El ascenso de AfD es un voto de protesta, no neonazi

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Berlín. Tras el ascenso del partido Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), que obtuvo en las recientes elecciones generales un 12,6% de los votos, con lo que formará parte por primera vez del Bundestag con 94 de los 709 escaños, la prensa extranjera se ha apresurado a calificarlo de “ultraderecha”, de “nacionalista” o, sin más, de “neonazi”.

Así, en un artículo de opinión para El Mundo, decía Arcadi Espada: “Personas que dan problemas hay en todas partes. En Alemania, por ejemplo, hay desde ayer, contabilizados, seis millones de personas que dan problemas. Pertenecen a un partido neonazi, con ideas realmente sumarias e indignas sobre la organización de la comunidad. Suponen casi el 8% de la población de Alemania”.

AfD recibió 980.000 votos de personas que antes votaron al CDU, 470.000 de antiguos votantes del SPD y 400.000 de los que en 2013 dieron su voto a los comunistas de La Izquierda

Aquí conviene puntualizar, en primer lugar, que a AfD no “pertenecen” en absoluto millones de personas; un mes antes de las elecciones, el partido contaba 28.000 afiliados (en comparación: el SPD tiene más de 400.000; la CDU, casi medio millón).

¿Seis millones de neonazis?

A lo que se refiere el articulista es, más bien, a que en las recientes elecciones votaron al partido 5.877.094 personas. El autor no dice, sin embargo, que el fenómeno no es nuevo: a partir de 2014, AfD comenzó a formar parte de los parlamentos regionales; actualmente está presente en 13 (de 16), y en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt y de Mecklenburgo-Pomerania Occidental lo logró superando el 20% de los votos. Tampoco se plantea por qué ese partido, que ya se presentó a las elecciones de 2013, ha pasado del 4,7 al 12,6%.

No obstante, no es difícil hacer un análisis, gracias a los pormenorizados dossiers publicados por tagesschau.de (el telediario), de la primera cadena de la televisión pública alemana, conocida por su tendencia hacia la socialdemocracia, y por el Frankfurter Allgemeine Zeitung, tampoco nada sospechoso de tendencias de ultraderecha.

Votos que han migrado

Un primer dato para este análisis lo ofrece la denominada “migración del voto”; es decir, las personas que en las últimas elecciones votaron a un partido y en estas últimas se han decidido por otro. AfD, además de 1,2 millones de personas que en las elecciones de 2013 no acudieron a las urnas, recibió 980.000 votos de personas que antes votaron al CDU, 470.000 de antiguos votantes del SPD y ¡400.000! de los que en 2013 dieron su voto a los comunistas de La Izquierda. ¿Se han convertido en “neonazis”, de la noche a la mañana, casi un millón de democristianos, poco menos de medio millón de socialdemócratas e incluso cientos de miles de simpatizantes de La Izquierda?

Un hecho especialmente significativo revela la respuesta a una pregunta formulada, a la salida del colegio electoral, a 100.000 personas. La cuestión era si habían votado a un determinado partido por “convencimiento” o más bien por “decepción” con los otros partidos. Mientras que los electores de todos los demás partidos, en su inmensa mayoría, respondieron que habían votado por convencimiento, en el caso de AfD más del 60% dijo que su decisión se debía a estar decepcionado por los otros; tagesschau.de afirma: “De la inmensa mayoría de los electores de AfD no se puede concluir, por tanto, que se trate también de partidarios de AfD”.

Mientras que los electores de todos los demás partidos, en su inmensa mayoría, dicen haber votado por convencimiento, en el caso de AfD más del 60% dicen que por decepción con los otros

Cerca de dos tercios de los casi 6 millones de votantes de AfD —deduce el analista— reflejaron con su voto la protesta contra Angela Merkel, en particular por su política de cara a los refugiados. Que este campo ha sido decisivo para las pérdidas de los grandes partidos y para el ascenso de AfD queda claramente de manifiesto con las siguientes cifras: entre los que en esta ocasión votaron al CDU, el 66% está satisfecho con la política de Merkel sobre los refugiados; sin embargo, entre los que antes votaban a este partido y en esta ocasión no lo hicieron, hay un 71% que se muestra “insatisfecho” con dicha política.

Posturas de ultraderecha

Pero, ¿permite la postura de AfD frente a los refugiados, o en otros campos, afirmar que se trata de un partido de “ultraderecha”? En el conjunto de los votantes, el 86% considera que AfD “no se distancia suficientemente de posiciones de la extrema derecha”; entre los que votaron a este partido, dicha cifra asciende al 55%. Es decir, una ligera mayoría podría estar de acuerdo con dichas posturas, o al menos no le parece razón suficiente para no votar a ese partido.

Como una tendencia de “extrema derecha” dentro de AfD puede considerarse la postura revisionista de la historia; así, en enero de este año, Björn Höcke, a la sazón presidente del partido en Turingia, exigió “pasar página” en la confrontación con el nazismo e incluso se refirió al monumento a las víctimas del Holocausto como “monumento de la vergüenza”. Ahora bien, esas declaraciones llevaron a que Höcke fuera excluido del partido. Especialmente Frauke Petry, la entonces presidenta de AfD, fue la que más se esforzó por ello. ¿Es significativo, en este contexto, que Petry abandone ahora el partido? Ella argumenta diciendo que los actuales líderes de AfD, Alexander Gauland y Alice Weidel, desean una “oposición fundamental”, mientras que ella prefiere la “política realista”.

En marzo, AfD organizó un “Congreso sobre extremismo”. Si bien el objetivo era distanciarse de posiciones extremas, se produjeron ciertas declaraciones de indudable racismo, por ejemplo cuando el profesor de Derecho de Friburgo Dietrich Murswiek habló de “cientos de miles de jóvenes procedentes de culturas afines a la violencia”; para él, una medida especial de prevención contra el extremismo sería limitar la inmigración. La política de AfD se puede resumir en: “menos inmigración, menos islam, menos Europa”; respecto a este último punto conviene recordar que AfD nació precisamente como partido “escéptico con el euro”. Aún hoy siguen pensando que “el euro ha fracasado” y continúan reivindicando la salida de Alemania de la zona euro y la vuelta al marco alemán.

La política de AfD se puede resumir en: “menos inmigración, menos islam, menos Europa”

Las encuestas a la salida de los colegios electorales confirman la influencia de esos principios. A la pregunta “¿qué preocupa a los votantes de AfD?” se responde: “que asistamos a una pérdida de la cultura alemana” (95%) y “me preocupa que la influencia del islam crezca” (92%). El 99% dice: “Me parece bien que quiera limitar la influencia del islam en Alemania”; entre los votantes en general, la proporción es del 57%.

Decepcionados con la CDU

Sin embargo, la atracción de casi un millón de votos entre los que anteriormente favorecieron al CDU no se explica tan solo por este rechazo del islam y de la “pérdida de la cultura alemana”. A un sector conservador de este partido le sentó especialmente mal el contenido y también la forma —con celeridad, sin apenas debate, en la última sesión del Parlamento antes del verano— cómo se aprobó la ley del matrimonio homosexual. En cuanto a política familiar, AfD se muestra contrario al aborto; considera que debe fomentarse sobre todo “la vía de la adopción, para salvar vidas”. Rechaza la extensión del término “familia” a otros “modelos de convivencia” y piensa que las “diferencias naturales entre los sexos” no deben difuminarse por la “ideología de género”, a la que considera inconstitucional. Todas estas posturas estaban hasta hace muy poco en el programa electoral de los democristianos.

AfD se ha hecho el refugio de un electorado conservador que se ha quedado huérfano una vez que la CDU ha abandonado parte de sus principios democristianos

De este modo, AfD es, actualmente, un “cajón de sastre” en el que caben diversas posiciones. Después del carrusel de representantes del partido —cuyo último acto ha sido el anuncio de Frauke Petry de que no formará parte del grupo parlamentario de AfD y se pasará al de los independientes, y poco después de que también abandonará el partido—, la cuestión es qué dirección tomará AfD en los próximos meses: si conseguirá dejar de lado los aspectos revisionistas, supremacistas e incluso racistas que sigue teniendo, para recalcar más un conservadurismo que, como han mostrado las elecciones, sigue existiendo en Alemania y que ha quedado “huérfano”, después de que la CDU fuera abandonando una tras otra esas posturas… (1) lo cual se antoja que aún sucederá en mucha mayor medida si al final se forma un gobierno de coalición con los liberales del FDP y con Los Verdes. A día de hoy, AfD es el único partido con el que se puede expresar la protesta contra la “merkelización” de la política, a la que los críticos acusan de ir sacrificando, uno tras otro, los principios democristianos en el altar del poder. No es casual que el 85% de los votantes de AfD declarara: “Es el único partido con el que puedo mostrar mi protesta”.

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(1) Cfr., sobre el caso de España: Ricardo Calleja, Huérfanos políticos en busca de representación (N. de la R.).


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