Un voluntariamente desterrado Tommy Shelby vive en un estado de pesadilla y soledad al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, su hijo ha decidido seguir la herencia de su padre, con una carrera delictiva que le ha llevado a tomar parte en uno de los dos bandos.
Con una notable premisa, el creador de la serie, Steven Knight, ha diseñado un desenlace que mantiene el impecable estilo visual y musical y mitiga en buena parte la sordidez y violencia degradante de la ficción original. Barry Keoghan (Bird, Los amos del aire) compone un personaje que es digno heredero de su padre, con una definición muy matizada en la que siempre se esconde la siguiente jugada maestra. Menos sugerentes son los perfiles que interpretan Stephen Graham, Tim Roth y Rebecca Ferguson, que resultan eficaces para el desarrollo de la trama, pero que aportan un interés dramático simplemente discreto.
Aun así, estas limitaciones resultan menores en una película que pretende ser un monumento al protagonista. Cillian Murphy aprovecha un personaje que, en su profunda decadencia, siempre mantiene un reconocimiento de la culpa y una búsqueda de redención. Su terminal estado interior ve en la filiación la última oportunidad de hacer justicia a una familia que ha ido perdiendo por sus malas decisiones.
El guión equilibra la acción con la reflexión ante los acontecimientos imprevistos y la vida pasada, en un recorrido especialmente brillante en el arranque y el desenlace, en el que se van cerrando las principales vías argumentales que habían quedado abiertas en la última temporada de la serie.