Shein, la macrotienda online de origen chino especializada en moda rápida, parece haber dado con la fórmula del éxito en lo que a ahorro de costes y de producción se refiere. La empresa, inicialmente solo de ropa, sigue un peculiar modelo de negocio: tras lanzar una cantidad reducida de productos, comprueba el nivel de la demanda y actúa en consecuencia, aumentando la producción de lo que tiene éxito. Su salida a bolsa marca un nuevo hito y nuevos desafíos.
El 1 de septiembre de 2026, Shein se estrenó en el parqué de Hong Kong, tras varios intentos fallidos de cotizar en Londres y Nueva York, donde encontró oposición política por acusaciones relativas a las condiciones laborales, que la empresa ha negado. La oferta pública inicial valoraba la empresa en unos 26.500 millones de dólares, cifra muy por debajo de la que alcanzó en 2022, año en el que se consideraba una compañía de hipercrecimiento tecnológico. Brittain Ladd, consultor estadounidense especializado en cadenas de suministro y logística, explicaba en Expansión: “Es una de las empresas candidatas a OPV (Oferta Pública de Venta) más observadas del mundo y un referente para todo el modelo de comercio electrónico de moda ultrarrápida”.
El descenso en la valoración tiene que ver, en buena medida, con las dudas que genera su modelo de negocio. Como explicaba un artículo publicado en elDiario.es, la propia compañía ha reconocido, en un informe remitido a la bolsa de Hong Kong, que su sistema empresarial y de negocio está directamente ligado a los creadores de contenido e influencers: “Las redes sociales y el marketing digital impulsado por personas influyentes han contribuido al crecimiento de nuestra base de clientes”. “Si no logramos desarrollar y mantener relaciones positivas con dichas personas, nuestra capacidad para promover y mantener el reconocimiento de la marca, así como para aprovechar las plataformas de redes sociales para dirigir tráfico a nuestras aplicaciones móviles y sitios web, podría verse afectada negativamente”, señala el mismo documento.
Aunque la salida a bolsa de la empresa le proporciona mayor capital y visibilidad, también incrementa su transparencia hacia los inversores, quienes han reducido la cantidad que están dispuestos a pagar por los futuros beneficios de la empresa, tras observar los datos acerca del crecimiento y los costes logísticos, y comprobar que se ha reducido su rentabilidad.
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Algunos cambios recientes en las normas fiscales y comerciales han provocado el encarecimiento del modelo empresarial de Shein
El éxito del sistema de Shein dependía en su mayor parte del transporte transfronterizo barato desde China. Estados Unidos ha eliminado recientemente una exención arancelaria para los artículos de bajo valor, la “regla de minimis”, de la que Shein se beneficiaba porque permitía la entrada de pequeños paquetes sin pagar los mismos derechos de importación que las grandes operaciones comerciales. Esto le salía más económico, ya que la propia empresa distribuía los envíos y los hacía llegar a los consumidores directamente, sin requerir la participación de almacenes occidentales.
Estos cambios en las normas fiscales y comerciales han provocado el encarecimiento del modelo empresarial de Shein, que ahora debe mantener su velocidad y ritmo de producción al tiempo que se está transformando en un minorista global similar a los negocios convencionales. Con el aumento de los aranceles, a la compañía solo le quedan dos alternativas: o subir los precios, arriesgándose a perder clientes frente a sus competidores, o mantenerlos y hacer frente a los nuevos costes derivados del transporte y otros gastos, lo que reduciría la rentabilidad.
Parecido con una red social
El modelo de negocio de Shein funciona un poco como una red social, ya que estudia los cambios en la visibilidad o la demanda, así como las tendencias del momento, para crear necesidades de consumo. En esto se diferencia del modo de actuación de los minoristas tradicionales, ya que ofrece una ingente cantidad de productos sin invertir grandes sumas de dinero por adelantado, lo que permite reducir el inventario no vendido. Esto es revolucionario en la industria de la moda, una de las menos reguladas en materia laboral y ambiental. Se trata de un sector que mueve alrededor de 1,9 billones de dólares al año y produce cerca de cien mil millones de prendas, cuando únicamente se venden unas ochenta mil millones. El excedente se almacena, se exporta o, directamente se tira. Shein, en cambio, genera la demanda y solo después aumenta la fabricación.
A diferencia de los grandes grupos europeos, como Inditex o H&M, Shein no cuenta con distribución física, lo que supone una desventaja. Sin embargo, la empresa no parece necesitarlo, ya que su oferta digital es mucho mayor y desde que se popularizó no ha dejado de crecer. Este auge exponencial no debe medirse tan sólo por el aumento de las ventas, sino que se ha de analizar tomando en consideración el inventario existente, los costes precisados para producir y la perdurabilidad de la empresa en el tiempo, no sólo a corto plazo.
Es el momento de averiguar si Shein resulta económicamente beneficioso, así como si logra mantener una evolución sostenida en su cotización
La prueba de fuego para Shein viene ahora, pues tendrá que demostrar que situaciones como las recesiones y los diversos ciclos de la moda no disminuyen la competitividad de su modelo digital en el mercado. Estos no son los únicos riesgos a los que se enfrenta la marca, que también encara un aumento de los costes por la entrega de pedidos y por el mayor gasto en marketing.
La ventaja competitiva principal de la que dispone reside en su rapidez de producción, pero, para que una empresa triunfe, es necesario que mantenga su posición cuando las condiciones cambian y aumenta la exigencia. Ha llegado la hora de la verdad y es el momento de averiguar si el negocio resulta económicamente beneficioso, así como si logra mantener una evolución sostenida en su cotización.
¿Por qué Shein (o por qué no)?
El perfil de la clientela de Shein está muy definido: en su mayoría, mujeres jóvenes que buscan las últimas tendencias en moda, pero a un precio económico. Por ejemplo, Ana Esteve, de 26 años, asegura a Aceprensa: “Compro en Shein porque me da mucho coraje ver a todo el mundo con la misma ropa”.
Elena Mateo, valenciana de 22 años, también destaca la amplitud y diversidad de la oferta: “Una de las cosas que me gustan de Shein es que, dentro de la propia plataforma, hay diferentes tiendas. Y, estilos, los que quieras y más. Cada nombre de una marca tiene un estilo asociado y hay mucha variedad”.
Elena sostiene que la plataforma presenta opciones que “te sacan de muchos apuros”, algo en lo que está de acuerdo Natalia Garijo, universitaria: “Compro en Shein porque es lo más barato gracias a los muchos descuentos y promociones que ofrece. Es como ir a un gran almacén, pero online, por lo que no pierdes tiempo buscando lo que quieres”, afirma.
No obstante, existen también opiniones contrarias. Hay quienes se niegan rotundamente a comprar en la tienda, por diversos motivos. Uno de ellos es el que apunta María Sanz, estudiante aragonesa: “En Shein, la ropa está hecha con materiales de mala calidad y los tintes de las telas llevan compuestos químicos perjudiciales para la piel, que están causando muchas alergias y dermatitis”, asegura a Aceprensa.
La postura de María encuentra su respaldo en una investigación realizada por Greenpeace, que denuncia que las prendas de Shein exceden en seiscientas veces los niveles permitidos de PFAS (sustancias contaminantes conocidas por su peligrosidad y permanencia en el cuerpo y en el medioambiente). La ONG asegura que los químicos pueden acumularse en el organismo y llegar a provocar daños irreparables, como problemas de crecimiento, desarrollo infantil y fertilidad.
Greenpeace también denuncia otro problema muy conocido en la industria de la moda: actualmente, gran parte de la ropa no vendida termina en la basura o es incinerada, lo que genera humos tóxicos procedentes de los materiales sintéticos de las prendas. En consecuencia, algunos gobiernos han empezado a tomar medidas, con el objetivo de que las empresas asuman una responsabilidad económica por los residuos generados.
Pasado, presente y futuro
El mayor problema de Shein, sin embargo, no es la calidad de sus materiales, sino su excesiva dependencia de un modelo de negocio en el que ha confiado por completo, y que ahora pone en peligro su rentabilidad. “Shein está perdiendo el acceso a una ventaja regulatoria que estaba integrada en su modelo de negocio. Los cambios en las ‘normas de minimis’ han trastocado el funcionamiento de toda la empresa”, explica el consultor Brittain Ladd.
Paradójicamente, el triunfo del modelo de Shein ha sido su mayor enemigo, dado que otras empresas han adoptado sistemas similares
No es que Shein haya dejado de crecer, sino que ya no lo hace al ritmo que justificaba su gran valoración previa. El tamaño de la empresa continúa siendo muy grande: ofrece cerca de dos millones de productos y añade casi cinco mil nuevos al día, y cuenta con una amplia red de clientes, alrededor de 280 millones de personas.
El cambio principal se observa en la progresión de Shein en el tiempo. En 2024, sus ventas fueron de casi cuarenta mil millones de dólares, con un crecimiento anual del 21%. Al año siguiente, en 2025, aunque llegaron a unos 42.000 millones, su crecimiento fue solo del 8%. En el último análisis, realizado en el primer trimestre de 2026, el crecimiento interanual fue únicamente de en torno al 1%.
Paradójicamente, el triunfo del modelo de Shein ha sido su mayor enemigo, dado que otras empresas han adoptado sistemas similares, en vista de su éxito. Amazon Haul, Temu y TikTok Shop son algunos de los negocios que apuestan por una ingente variedad de productos, precios extremadamente bajos y empleo de algoritmos de predicción.
Con el fin de solucionar en parte este problema, Shein busca disminuir su dependencia de China mediante la diversificación de los productos. Una de las medidas es su asociación con Reliance Industries, en India, para la fabricación de ropa. Aunque esto le proporciona ventajas en el campo de la producción, la empresa tiene que enfrentarse al traslado de su manufactura, lo que encarece los costes. En China, a diferencia de India, Shein contaba con un ecosistema industrial desarrollado, con proveedores y trabajadores especializados, además de las materias primas necesarias para garantizar el éxito de la cadena de suministro.
A pesar de la caída en su rentabilidad, Shein no ha dejado de considerarse una gran empresa; sus consumidores siguen siendo clientes fieles y su producción continúa generando beneficios. No obstante, las condiciones que permitieron su extraordinario crecimiento ya no son las mismas, por lo que ahora los inversores no depositan la misma confianza en la empresa y se muestran más recelosos. La caída de la valoración de Shein obedece a que se han reducido las expectativas acerca de su capacidad de crecer.
Shein se encuentra ante el reto de demostrar que es capaz de mantener su relevancia en un mercado cada vez más exigente, sin depender por entero de su hasta ahora exitoso sistema de negocio. El futuro de la empresa dependerá, en gran medida, de cómo consiga adaptarse a este nuevo escenario y consolidar un modelo que sea sostenible en el tiempo.