El Observatorio

Facebook post mortem

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Seguramente nadie lo pensó cuando abrió su cuenta en Google, o en Facebook, o en otras redes sociales, en proveedores de correo electrónico u otros servicios on line. Pero todos hemos de morir. Y si uno mismo no siempre consigue recordar sus nombres de usuario y sus contraseñas, no digamos sus herederos cuando para él empieza la verdadera second life. Puede dejarles un legado de bastantes molestias.

Sunniva Geertinger, sueca, sufrió naturalmente un duro golpe cuando su novio se suicidó a principios del año pasado. Pero, como cuenta Louise Nordstrom, de Associated Press, curar de la herida resultó para ella más difícil en esta era de Internet. El perfil de su novio en Facebook la perseguía como un fantasma. Allí seguían estando la historia y las fotos de su relación, y seguían apareciendo nuevos mensajes y comentarios de los amigos de su red. (El artículo de Nordstrom se publicó, entre otros periódicos, en The Globe and Mail.)

Ella quiso cancelar la cuenta de su novio, pero tuvo que insistir mucho durante semanas, hasta que Facebook cedió, aunque saltándose sus propias reglas. Lo normal es que cuando se confirma que ha muerto un abonado, se retiren los datos de contacto y se desactiven las actualizaciones y la pertenencia a grupos. Pero el perfil sigue existiendo, y los admitidos como amigos en vida del titular pueden acceder y dejar mensajes.

Para evitar estos problemas, dos jóvenes emprendedoras suecas, Lisa Granberg y Elin Tybring, han fundado My Webwill. Ya existen desde hace tiempo otros servicios (Legacy Locker, Deathswitch...) que se ocupan del patrimonio cibernético que uno dejará cuando muera. Pero solo guardan las contraseñas, o también copias de los datos, para facilitar el acceso a las personas que el interesado haya designado. En cambio, My Webwill entra directamente en las cuentas del difunto para gestionarlas según las instrucciones dejadas por él.

My Webwill (todavía en pruebas) ofrecerá un servicio gratuito y otro de pago. El primero incluye la cancelación de hasta diez cuentas y enviar cinco mensajes póstumos redactados por el cliente. El otro, por el equivalente de 19,50 euros al año o 195 euros por toda la vida, permite especificar con detalle qué se habrá de hacer con los perfiles que uno tenga en redes sociales, así como señalar un número ilimitado de cuentas que cancelar y de mensajes póstumos que enviar. En Suecia y Alemania, My Webwill recibirá automáticamente el certificado de defunción; en otros países, el cliente tendrá que designar dos personas autorizadas para comunicar la muerte enviando el certificado.

Inconvenientes similares pueden producirse no por defunción, sino porque una pareja se separa, como explica otro artículo, de Laura M. Holson, en The New York Times. En el mundo real, las cartas, fotografías y recuerdos se pueden mandar a la papelera. Pero en las redes sociales, el ex puede mantener las imágenes que no querrías ver nunca más, y menos en su poder, así como tratar el caso con los amigos, sin que tengas posibilidad de borrar sus comentarios. Los mensajes que os mandasteis por Twitter, y de los que ahora te arrepientes, permitirán reconstruir vuestra historia al que quiera buscarlos. Las tiernas declaraciones que le dirigiste siguen en su blog.

Todo eso puede llegar a ser muy molesto, y en este caso no hay My Webwill que valga. Solo vale tener en mente que en Internet hasta un grupo restringido se parece más a la plaza pública que a una reunión de amigos, y que ciertas cosas solo se deben decir o mostrar en privado.


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