De los sesenta mil títulos de “literatura de quiosco” que se publicaron en España en las décadas de los años 40, 50 y 60, más de treinta mil pertenecían al género de la novela del Oeste, que fue el más popular durante el franquismo y un negocio millonario para las editoriales y para los autores, pero que, sin embargo, no aparece en las historias de la literatura de posguerra.
Es cierto que las novelas “de quiosco” (además de las del Oeste, las novelas rosa, policíacas, de aventuras, bélicas, etc.) tenían una calidad literaria más bien pobre; sin embargo, era lo que la gente leía, y de una manera abrumadora. A este tema dedicó Fernando Eguidazu su monumental ensayo Una historia de la novela popular española (1850-2000), publicado en 2020, donde analizaba los géneros, autores y editoriales que más frecuentaron estos temas, junto con las características e ingredientes de un tipo de literatura que, durante décadas, “fue la principal fuente de entretenimiento para la mayoría de la población”. También afirma que a través de esta literatura es posible rastrear los valores de la sociedad de su época y descubrir “el imaginario colectivo de todo un país”.
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Ahora, en Pistoleros de quiosco, analiza exclusivamente la novela del Oeste, el género más prolífico en obras, autores y ventas y el que tuvo más popularidad. Comienza su estudio explicando los orígenes de la novela popular, especialmente la llegada al mercado europeo de las llamadas dime novels (un dime eran diez centavos), noveluchas baratas dedicadas al género de aventuras y en las que adquirieron gran importancia los relatos del Oeste, “las hazañas de los vaqueros y exploradores del far west, el mundo de los pieles rojas y las sangrientas andanzas de pistoleros y forajidos”. Este tipo de novelas siguieron apareciendo en las publicaciones pulp (libros editados “en basto papel de pulpa”, de ahí su nombre), “donde hicieron sus armas muchos escritores que luego serían autores consagrados”.
A reforzar el Oeste como imaginario cultural contribuyó la visita a diferentes países europeos del espectáculo que organizó Buffalo Bill sirviéndose de sus exóticas aventuras. En 1889 su equipo actuó en Barcelona. A la vez, en Estados Unidos y en Europa comenzaron a publicarse relatos con estas aventuras y las protagonizadas por otros héroes, como Dick Norton y Dick Navarro. Fue durante las primeras décadas del siglo XX cuando las editoriales españolas, como El Gato Negro (precursora de Bruguera), Molino, Sopena y F. Granada comenzaron a publicarlas, con gran aceptación entre los lectores.
La Guerra Civil supuso un parón en el desarrollo de la novela popular. Pero en los años 40 regresó con fuerza. Ante la dificultad de conseguir obras extranjeras y traducirlas, los editores animaron a un grupo de escritores a lanzarse a escribir novelas del Oeste, aprovechando también el estreno de numerosas películas de vaqueros que produjo Hollywood. El resultado fue espectacular. Surgieron editoriales especializadas en el género, como Cíes y Clíper. Y empezaron a publicar los autores que convertirían la novela del Oeste en el género por excelencia de la novela popular, como José Mallorquí (el autor de la exitosa seria de El Coyote), Marcial Lafuente Estefanía (el más conocido de todos: escribió una cifra superior a los 3.300 títulos), Fidel Prado, Federico Mediante o Nicolás Miranda. En décadas posteriores aparecieron nuevas editoriales como Bruguera (la más importante), Rollán, Toray, Valenciana… Y también nuevos autores que conectaron con el público, y que solían escribir con diferentes seudónimos, como Silver Kane (Francisco González Ledesma), Keith Luger (Miguel Oliveros) y Clark Carrados (Luis García Lecha), entre otros.
El libro de Eguidazu, entretenido y muy completo, aborda muchas otras cuestiones, como los personajes legendarios, autores internacionales, temas más frecuentados o el papel del editor. Aunque el género experimentó un claro declive en las últimas décadas del siglo XX, hoy día todavía siguen reeditándose muchas de estas novelas del Oeste para el mercado norteamericano e hispanoamericano.
Eguidazu busca también una explicación a por qué estas novelas, por lo general escritas con un estilo mediocre y con escaso rigor geográfico e histórico, se convirtieron en las preferidas de los lectores españoles. Para él, era un género que “apelaba al sentido de la aventura, al sentimiento de libertad que se materializaba en aquellos espacios abiertos, a la intrepidez y el valor de aquellos pioneros, exploradores o rudos vaqueros que se enfrentaban sin vacilar a enemigos y adversidades”.