Rafael Lazcano, biógrafo del Papa: “León XIV se crece ante las dificultades”

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Rafael Lazcano en una audiencia personal con León XIV, el 9-04-2026 (imagen cedida por el entrevistado)

Rafael Lazcano es historiador, bibliógrafo y editor, y sobre todo fue compañero de Robert Prevost en el Colegio Internacional de Santa Mónica, en Roma, entre los años 1981 y 1985. Nos recibe en una casa llena de libros, muchos de ellos sobre san Agustín y sobre autores agustinos. Lazcano es el autor de Biografía de León XIV. El Papa agustino, peregrino hacia Dios, una de las primeras semblanzas del nuevo Papa y una de las más documentadas.

– ¿Cómo, cuándo y dónde conoció a Robert Prevost?

– Fue a finales de septiembre de 1981. En Roma. Él se acaba de ordenar de diácono. Tenía 26 años, yo 24. Coincidimos en el Colegio Internacional de los Agustinos, donde íbamos a completar nuestra formación académica en filosofía y teología, y después la especialidad, que en el caso de Prevost fue Derecho canónico.

– ¿Qué recuerda de aquellos momentos? ¿Cómo era Prevost en las distancias cortas?

– Nuestra relación era muy fraterna, muy entrañable, del día a día. Robert era una persona agradable, cordial y muy sensata. Él tenía mucha facilidad para los idiomas y eso le facilitaba la comunicación. Al principio nos comunicábamos en italiano. Él era callado pero muy buen compañero.

– ¿Se notaban sus raíces norteamericanas? Porque se habla mucho del alma peruana de Prevost pero no deja de ser un estadounidense nacido en Chicago.

– En esa primera etapa yo lo que capté es que, sin perder el modo de ser norteamericano, un poco pragmático, estaba abierto a otras culturas. A todos nos llamaba la atención que era una persona que sabía escuchar, escuchaba bien y, por eso, intervenía poco. No porque no captase las conversaciones -allí la mayoría éramos españoles-, sino que era reflexivo, trataba de interiorizar, quedarse con lo que se había dicho y, ya después, él intervenía de una manera muy natural y, a veces, humorística.

– Y ¿cómo era, o cómo es, el sentido del humor del Papa?

– Es una de las facetas que todavía no se han expuesto con claridad, quizás porque tiene un humor un poco particular, muy inteligente. Tiene mucha retranca, le gustaban los chistes que tenían trasfondo, con un doble o triple sentido. Chistes que a veces no captábamos el resto.

– Su biografía es una de las que primero aborda la infancia de Prevost, la importancia de la comunidad y la parroquia y el papel de su madre… ¿Cómo le marca todo esto?

– Él se educó y se formó dentro de una familia católica, tradicional, muy de iglesia. Participaban en las eucaristías, en los grupos juveniles, fines de semana… Y su madre estaba detrás de todo esto porque era una católica ferviente y muy activa. Trabajaba como bibliotecaria y fue una mujer entregada a la educación de los hijos, a transmitirles los valores católicos.

“Cuando llega a Perú, Prevost descubre que la misión le va llenando y le va haciendo ser él mismo”

Es en ese ambiente donde surge la sensibilidad vocacional de Robert. Su idea de consagrarse a Dios, de vivir la vida religiosa. Una sensibilidad muy temprana, porque él a los 13-14 años ingresa en el seminario menor de los Agustinos.  A partir de ahí, poco a poco, con sus altibajos como todo adolescente, va cultivando esa llamada y descubriendo la voz de Dios en su interior hasta culminar su formación teológica, la formación sacerdotal y todo lo demás.

Rafael Lazcano (Foto: Ana Zarzalejos y Ana Sánchez de la Nieta)

– ¿De dónde viene su faceta misionera?

– La formación teológica y filosófica en Estados Unidos en aquella época del posconcilio tenía una parte práctica de pastoral. Se entendía que los conocimientos debían incidir, de alguna manera, en el cambio positivo de la sociedad.

La formación que recibía Prevost, y la espiritualidad agustiniana, le van llevando a trabajar por los demás, a solucionar las necesidades de aquel momento, y por eso empieza a ayudar en iniciativas con drogodependientes y otros adictos.

– Ese compromiso se desarrollará de una manera más clara en Perú ¿Qué aspectos se pueden ver de la personalidad de Robert Prevost durante esos años peruanos?

– Cuando llega a Perú, primero en Chulucanas y más tarde en Trujillo, descubre que sintoniza absolutamente con el trabajo pastoral, que la misión le va llenando y le va haciendo ser él mismo. Por otra parte, su personalidad se va forjando a través de las dificultades que fue encontrando a lo largo del camino, tanto personalmente como después en la comunidad religiosa y en el servicio pastoral.

– Una de estas dificultades, y no pequeña, fueron las amenazas de Sendero Luminoso, el grupo terrorista que cometió más de 30.000 asesinatos en la década de los 80 en Perú.

– Sendero Luminoso intentó desestabilizar  la sociedad peruana, sobre todo en el norte del país. No tenían ningún respeto por las personas, ejercían mucha violencia y los agustinos se manifestaron en contra de su actuación. Tanto es así que fueron amenazados, estaban en el punto de mira de los terroristas. En ese momento, tuvieron que decidir si abandonar la misión o quedarse dando testimonio con valentía a favor de la vida y de los derechos humanos. Optaron por quedarse y ahí realmente se afianzó la personalidad de Prevost. Ante la adversidad él fue más firme todavía en sus creencias y en sus principios. Se crece ante las dificultades.

– En su biografía, queda muy claro cómo Robert Prevost alterna su faceta misionera con la de ser un hombre de gobierno de la Iglesia, primero como superior de los agustinos, luego como obispo y cardenal. Esta doble vertiente, ¿hacía presagiar que se convertiría en Papa?

– Creo que este ir de la misión al rol de gobierno es una evolución lógica y normal. Si lo haces bien en la misión,  eres una persona responsable y cauta y tienes dotes de liderazgo, normalmente se fijan en ti y te van dando cada vez más responsabilidad, te van “promocionando” por tus acciones. Y de ahí esa evolución.

“Francisco quería que [Prevost] estuviese presente en todos los grandes acontecimientos. Lo tenía al lado, y le daba mucho poder, entre comillas”

Tanto es así que Francisco -cada día me doy más cuenta- se había fijado en él claramente. Quería  que estuviese presente en todos los grandes acontecimientos. Lo tenía al lado, le daba mucho poder, entre comillas. Y además, con esa facilidad para las lenguas, le hizo estar presente en muchas comisiones internacionales de alto nivel. Algunas llegó a moderarlas. Y esa personalidad y esa manera de ser y de estar ante los problemas reales hizo que su figura cada día adquiriese más peso dentro del ámbito de la Santa Sede. Cuando llegó el cónclave, Prevost era todo menos un desconocido.

– Rafael, este libro surge muy rápido. Algunos pensarán que excesivamente rápido ¿No tendría algún espía en el Cónclave? (risas)

– No tenía preparado absolutamente nada, pero tengo que  ser sincero. Yo soy autor del Tesauro Agustiniano, que es una recopilación de autores agustinos que han destacado como misioneros, pedagogos, historiadores, etc., y pensaba dedicar una voz a Robert Prevost Martínez. Entonces sí, tenía algo, quince o dieciséis líneas redactadas sobre él. Y había recogido algunos de sus escritos, sobre todo los publicados como prior general de la orden. Las cartas, documentos en relación con las festividades agustinianas. Eso ya lo tenía recogido. Pero no lo había leído todo. Una vez que recibí la oferta de la editorial San Pablo de escribir la biografía tuve que encerrarme muchas horas, pero con  mucha ilusión. Me esforcé también en hacer un buen álbum fotográfico, sintético pero completo. Y compilar todas sus primeras intervenciones como Papa.

– ¿Y qué diría que ha aprendido del actual Pontífice leyendo sus escritos? ¿Cuál es el tema estrella de León XIV?

– Como Papa, en el que más incide es la paz, eso lo lleva en el alma y lo ha tratado desde muchísimas vertientes. Y luego, la interioridad, que es un tema muy agustiniano, está siempre presente. Después no se queda atrás tampoco el tema de la juventud, de la mujer, de la sinodalidad.

– Por último: ¿por qué tituló su biografía “Peregrino hacia Dios”?

– Porque creo que es lo que realmente sintetiza de alguna manera la interioridad del Papa. Robert Prevost, ahora León XIV, siempre se ha considerado como una persona que peregrina, que camina. Y ¿hacia dónde? Hacia la meta. En último término, los creyentes caminamos hacia Dios. Él es el fin. El amor pleno, supremo. Desde mi punto de vista, esa expresión define perfectamente quién es León XIV.

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