Cronos es el nombre de la operación policial que se puso en marcha el 17 de agosto de 2017 en Barcelona, minutos después de que una furgoneta arrollara a más de un centenar de personas en Las Ramblas. El resultado de aquel atentado yihadista, que tuvo otro foco en Cambrils, fue escalofriante: 16 muertos y más de 300 heridos.
Fernando González Molina (Mi querida señorita, Legado en los huesos) disecciona las 124 horas que transcurrieron desde el atentado hasta la captura del último de los terroristas. Lo hace a partir de un guión de Alberto Marini (El 47, El desconocido) que se apoya a su vez en una investigación de los periodistas Nacho Carretero y Arturo Lezcano. Se nota mucho que el material de partida es periodístico, por la gran cantidad de detalles que acompañan la historia. Detalles que quizás el espectador español conozca pero que probablemente habrá olvidado. En ese sentido, el documental se ve como un thriller y ofrece un potente revulsivo para recordar esas horas aciagas.
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La película funciona como un reloj. Hay ritmo, hay tensión, y hay un guion muy bien construido. Hay equilibrio entre las tramas externas –la búsqueda y persecución de los terroristas–, las internas –el sacrificio de tantos policías, investigadores o sanitarios, o el drama de las víctimas– y las de relación –los diferentes conflictos políticos o las tensiones en Ripoll, el lugar donde los terroristas se radicalizaron–. El reparto se pliega a la historia y resulta absolutamente convincente, empezando por su protagonista, un cada vez más sólido Enric Auquer.
Habrá quien haga lecturas políticas o eche de menos una crítica más contundente al papel de algunos que quizás no estuvieron a la altura. Pero es que Cronos –lo dijimos al principio– es una película periodística, que brilla cuando se pega a los hechos y a los personajes. No es una cinta política, y –de hecho– los pocos apuntes que plantea, por ejemplo, la subtrama de la comunicación institucional, no le sientan demasiado bien al relato.
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