Sobre la naturaleza humana

On Human Nature

Página 1

Autor: Roger Scruton

Rialp.
Madrid (2018).
148 págs.
14 €.
Traducción: Josemaría Carabante.

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El concepto de naturaleza humana se cuenta entre los más discutidos desde el comienzo de la Modernidad. Si se rechaza, es porque se interpreta como un principio estático que determina lo que hemos de ser y hacer, en contraste con la aspiración del individuo a su desarrollo permanente. Roger Scruton abordó este tema en una serie de cuatro conferencias que impartió en Princeton en 2013 y que se recopilan en este ensayo; pero, como él mismo reconoce, buena parte del contenido está tratado con mayor profundidad en El alma del mundo.

En la primera conferencia, el pensador inglés repasa el concepto de especie humana desde las diferentes teorías biológicas. Tras someterlas a revisión filosófica, observa que ninguna de ellas explica saltos como la capacidad humana de reírse o la responsabilidad, que apuntan que el ser humano trasciende las dimensiones físicas y biológicas. La persona es un sujeto abierto al diálogo relacional, dotado de una singularidad que se despliega en campos como la belleza, la religión y la filosofía, y que está llamado a la bondad.

Scruton profundiza sobre el concepto de persona en la segunda conferencia y señala que la relacionalidad es el origen de la moralidad porque es lo que nos convierte en responsables de nosotros mismos, de los demás y ante los demás. A este respecto, destaca el papel de las emociones, centradas en el yo pero abiertas al encuentro con el otro. Y advierte del peligro de descentrarlas —algo demasiado frecuente en nuestro tiempo— porque fácilmente se termina convirtiendo al ser humano en un objeto. Es el problema que subyace en la pornografía, de la que se ofrece un breve análisis dotado de gran profundidad.

El fundamento de la vida moral, según este filósofo, es la individualidad. Critica el planteamiento consecuencialista, pues pretende resolver con cálculos aritméticos problemas que, por su dimensión humana, no se ajustan a ese criterio. De ahí que defienda que la teoría moral deba remitir a la persona, a su derecho y mérito, y que suponga un modo de llegar a ser, por lo que las virtudes tienen un destacado papel en su desarrollo.

Retomando el tema de la apertura a la belleza y la religión, la última parte versa sobre las obligaciones sagradas. Scruton defiende el sentido genuino de las nociones de impureza, piedad y sacralidad, que sitúan a la persona ante la trascendencia, permiten que distinga el bien del mal, y la invitan a emprender un itinerario de purificación y redención.

En estas reflexiones sobre la naturaleza humana destacan dos ideas transversales. La primera es que la persona solo se entiende como ser-en-relación. La segunda, que la naturaleza es una realidad dinámica, que se despliega desde y en el entramado de ese conjunto de relaciones, abriéndose al mundo, a los demás y a Dios. Aquí es donde cobran sentido la moral, la belleza y la religión, los grandes temas de este autor. Se da con ello una respuesta a las objeciones más comunes al concepto de naturaleza humana, mostrando todo su valor positivo. 


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