también en el cine, la literatura que se hace en China depende de lo que el Partido Comunista permita publicar.

Más interés tiene la literatura escrita por disidentes chinos que se han exiliado o por escritores que han nacido en el extranjero pero de origen chino. Alejados de las consignas del régimen de Pekín, sus libros reflejan más acertadamente las contradicciones que padece la sociedad china actual.

Tres generaciones

Para situarse en la historia de China contemporánea, merece la pena recordar Cisnes salvajes (Circe), el éxito de la escritora china Jung Chang. Cisnes salvajes no es una novela, sino el relato de las vidas de tres mujeres que resumen las vicisitudes de la historia de China a lo largo del siglo XX. Primero se cuenta la vida de Yu-fang, la abuela de Jung; después la de Bao Qin/De-Hong (cisne salvaje, en chino), su madre.

La vida de Yu-fang, la abuela, explica bastante bien qué pasó en China antes de la llegada de Mao al poder. La abuela fue concubina de uno de los generales de los señores de la guerra, durante el periodo de decadencia del imperio manchú. Toda esta parte tiene un innegable sabor tradicional.

Después el testigo pasa a la madre de Jung Chang, Bao Qin/De-Hong, quien, se casó con un revolucionario comunista, uno de los personajes más entrañables del libro. Sin embargo, poco a poco el matrimonio empieza a descubrir cómo el comunismo deriva en la justificación de la represión y la violencia. Durante los años de la Revolución Cultural, los padres de Jung son denunciados y sufren la política de la sinrazón. El tercer tramo del libro es la vida de la propia narradora hasta que consigue trasladarse a Gran Bretaña.

Los testimonios que cuenta Jung Chang son reales y estremecedores. Y aunque resultan en ocasiones durísimos de leer, sirven para explicar la historia colectiva del sufrido pueblo chino. Como escribe la autora, “rodeada de sufrimiento, muerte y desolación, había contemplado la indestructible capacidad humana para sobrevivir y buscar la felicidad”.

Otros dos recientes libros históricos analizan también periodos parecidos. Generación Mao (Emecé), de Xinran, se sirve de entrevistas con personas que vivieron en la época de Mao para hacer una radiografía crítica de aquellos años. Por otra parte, Robert Macfarquhar y Michael Schoenhals desvelan en la revolución cultural china (Crítica), las claves de un maquiavélico movimiento político utilizado por Mao para perpetuarse en el poder.

Memorias amargas

Sobre la historia reciente, también resulta dramático el testimonio de Harry Wu, Vientos amargos (Libros del Asteroide), su experiencia de más de veinte años transcurridos en los campos de trabajo chinos, donde los supuestos enemigos del régimen son sometidos a reeducación.

También tiene un componente memorialístico El desván. Memorias del hijo de un terrateniente chino (Turpial/Amaranto), de Guanlong Cao, quien a través de historias domésticas, breves, describe la vida cotidiana de su familia en Shanghai, tras abandonar el campo huyendo de los experimentos del Partido Comunista. Y como un viaje a la China desaparecida hay que entender El rastro perdido (Alba), de Lynn Pan. La autora, que vive desde hace años en Estados Unidos, decide reconstruir la turbulenta historia de su familia. De la mano de sus investigaciones, muestra la vida en China antes y durante la Revolución. A partir de ese momento todo serán desgracias para sus familiares, hasta que consiguen escapar e iniciar una nueva etapa en Occidente.

Por su inmediatez, resulta muy interesante el relato de David Kidd, Historias de Pekín (Libros del Asteroide). En 1946, tras haber estudiado chino en Michigan, se traslada a Pekín para impartir clases de inglés. Pero su estancia coincide con un periodo convulso y peligroso, con la llegada de Mao al poder. Kidd asiste a la catarata de cambios sociales y políticos propiciados por el ascenso del comunismo. La nueva situación afecta de lleno a la vida de Kidd, que había contraído matrimonio con una joven de la aristocracia china cuya familia ve cómo su mundo se derrumba.

China desde dentro

Mo Yan (1955), considerado el “Kafka chino”, sorprendió hace ya años con una magnífica novela ambientada en la China anterior a la revolución comunista, Sorgo rojo (Muchnik, 1993), reeditada recientemente por El Aleph y de la que existe una versión cinematográfica, a cargo de Zhang Yimou, de 1988. Mo Yan, residente en Pekín, buscaba la evocación literaria de los tiempos pasados de su pueblo natal, en los que vivir del sorgo era todo.

Con una especialísima mezcla de lirismo y violencia, la novela es un viaje hacia el reciente pasado chino, aunque la misma ambientación y personajes aparecen en las tres últimas novelas de Mo Yan que se han publicado en España: Grandes pechos, amplias caderas (Kailas), Las baladas del ajo (Kailas) y La vida y la muerte me están desgastando (Kailas), novela que ha recibido el galardón Newman Prize de Literatura China 2009. En la primera, escrita como una larga novela épica, la tortuosa vida de una campesina y sus numerosas hijas le sirve para describir la difícil supervivencia del pueblo chino, sobre todo en el mundo rural, con pasajes que recuerdan a García Márquez, uno de los escritores más admirados por Mo Yan. El mismo espacio vital protagoniza Las baladas del ajo, ambientada en los años setenta y ochenta del pasado siglo, donde los campesinos sufren el rigor de la planificación comunista. En la última, La vida y la muerte me están desgastando, con su habitual estilo alegórico, Mo Yan describe la vida de una saga familiar durante la China comunista.

Otro autor que ha permanecido toda su vida en China ha sido Qian Zhongshu (1919-1998), escritor y profesor universitario, y un gran especialista en la literatura occidental. La fortaleza asediada, reeditada en 2009 en Anagrama, la publicó en 1947 y es, junto con Hombres, bestias y espíritus (1946), lo más conocido de su literatura. La novela está ambientada en la década de 1930, cuando tiene lugar la guerra chino-japonesa, que atraviesa de refilón la novela, y cuenta la peripecia vital de Fang Hongjian, hijo de una familia tradicional que consigue ampliar estudios en el extranjero pero que a su regreso no consigue la suficiente estabilidad personal, familiar y profesional.

China desde fuera

El mismo deseo de conocer y reconstruir la historia de China y sus raíces tiene Pang-Mei, autora de Pies vendados y traje occidental (Seix Barral), descendiente de una familia china tradicional que abandonó el país en 1949 con la llegada de los comunistas. Fue educada según los cánones occidentales. El conocimiento de los modos de vida de su país no lo aprenderá en los libros de historia sino a través de su tía abuela, Chang Yu-i, la verdadera protagonista de este libro.

Chang Yu-i cuenta a su nieta su vida, un buen ejemplo de los radicales cambios que se han dado en China y que echarán por tierra muchas de las costumbres que no tuvo más remedio que aceptar. La propia Chang Yu-i empezó a abandonar algunas. Por ejemplo, se opuso a vendarse los pies y se preocupó por su formación intelectual. A la vez que cuenta la historia de la abuela, la autora ofrece su propia biografía, ejemplo también del modo de vida y la educación que recibe “la primera generación de mi familia nacida en Estados Unidos”.

Recuperar las raíces

Los libros de Amy Tan, residente en Estados Unidos, explican la realidad china vista desde la distancia. Merece destacarse, por ejemplo, El Club de la Buena Estrella (Tusquets), la novela que le ha dado más fama internacional y en la que un grupo de mujeres desgranan sus vidas, hasta formar un mosaico en el que se refleja más de medio siglo de la historia de China y Estados Unidos.

También consiguió una buena recepción La esposa del Dios del Fuego (Tusquets, Planeta). Mucho menos interés tiene Un lugar llamado Nada (Planeta), novela posterior a Los cien sentidos secretos (Tusquets), donde Tan vuelve a contraponer la mentalidad norteamericana con la cultura oriental, mediante la creación de dos personajes atrayentes. Olivia, la narradora, es, como Amy Tan, de origen chino pero nacida en Estados Unidos e integrada en la vida americana. Cuando está a punto de divorciarse, decide escribir su vida para explicar su relación con Kwan, su hermanastra.

Su padre, poco antes de morir, reveló que había dejado en China a una hija de la que hasta ese momento nadie había tenido noticia. A la muerte de su padre, Kwan viaja a Estados Unidos para irrumpir de lleno en la vida de la familia y en especial de Olivia, que entonces tenía seis años. Kwan es el personaje más logrado de esta novela.

La hija del curandero (Plaza & Janés), otra novela de Amy Tan, narra la vida de una mujer nacida en China a principios del siglo XX y que tras la revolución comunista emigró a Estados Unidos. La segunda parte de su historia, transcurrida en América, la cuenta su hija desde San Francisco.

En la primera parte, Tan describe con maestría y lirismo el paisaje y la mentalidad del país de sus antepasados. Los capítulos que hablan de la vida norteamericana de su hija son bastante tópicos.

La vida de los emigrantes chinos es también el tema de Agridulce (Anagrama), de Timothy Mo, uno de los valores más sólidos de la denominada literatura de mestizaje, que refleja la realidad multicultural que se da en algunos países europeos. El autor, licenciado en Historia por la Universidad de Oxford, ha escrito, además, Una posesión insular y La redundancia del valor, entre otras.

Agridulce sorprende por la detallada labor de documentación del autor, que ha conseguido escribir un fresco costumbrista de una típica familia china que se traslada a Londres, monta un restaurante y empieza a adaptarse a la vida occidental. Junto con esta historia, Timothy Mo (Hong Kong, 1950) cuenta también, en capítulos alternos, la trastienda de las mafias chinas instaladas en Europa. El resultado es una obra realista con toques de novela negra.

Ambientada en la primera mitad del siglo XX, La familia del barrio chino, de Lin Yutang (Ediciones del Viento), cuenta la vida de unos inmigrantes chinos en Nueva York. El libro funciona como un documental, pues explica cómo asimilan los valores de la cultura norteamericana a la vez que luchan por preservar las costumbres chinas, aunque esto crea tiranteces y problemas.


Las miradas del exilio

La literatura de Ha Jin (Liaoning, 1956), escritor exiliado desde hace años, se asienta sobre sucesos más contemporáneos, aunque también hace incursiones en el pasado. En el estanque supuso su descubrimiento en Occidente. En 1999 recibió el National Book Award con su novela La espera: ambientada en los años 60, centra su crítica de la burocracia comunista en la historia del médico Lin Kong, obligado a ocultar sus auténticos sentimientos para no ser considerado un peligroso burgués.

Recientemente ha publicado Sombras del pasado (Tusquets), novela ambientada en China en la primavera de 1989, poco antes de la revuelta estudiantil en la plaza de Tiananmen. En ella se cuenta la vida de Jian Wan, alumno de literatura en la Universidad de Shanning, donde está preparando el doctorado para trasladarse a Pekín y poder vivir con su prometida, hija del profesor Yang. La novela comienza cuando el profesor Yang sufre un ataque cerebral y Jian recibe el encargo de cuidarle en el hospital. Ese suceso provoca indirectamente que se replantee sus estudios y su vida. Interesante reflexión sobre la libertad para trazar el propio destino en China.

Más histórica es Despojos de guerra (Tusquets), las supuestas memorias de Yu Yan durante sus años como prisionero en la guerra de Corea, al inicio de la década de los cincuenta. Yu Yan es uno de los militares encuadrados en los denominados Voluntarios del Pueblo Chino, artilugio retórico que se inventaron para justificar la intervención a favor de los norcoreanos. Pocos meses después fue hecho prisionero por un destacamento estadounidense y a partir de ese momento comienza su peregrinaje como prisionero de guerra.

Gao Xingjian, premio Nobel

También abandonó China Gao Xingjian (1940), premio Nobel de Literatura del año 2000. Entre su variada dedicación artística -poeta, dramaturgo, ensayista, pintor…- destacan dos novelas, extrañas, monumentales, que abordan los símbolos chinos con una mirada más occidental. Son La Montaña del Alma, la que pasa por ser su gran obra (boicoteada por las autoridades comunistas), y El Libro de un hombre solo. Quizás pueda servir como introducción a este autor, nada fácil, su libro de relatos Una caña de pescar para el abuelo (Ediciones del Bronce).

Más crítica y política es la novela de Hong Ying El Verano de la Traición (Plaza & Janés), basada en los trágicos sucesos de la Plaza de Tiananmen. El mismo tema y con la misma actitud crítica aparece en La Puerta de la Paz Celeste (Ediciones del Bronce), de Shan Sa, autora que consiguió abandonar su país en 1990. Más calidad literaria tiene otra obra suya, La jugadora de go (Ediciones del Bronce). Y Ma Jian, autor de Pekín en coma (Mondadori), realiza un duro ajuste de cuentas con la historia reciente de su país, inspirándose también en los trágicos sucesos de la Plaza de Tiananmen, que destrozan la vida del protagonista

El ambiente opresivo que padece la juventud en China lo describe sin pelos en la lengua Ying Cheng, en La ingratitud (Emecé). Con más humor y con un argumento esperpéntico, aborda la desquiciada realidad china durante la época de Deng Xiaoping el novelista Wang Shuo, autor de Haz el favor de no llamarme humano (Lengua de Trapo).

La locura de la Revolución Cultural

La Revolución Cultural, gran tema literario para los escritores del exilio, es el contexto de la novela autobiográfica El Teatro de los Lirios (Tusquets), de Lulu Wang, autora que vive en Holanda. La protagonista es Lian, una joven educada bajo los cánones de la dictadura comunista; junto con su madre y otros intelectuales, durante los años de la Revolución Cultural es trasladada a un campo de reeducación. Para evadirse del ambiente opresivo, la joven se escapa a lo que ella llama el Teatro de los Lirios, donde en contacto con la naturaleza habla a las ranas y las cigarras de su propia vida. El lirismo de estos pasajes se contrapone a la descripción de situaciones complicadas y duras.

También es una novela de denuncia La chica del pañuelo rojo (Ediciones B), de Jili Jiang, otro testimonio sobre los desmanes de la Revolución Cultural. Una misma intención crítica, pero con un contexto más costumbrista -la ópera china- es el tema de Adiós a mi concubina, de Lilian Lee (cuenta con una adaptación cinematográfica dirigida por Chen Caige). Y el protagonista de Tótem Lobo (Alfaguara), de Jiang Rong, es otra víctima de la Revolución Cultural. Chen Zu, el protagonista, es un joven estudiante que, como les sucedió a tantos otros jóvenes, fue enviado a Mongolia en la década del setenta como castigo por la pasiva actitud de sus padres ante la revolución comunista. En Mongolia, alejado de todo, descubre otra vida y otros valores, y poco a poco se transforma en un pastor nómada. Sin embargo, hasta allí llegan las consignas del Partido Comunista chino y las decisiones de sus incompetentes dirigentes, que intentan a golpe de decreto cambiar hasta la vida de los pastores nómadas.

Muy entretenida y original, a pesar de contar sucesos ciertamente dramáticos, es Balzac y la joven costurera china (Salamandra), de Dai Sijie, escritor y cineasta que vive en Francia. Durante la Revolución Cultural maoísta, el narrador, un trasunto del propio autor, y Luo, los dos menores de 18 años, son trasladados a una pobre aldea rural china. Otro joven, que también está siendo reeducado en una aldea cercana, les presta unas cuantas novelas de autores occidentales, artículos totalmente prohibidos entonces. El planteamiento es muy original, lo mismo que la crítica al régimen chino.

Dai Sijie publicó después El complejo de Di (Salamandra), un retrato de la China actual con un argumento estrambótico, pero con menos calidad literaria y menos capacidad para la sorpresa.


La novela policiaca, recurso para la denuncia

Más influida por el mundo occidental es la literatura de Wei Hui, autora que consiguió un importante éxito con Shanghai Baby (Planeta), novela en la que, sin embargo, el único aliciente parece estar en la libertad sexual de la protagonista.

Los cambios más recientes en China son también el trasfondo de varias novelas policiacas, como la escrita por Diane Wei Lang, El ojo de jade (Siruela) y Mariposas para los muertos (Siruela). Wei tuvo que abandonar el país tras la matanza en la Plaza de Tiananmen en 1989, y en la actualidad reside en Londres.

Las dos novelas están protagonizadas por la detective Wang Mei, una joven moderna, independiente, que ha creado su propia agencia de detectives en Pekín. En El ojo de jade, recibe el encargo de averiguar el paradero de un valioso ojo de jade, que fue sustraído del museo en la época de la Revolución Cultural. La novela se centra en estas investigaciones y en la vida de la propia Mei. Siguiendo las peripecias de Mei vemos los cambios que se están dando en la sociedad china, la todopoderosa presencia del Partido Comunista, los nuevos valores de la juventud, la pasmosa influencia de la cultura occidental, el contraste entre la mentalidad china tradicional y los nuevos tiempos… Y los diferentes barrios de Pekín, ciudad que también se convierte en protagonista. En Mariposas para los muertos se repite la misma ambientación y similares ingredientes. La técnica de la novela policíaca le sirve a la autora para hacer un fiel retrato de las complejidades sobre la que se asienta la vida en la China actual. Como sucedía en El ojo de jade, la trama policial no acaba de despegar y la resolución del caso no ofrece, narrativamente, muchos problemas. Pero Diane Wei acierta a describir los contrastes que se dan ahora mismo en China. Aunque no se trata de una gran novela ni de un original análisis sociológico, las novelas de esta autora, al igual que otras muchas novelas policíacas actuales, sirven de veraz retrato crítico de la sociedad actual

En la misma línea, pero con más calidad literaria, están las novelas de Qiu Xiaolong. Tanto en Muerte de una heroína roja como en Visado para Shanghai y Cuando el rojo es negro (las tres en Almuzara), el protagonista es Chen Cao, inspector jefe de homicidios en Shanghai y licenciado en literatura. En Muerte de una heroína roja investiga el asesinato de una joven muy conocida por haber sido distinguida como trabajadora modelo de rango nacional. En Visado para Shanghai, la desaparición de una bailarina lleva a Chen Cao a darse de bruces con el poder de las Tríadas chinas. Estas obras avanzan al ritmo de la clásica novela negra, aunque el autor introduce aspectos sociológicos que explican la situación china tras las reformas económicas de Deng Xiaoping, los sucesos de la Plaza de Tiananmen y el poder omnímodo del Partido Comunista. Cuando el rojo es negro permite conocer la realidad china a ras de suelo, sin abusar de exotismos y sin las imposiciones ideológicas del Partido Comunista. Las novelas de Qiu Xialong reflejan el papel que mantiene el Partido Comunista, las grietas del férreo y ridículo sistema político y, lo más importante, la vida cotidiana en Shanghai

Literatura más comercial

Ya fuera de la novela policíaca y rozando la órbita del best-seller se encuentra Lisa See (estadounidense de origen chino), que triunfó hace años con El abanico de seda. Recientemente se ha traducido El pabellón de las peonías (Salamandra), novela de amor que transcurre en la China milenaria. Lo mejor de la novela es la ambientación histórica y la recreación de modos de vida y costumbres.

Aquí también entrarían los libros de Anchee Min (Shanghai, 1957), como La ciudad prohibida (Grijalbo), aunque la autora ha escrito dos demoledores testimonios sobre la reciente historia China durante la época maoísta: Madame Mao (Mondadori), sobre la esposa de Mao, y Azalea roja (Círculo de Lectores), ambientada durante la tristemente célebre Revolución Cultural. Anchee Min vive exiliada en Estados Unidos.

Otras miradas, otras historias, otros escenarios. Eso sí, cada vez menos exotismo, pues la globalización ha acabado por acercar la lejana realidad.

Algunos autores imitan los modelos europeos y norteamericanos, dejándose influir, a veces quizás demasiado, por la literatura más comercial. Otros escritores continúan apegados a la realidad china, mirada desde dentro, como hace Mo Yan. Y los hay también que, desde el exilio y con una acusada nostalgia, escriben de otra manera sobre el pasado más reciente, como hace Ha Jin, y sobre el presente más problemático.

 

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