En el segundo consistorio extraordinario, León XIV consolida un programa de gobierno guiado por “Magnifica humanitas”

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León XIV durante el consistorio
León XIV con los 178 cardenales que participaron en el último consistorio extraordinario de los días 26 y 27 de junio de 2026

Roma.— Los días 26 y 27 de junio se llevó a cabo el segundo consistorio extraordinario convocado por León XIV, tras el celebrado a principios de año. La reunión de cardenales se centró en algunos puntos de la encíclica Magnifica humanitas y evidenció que en esa carta se condensa un programa de gobierno orientado a responder a los desafíos de un mundo fragmentado.

El pontificado de León XIV avanza como un transatlántico en un océano de incertidumbres.

El segundo consistorio extraordinario, que reunió a 178 cardenales en el Vaticano, inició al día siguiente de la catástrofe en Venezuela. Una tragedia que golpea por su magnitud y significado. Las negociaciones de paz para la guerra en Medio Oriente se prolongan en el tiempo, como la de Ucrania y Rusia, mientras crece la innovación tecnológica en materia armamentística. En el ámbito de la Iglesia, se aproxima la fecha de la ordenación de cuatro obispos lefebvrianos, anunciada por las autoridades de la Fraternidad de San Pío X para el día 1 de julio, que constituirá un acto cismático por su rechazo público a las indicaciones de la Santa Sede.

Ni el Papa ni la Iglesia son indiferentes a esta agitación que es reflejo de un mundo profundamente fragmentado. Al contrario, la primera pregunta que guió el trabajo de los cardenales fue precisamente, “¿En qué mundo estamos llamados a proclamar el evangelio?”

En el discurso de apertura del consistorio, el pontífice aclaró a los purpurados: “No estamos aquí ante todo para reflexionar sobre la vida interna de la Iglesia”. Recordando la carta de convocatoria, en la que invitó a relanzar la exhortación apostólica Evangelii gaudium, con la que el papa Francisco propuso una Iglesia en salida, concluyó: “La misión no es una de las muchas tareas de la Iglesia. Es su razón de existir”.

La mirada sobre el mundo y el ejemplo que debe dar la Iglesia

El diagnóstico estuvo claro en las reuniones previas al cónclave que eligió al cardenal Prevost para conducir la Iglesia en este tiempo, y sobre el mismo volvieron los cardenales en las reuniones del consistorio: la humanidad atraviesa un período de profundas transformaciones, marcado por la polarización social y política, por la desinformación y por formas de “comunicación” que en realidad entorpecen el encuentro y la convivencia. Junto a esto, los cardenales mostraron preocupación por la tendencia a usar la violencia como forma de resolver conflictos, tanto en las relaciones personales como en el ámbito internacional. También llamaron la atención sobre el impacto que esta cultura tiene en la vida de los jóvenes, y resaltaron la necesidad de fortalecer a las familias como escuela de relaciones, solidaridad y esperanza.

En este contexto, la decisión de Léon XIV de gobernar con el colegio cardenalicio, trabajando con todos ellos periódicamente, constituye un mensaje al mundo y un compromiso de unidad con el Papa por parte de los pastores. Con humildad y claridad el Papa les pidió en un tono cercano a la súplica: “Necesito su apoyo: fuerte, explícito y público. Necesito sentirme sostenido por ustedes como por hermanos”.

Construir la paz y el bien común, en una cultura de la guerra

Centrados en el quinto capítulo de la encíclica Magnifica humanitas –“La cultura del poder y la civilización del amor”, los cardenales abordaron el problema de la guerra profundizando en sus raíces. Señalaron que la guerra no es simplemente un conflicto entre Estados, sino que se ha convertido en un paradigma cultural que domina todo: “formas de pensar, de vivir las relaciones, de ejercer el poder y de usar la tecnología e incluso la religión”, como señaló el Papa en su discurso conclusivo.

A partir de este análisis, se señaló la relevancia que cobra el mensaje cristiano, que promueve una cultura de la cooperación y del diálogo. En ese sentido los cardenales resaltaron la necesidad de dar un nuevo impulso al multilateralismo, y de apoyar a los fieles laicos comprometidos en la vida pública para que puedan practicar la “caridad política”.

Además, el Papa valoró las aportaciones hechas por algunos grupos, que insistieron en la importancia de la respuesta no violenta ante las múltiples formas de agresión que invaden la cultura: “No consiste en renunciar al conflicto ni en una actitud pasiva, sino en elegir enfrentarlo sin reproducir su lógica”, dijo el pontífice.

Frente a la duda que suele dominar los debates sobre la sinodalidad, el Papa sugirió ampliar la pregunta “¿Quién tiene el poder de decidir?” por una más profunda: “¿Cómo salvaguardamos juntos el don que el Señor ha confiado a su Iglesia?”

Sobre la base del capítulo introductorio y la conclusión de Magnifica humanitas, otra perspectiva de trabajo, valorada por los cardenales y reconocida por el Papa, fue la de considerar el patrimonio de la doctrina social de la Iglesia como un criterio fundamental para la formación de la conciencia y el discernimiento pastoral, asumiendo que sus enseñanzas no son soluciones preestablecidas, sino líneas educativas para que la Iglesia habite el mundo de manera coherente con el mensaje del Evangelio.

El compromiso con la sinodalidad

El último tema de la agenda del consistorio fue la aplicación del camino sinodal, uno de los ejes del pontificado anterior, retomado con convicción por León XIV, quien en Magnifica humanitas expresó: “El bien común en el ámbito eclaesial toma el rostro de un estilo sinodal al servicio del Reino”.

El mismo diseño del consistorio responde al estilo sinodal, definido por el cardenal Grech, secretario general del Sínodo, como un “estilo espiritual” más que como una simple acumulación de reuniones. Grech también aludió al signo de contradicción que representa un gobierno centrado en la “mesura de la escucha”, en un contexto mundial marcado por la “arrogancia de la geopolítica”.

Haciendo frente a la duda que habitualmente domina los debates sobre la sinodalidad en la Iglesia, el Papa sugirió ampliar la pregunta “¿Quién tiene el poder de decidir?” por una más profunda: “¿Cómo salvaguardamos juntos el don que el Señor ha confiado a su Iglesia?”. Para el pontífice, a partir de esa respuesta, las cuestiones relativas a la autoridad y la responsabilidad encuentran su lugar, “iluminadas por la misión y la fidelidad al evangelio”.

Con el mismo tono con que al inicio del consistorio pidió a los cardenales su apoyo para la misión que le confiaron, León XIV concluyó esta segunda convocatoria del colegio cardenalicio pidiéndoles que acompañen la implementación del camino sinodal.

La importancia que el pontífice otorga a la obediencia de los pastores en este asunto guarda relación con el tema central del consistorio y de Magnifica humanitas: que en un mundo dominado por la lógica del poder y la violencia, la Iglesia pueda ofrecer a la sociedad un signo de unidad y participación.

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