Inglaterra: la diversidad estimula la enseñanza pública

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La reforma educativa emprendida a mediados de 2010 por el gobierno británico ha cambiado el panorama de la enseñanza en Inglaterra: tres años después, dos tercios de los colegios públicos de secundaria se han cambiado al modelo de academias, lo que les permite una mayor autonomía. Los datos más recientes muestran que esta transformación ha mejorado la calidad de enseñanza, también entre alumnos de bajos ingresos.

El proyecto de Ley de Academias fue la primera iniciativa que el gobierno de coalición entre conservadores y liberal-demócratas llevó a la Cámara de los Comunes. Pocos meses después, llegó un Libro Blanco que perfiló el resto de la reforma de la educación en Inglaterra (cfr. Aceprensa, 30-10-2010). Escocia, Gales e Irlanda del Norte tienen sus propios sistemas educativos.

De las medidas que introdujo la reforma, seguramente la que más repercusión ha tenido ha sido el nuevo impulso dado a la diversidad y la autonomía de las escuelas dentro de la red pública. El cambio ha venido de la mano de las academias independientes (academies) y, en menor medida, de los colegios autónomos (free schools).

Unas y otras son escuelas financiadas por el Estado, pero su autonomía de gestión les permite definir su curriculum, elaborar su presupuesto y fijar el sueldo del profesorado. Las academies son fruto de la reconversión de escuelas públicas, que han decidido operar fuera del control de las autoridades educativas locales, para ser financiadas directamente por el Estado. Las free schools son nuevos colegios promovidos por grupos de padres, profesores, confesiones religiosas, organizaciones no lucrativas, con la misma autonomía y modo de financiación que las academias.

Inglaterra tiene ahora unas 4.000 academias independientes, veinte veces más de las que había antes de la reforma de 2010

La diferencia es que las academies, al haber funcionado antes como escuelas públicas, tienen más rodaje que las free schools, creadas en 2010 (cfr. Aceprensa, 25-03-2014). Además, en la práctica, las academias suelen tener detrás un patrocinador más solvente –por ejemplo, una cadena de colegios, una universidad– que los de los colegios autónomos.

La reforma multiplica las academias

Las academias fueron un invento del gobierno laborista de Tony Blair, que vio en ellas una oportunidad para rescatar a las escuelas públicas de secundaria que iban mal. Las primeras se crearon en 2002, aunque seguían muy vinculadas a las autoridades educativas locales. Cuando la coalición liderada por David Cameron llegó al poder, había unas 200 academias.

La Ley de Academias, impulsada por el entonces ministro de Educación Michael Gove, produjo un boom de este modelo. Además de extenderlo a las escuelas de primaria, la ley dio más incentivos para convertir en norma lo que antes era una excepción. También aumentó la autonomía de las academias respecto de las autoridades locales: por ejemplo, empezaron a recibir los fondos directamente del gobierno y no de ellas.

El resultado es que Inglaterra tiene ahora unas 4.000 academias independientes, veinte veces más de las que había en 2010. Según un estudio publicado en septiembre por Stephen Machin y Andrew Eyles, investigadores en la London School of Economics, unas 2.000 academias son de secundaria (el 63% de un total de 3.100 centros de secundaria) y otras 2.000 de primaria (el 13% de 15.000).

Los sindicatos no han perdonado al gobierno que eliminase el poder de las autoridades locales para decidir quién, dónde y cuándo podía abrirse una escuela pública

En cambio, el crecimiento de los colegios autónomos ha sido menor de lo esperado. Desde 2010, se han creado 250 free schools y se ha autorizado la creación de 112 más; no representan más del 4% del total de escuelas del país. Ahora, el gobierno parece menos entusiasmado con promover los colegios autónomos que las academias. En parte, por las polémicas surgidas en torno al alcance de la laicidad en algunos colegios musulmanes (cfr. Aceprensa, 30-09-2013).

Un modelo con buenos resultados

¿Qué resultados ha traído esta fórmula que permite a los colegios públicos desarrollar sus propios métodos pedagógicos, así como adaptar el plan de estudios y el presupuesto a sus necesidades? Aunque no todas lo han hecho igual de bien, The Economist constata que –por lo general– los alumnos de las academias independientes están progresando más que los de las escuelas públicas convencionales. Esto es válido tanto para los hijos de familias pudientes como para los que proceden de hogares más modestos.

Así lo muestran las conclusiones de un informe realizado por Sutton Trust, una organización británica que promueve la movilidad social: en las academias gestionadas por las cinco cadenas más prestigiosas, el porcentaje de alumnos pobres que obtienen buenas notas en los exámenes finales de secundaria (GCSE) supera en 15 puntos al de los alumnos del mismo entorno social que estudian en colegios públicos tradicionales.

Un ejemplo paradigmático es la King Solomon Academy, que pertenece a la organización benéfica ARK. Creada en 2007 en un barrio modesto de Londres, tres quintas partes de sus alumnos proceden de familias de bajos ingresos. El 93% de sus alumnos de 16 años obtienen buenas notas en cinco asignaturas troncales de los GCSE, cuando la media en los colegios de la capital está en el 64%.

La evolución más reciente de las escuelas independientes en Suecia se aleja de la experiencia de las academias en Inglaterra y de las charter schools en EE.UU.

El estudio de Machin y Eyles también reconoce los beneficios de haber transformado, durante la era laborista, las escuelas públicas fallidas en academias independientes. Su conclusión, basada en datos obtenidos entre 2001 y 2009, es que “en algunos entornos” la autonomía ha contribuido “a mejorar notablemente el rendimiento académico de los alumnos”.

Autonomía bajo control

La reforma educativa ha supuesto un desgaste para el gobierno. A los sindicatos del ramo no les cayó nada bien que el ex ministro Gove eliminara el poder que hasta entonces tenían las autoridades locales para vetar la puesta en marcha de academias independientes. El pulso entre gobierno y sindicatos se saldó con la sustitución de Gove, el pasado julio, por la más dialogante Nicky Morgan (cfr. Aceprensa, 9-07-2014).

Pero esta mayor autonomía de que gozan las academias no significa que funcionen sin ningún tipo de control. Parte del éxito de esta fórmula está en que ni al Ministerio de Educación británico ni a Ofsted –el órgano de inspección educativa– les ha temblado el pulso para llamar la atención a las academias y a los colegios autónomos que van mal (cfr. Aceprensa, 25-03-2014).

El pasado marzo, Ofsted pidió a una de las cadenas más grande, E-ACT, que devolviera al gobierno el control sobre 10 de las 30 academias que administraba. Para The Economist, los problemas aparecen cuando las organizaciones gestoras de academias engordan demasiado y terminan cayendo en la misma burocracia que pesaba en el pasado a las autoridades locales.

Retrocesos en Suecia

Este nivel de inspección es lo que, según The Economist, parece estar fallando ahora en Suecia, un país pionero en la defensa de la elección de escuela. Tras la reforma educativa de 1992, Suecia introdujo el cheque escolar así como el modelo de las escuelas independientes (friskolor), financiadas con fondos públicos y administradas por organizaciones privadas.

Pero su evolución más reciente difiere del camino emprendido por las academies y los free schools en Inglaterra o las charter schools en EE.UU., donde los beneficios también están llegando a los alumnos de condición modesta (cfr. Aceprensa, 10-03-2010 y 9-10-2013).

Un principio básico del modelo sueco era la igualdad de oportunidades para elegir escuela, con independencia de la situación económica de la familia (cfr. Aceprensa, 25-03-2010). Pero este principio se ha ido relajando últimamente a medida que ha ido creciendo la competencia entre las cadenas gestoras de escuelas independientes, en su mayoría empresas. Dos tercios de los 312.000 alumnos que usan este modelo estudian en centros gestionados por empresas, no por organizaciones benéficas o asociaciones de padres como es frecuente en Inglaterra y EE.UU.

Además, la necesidad de lograr buenos resultados se ha hecho más acuciante ante el descenso de las puntuaciones de los alumnos suecos en las pruebas PISA, cuyas calificaciones están ahora por debajo de la media de la OCDE.

En este contexto, no es extraño que esas cadenas hayan recurrido a seleccionar a los alumnos en función de sus aptitudes. Así lo explica en The Conversation Ann West, investigadora de la London School of Economics: “En 2013 se supo (…) que [en comparación con las escuelas públicas convencionales] las independientes tenían una porcentaje mayor de chicas; un porcentaje mayor de alumnos procedentes de familias con niveles de enseñanza superior a la secundaria; y un porcentaje mayor de alumnos extranjeros”.

Por su parte, la periodista Helen Warrel denuncia en el Financial Times “los escándalos ocurridos en estas escuelas gestionadas por empresas”. La cadena de centros de preescolar Hälsans recortó su presupuesto en desayunos a costa de dar solamente pan de centeno horneado y agua. Para ahorrar más, la cadena AcadeMedia amplió la ratio de profesor-alumnos en algunos de sus colegios así como los sueldos de los profesores.

Estos y otros episodios han provocado un recelo mayor en la opinión pública sueca hacia las escuelas independientes. Aunque ni siquiera los críticos de este modelo se atreven a culparlo de los resultados en PISA (en estas escuelas siguen siendo superiores a los del resto de escuelas públicas), sí se está extendiendo la idea de que a esta grandes cadenas de colegios sobre todo les interesa ganar dinero.


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