India: una hija, una carga

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El aborto selectivo de niñas para evitar el peso de la dote
Nueva Delhi. «Uno puede apreciar el estado de un país viendo la situación de las mujeres que viven allí», afirmó hace ya más de 50 años Jawaharlar Nehru, el primer jefe de estado de la India. Sus palabras siguen siendo válidas en la India actual. Hoy día, el aborto selectivo de niñas y el infanticidio femenino son alarmantes. Y es que, con la tradición de la dote, una hija se convierte en una carga familiar. Aunque las leyes prohíben tanto el feticidio femenino como la exigencia de la dote, las prácticas que discriminan a la mujer siguen muy arraigadas.

En un país donde el aborto está permitido, las presiones sociales, culturales y económicas empujan a millones de madres a terminar la vida de sus fetos, solo por el simple hecho de descubrir que son niñas.

Para evitarlo, la ley prohíbe la determinación prenatal del sexo con la ayuda de los aparatos de ultrasonido. Pero en una sociedad patriarcal, donde la hija es vista como una carga, mientras que el varón es el orgullo y la esperanza de la familia, se paga lo necesario para saber si el bebé será niño o niña..

Prohibido el diagnóstico prenatal

El gobierno de la India promulgó dicha ley en 1996. Pero no fue sino hasta 2001 cuando empezó a ser utilizada para castigar a doctores o clínicas que hacían el diagnóstico prenatal del sexo por ecografía, promoviendo de esta forma el aborto de los fetos femeninos.

Sin embargo, tal como dice la doctora Sharda Jain, miembro del Consejo de Médicos de la India -el organismo que trata de suspender la práctica médica de los doctores que promueven el feticidio femenino-, la efectividad de la ley es insignificante, a juzgar por las cifras que demuestran la cantidad de mujeres «desaparecidas» en la sociedad de la India.

«Cualquier persona puede comprar una máquina de ultrasonido y hacer exámenes clandestinos. Lo más alarmante es que es precisamente entre las clases más altas de la sociedad donde la tendencia a eliminar a las niñas no nacidas es más fuerte», explica Jain.

Y un estudio publicado por el diario Times of India (19-09-02), demuestra que en los sectores más acomodados de Nueva Delhi, la proporción hombre-mujer entre los menores de 2 años es de 850 niñas por cada 1000 varones.

Desproporción entre niños y niñas

Al igual que en China, Bangladesh y Pakistán, en la India el infanticidio femenino se ha convertido en una práctica predominante y aceptada socialmente.

Aquí, cada año son abortadas, por deseo de sus progenitores, cerca de dos millones de niñas, lo que se refleja en la desproporción entre hombres y mujeres en el conjunto de la población. La proporción de niñas entre los menores de 6 años ha bajado de 945 por 1000 varones en 1991 a 927 en el censo de 2001.

En estados como el Punjab o Haryana, la proporción actual es incluso peor, de hasta 783 por cada 1000. Y aunque la India es un país predominantemente rural (más del 70% de la población vive fuera de las áreas urbanas), la situación en las ciudades no parece ser mejor que en el campo. El censo de 2001 muestra que la proporción de mujeres con respecto a hombres en Nueva Delhi cayó drásticamente de 945 en 1991 a 865 por 1000 en el último recuento oficial.

Para el demógrafo A.R. Nanda, esta desproporción es un reflejo de la gran migración de familias hacia las ciudades, en busca de una mejor educación y oportunidades de trabajo, precisamente para sus hijos varones, mientras dejan en las aldeas a las mujeres a trabajar el campo. «Pero aún considerando eso, está claro que el feticidio de niñas es lo que marca la tendencia, particularmente en los sectores con más ingresos. En estas colonias, las familias modernas quieren tener sólo uno o dos hijos como mucho, y, por supuesto, no quieren que sean niñas», explica Nanda.

También entre familias acomodadas

Sin embargo, hay fuerzas activas que se han propuesto cambiar estas tristes tendencias.

«No quiero ser pesimista, pero no creo que la situación vaya a cambiar en los próximos diez años. Nos va a tomar una generación -quizás dos- antes de poder conseguir que las cosas mejoren», dice Mira Shiva, que se ha dedicado a organizar campañas para sensibilizar a la sociedad.

Su ONG se llama Asociación India del Voluntariado para la Salud y tiene su sede en Delhi. Su principal esfuerzo está enfocado a crear conciencia entre los doctores y gente educada del país para evitar la propagación del feticidio femenino.

Para Shiva, el hecho de que sean las propias madres quienes promueven el aborto de sus hijas, demuestra que hay un condicionamiento social muy fuerte en contra de la mujer.»Hasta que consigamos que la madre de la criatura que va a nacer sea considerada y respetada en la sociedad, esta práctica abortiva contra las niñas no va a cambiar», asegura Shiva.

La hija, una carga familiar

La causa principal del feticidio femenino no es un secreto ni un tabú: la dote. El sistema matrimonial de la India ha sido, por siglos, la causa principal de la discriminación contra la mujer (ver abajo: «Mujeres indias lanzan una campaña contra la dote»).

La gran mayoría de la sociedad india considera, por un lado, como una desgracia familiar que una hija no consiga casarse. Por otro lado, la familia de la novia no solo paga los gastos del evento (que regularmente dura más de 5 días, con banquetes y ceremonias sociales y religiosas), sino que también está obligada a entregar una fuerte cantidad monetaria y en especie a la familia del novio, que «recibe» a la novia como una nueva hija.

De ahí que una niña sea generalmente vista desde que nace como una carga, un pasivo a largo plazo que tendrá que ser desembolsado con fuertes «intereses» en el momento de su boda. Eso explica también que las niñas no reciban la atención médica necesaria o suficiente, por lo que su tasa de mortalidad infantil es también más elevada que entre los niños.

Por otra parte, la India cuenta con uno de los peores índices de nutrición mundiales. Situación agravada en el caso de los niños, que sufren deficiencias físicas debido a una dieta extremadamente pobre. Las mujeres embarazadas tampoco tienen una alimentación adecuada, lo cual lleva al nacimiento de bebés desnutridos, generándose así un círculo vicioso.

Invertir en educación de la mujer

Este monumental problema no tiene una salida sencilla. Sin embargo, se empiezan a vislumbrar horizontes de esperanza. La inmensa mayoría de las mujeres no tienen acceso a una educación formal, pues lo que se espera de ellas es que sepan atender la casa y cuidar de sus hermanos menores. Por eso la tasa de alfabetización entre las mujeres de más de 7 años es un 54,1% frente a un 75,8 % de los hombres, según el censo de 2001.

Sin embargo, las que logran progresar en la escuela obtienen, en general, mejores resultados que los hombres. Las estadísticas oficiales del año 2000 muestran que más del 75 por ciento de las mujeres que terminaron su bachillerato aprobaron todos sus exámenes, comparado con el 64% de los varones. Aquellas mujeres que logran alcanzar la educación superior se van abriendo paso con su prestigio profesional, en una sociedad dominada por hombres. Para muchas, esa situación es ya un reto, un primer obstáculo que buscan superar con entusiasmo y fortaleza.

«Aunque nunca me lo dijeron francamente, siempre sentí que mi familia veía la inversión en mi educación como un desperdicio de dinero, pues a fin de cuentas lo que yo consiguiera producir sería para la familia de mi marido», dice Sangueeta Bathi, quien trabaja como agente de publicidad en una compañía multinacional, en la capital del país.

Para Sangueeta, la vida de sus hijos tiene una perspectiva muy distinta de la que ella vivió en su infancia. Ella quiere que su hija se eduque y haga una carrera, y que se divierta como lo hace su hermano mayor.

Nueva mentalidad

Esta nueva mentalidad se está introduciendo también en las áreas rurales, tal y como lo reporta Brinda Karat, en el periódico The Hindu (25-10-02). «En la aldea Jamauli en Uttar Pradesh, un grupo de mujeres se manifestaron, exigiendo que se les diera comida y trabajo. Dicen que sus esposos no tienen trabajo debido a la sequía y que ellas están dispuestas a emprender labores para mantener a sus familias».

Un audaz político local tomó en serio sus demandas, viendo la posibilidad de ganarse el voto femenino de esa área, y les brindó trabajo organizado en forma de cooperativas para realizar trabajos manuales y artesanías. Un hecho que ha tenido repercusión nacional y que ha llevado a otros partidos políticos a imitar el ejemplo de la aldea de Jamauli.

Activistas, gobierno y la sociedad en general tienen una monumental tarea por delante. Se trata, nada menos, de educar y concienciar a una sociedad de más de 1.000 millones de habitantes, que han sido culturalmente educados contra la igualdad de los sexos, la dignidad de la mujer y el respeto a la vida. Una tarea que a muchos no les conviene, pues representa el derrumbamiento del statu quo o la pérdida económica de su hegemonía.

«Al educar a una mujer, no solo estás invirtiendo en su persona, sino en una familia entera, pues ella será el pilar de la formación de sus hijos», dijo recientemente el doctor Bernardo Villegas, economista de Harvard, en una conferencia sobre población en Nueva Delhi.

Sus palabras podrían hacer reflexionar a una sociedad que está buscando un lugar en el concierto económico de las naciones y que no puede desdeñar el papel de la mitad de su población.

Mujeres indias lanzan una campaña contra la dote

Nisha Sharma, una estudiante de informática de 21 años, alcanzó los titulares de la prensa india el pasado mes de mayo al cancelar su boda porque la familia del novio exigía un pago extra de 25.000 dólares como parte de la dote. Nisha desafiaba así una tradición que exige que la familia de la novia transfiera al novio una dote consistente, según los casos, en vestidos, animales de granja, muebles, electrodomésticos y una importante suma de dinero.

Podría pensarse que la costumbre de la dote, propia de una sociedad agrícola, iría cayendo en desuso con la modernización del país. Según la ley, la dote está prohibida desde 1961 y se prevén fuertes castigos para quienes soliciten dote a la familia de la novia. Pero es una ley que en la realidad cotidiana nunca ha estado en vigor. De hecho, el uso y el abuso de la dote no ha dejado de crecer y no pocas veces equivale a más de la renta anual de la familia de la novia. A menudo la dote es utilizada por la familia del novio con vistas a hacer negocios, pagar la educación de los familiares o también para ir formando la dote de sus hermanas.

En un libro publicado el pasado julio se revelan las cifras de un considerable aumento de casos de dote en los matrimonios en la India. Una investigación, que involucró a más de 10.000 encuestados, fue llevada a cabo por la Asociación Democrática de Mujeres de la India (AIDWA, por sus siglas en inglés) y sus resultados indican que la práctica de pedir dote se ha extendido entre comunidades y regiones de la India en donde no existía tal costumbre hace cuatro décadas. «Es triste ver cómo esta costumbre de la dote se ha extendido, incluso entre las castas más altas del hinduismo. Pero es alarmante observar que la dote ha echado raíces también en otras comunidades minoritarias, como los musulmanes, sikhs e incluso entre cristianos», explica el libro titulado Expanding Dimensions of Dowry.

«Cerca del 35 por ciento de las mujeres encuestadas justifican la práctica de la dote, como forma de recibir parte de la herencia paterna», explicó Vrinda Karat, Secretaria General de la AIDWA. Sin embargo, en el libro se niega categóricamente que la dote sea un substitutivo de los derechos equitativos de herencia. También el libro afirma que hace falta promover los matrimonios entre personas de diferentes castas.

No siempre las negociaciones de la dote terminan con la boda, sino que se espera que la familia de la novia siga haciendo regalos. Muchas veces su nueva familia recibe a la esposa con desprecio si no ha traído consigo suficiente dote. Y hay casos en que el conflicto por la dote termina en muerte. Las estadísticas del National Crime Records Bureau indican que en 1998 hubo 6.917 muertes relacionadas con disputas por la dote, cifra que según todas las fuentes está muy subestimada.

El hecho de que aún existan esporádicos casos de mujeres quemadas es alarmante. Muchas de estas esposas no pueden soportar la presión ejercida por sus maridos o sus suegros que demandan más dote, incluso después del matrimonio y deciden suicidarse, quemándose vivas. En otros casos, es la familia del esposo la que comete el crimen, disfrazándolo de quemaduras producidas en accidentes domésticos o de suicidio.

Las activistas contra la dote afirman que hace falta una campaña más fuerte para llevar a la práctica la ley que prohíbe la dote. Y precisamente el libro ahora publicado es parte de esa campaña para crear una conciencia social, de modo que las mujeres se sientan apoyadas y luchen juntas en contra de esta lacra.

Sikhs: excomunión por abortar

Los cinco Altos Sacerdotes, que representan la autoridad suprema del Sikhismo, hicieron una llamada a los practicantes de su religión en todo el mundo para detener la práctica del feticidio femenino.

En un comunicado firmado en Chandigarh, capital del Punjab, por el Jathedar (el pontífice Sikh) se ha establecido que si una persona de religión sikh es culpable de abortar a un feto femenino, será excomulgada. El documento expresa que esta práctica va en contra del Rehat Maryada, el código de conducta moral del sikhismo.

Para los expertos, la resolución es significativa, ya que la autoridad moral del Jathedar y la cúpula religiosa pesa mucho sobre las costumbres y tradiciones de los sectores más estrictos del Sikhismo. Fueron ellos mismos quienes hace unos años, cuando propugnaban un Estado separado de la India y Pakistán, se pronunciaron en contra del uso de anticonceptivos, pues declararon que «usar métodos antinatalistas es una forma de obstaculizar el desarrollo de nuestra sociedad sikh y de quedarnos sin hombres suficientes para defendernos en nuestra lucha por conseguir Khalistán».

Rodolfo Bermejo

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