La pobreza extrema o las dificultades de acceso a la educación condicionan el futuro de millones de familias en África oriental. Para cambiar esa realidad trabaja la Fundación Pablo Horstmann, una organización española que impulsa proyectos sanitarios y educativos para mejorar las condiciones de vida de niños y familias en situación de vulnerabilidad. Su labor se centra en tres pilares fundamentales: salud, educación y nutrición. En todos, el objetivo es ofrecer un servicio de calidad y profesional allí donde el Estado no llega o llega mal.
La fundación nació en 2007 de la mano de Ana Sendagorta y su marido, Peter Horstmann, tras la muerte de su hijo Pablo. Entonces el matrimonio creó una organización destinada a ofrecer oportunidades a niños que crecen en un contexto de extrema pobreza.
La entidad apuesta por un modelo de cooperación basado en el acompañamiento y la formación de profesionales locales, con el objetivo de que los proyectos puedan sostenerse en el tiempo de forma independiente.
Como explica Ana Sendagorta, presidenta de la Fundación, se trata de que “ellos mismos se conviertan en el motor de los proyectos”.
La Fundación desarrolla diferentes iniciativas en Kenia y Uganda con un mismo objetivo: garantizar que ningún niño quede sin acceso a la atención médica o a la educación.
Avances en escolarización y salud pediátrica
Según Sendagorta, 2025 “ha sido un año muy fructífero”. La Fundación Pablo Horstmann ha consolidado tres grandes proyectos. Uno dedicado a la educación y dos centrados en la sanidad.

El desarrollo del colegio de infantil y primaria en Dokolo, al norte de Uganda, “es un proyecto precioso”, afirma Sendagorta. Como la oferta educativa en la región era muy precaria, muchas familias optaban por no llevar a sus hijos al colegio. Desde que se inauguró el nuevo centro, el crecimiento ha sido vertiginoso. El curso 2024-2025 comenzó con 401 alumnos matriculados en comparación con los 278 del anterior, y más de 100 son becados. En ese año el 95% aprobó los exámenes trimestrales con un 82% de sobresalientes. Las notables mejoras en infraestructura y el apoyo económico de la Fundación han sido claves: En apenas un año, el centro cuenta con diez aulas permanentes, acceso a agua potable, letrinas adecuadas y material escolar.
Sendagorta explica que “el hambre de aprender y el compromiso de los padres es enorme. Para ellos el colegio es la esperanza de la comunidad”.
Otro de los objetivos de la Fundación es la asistencia médica, principalmente en menores y embarazadas. Para ello, en Mukuru, Kenia, se puso en marcha la unidad pediátrica y maternal de la Clínica Mary Immaculate, centrada en la atención pediátrica y el seguimiento de embarazos para las familias más vulnerables.
En 2025 la clínica atendió a 23.213 niños y 3.043 mujeres con controles prenatales y postnatales, además de reforzar sus servicios con nuevas especialidades médicas como neurología, cardiología o atención a enfermedades infecciosas.
La profesionalidad de los servicios –y para ello la formación del personal– es una de las señas de identidad de la Fundación
Ese mismo año también se creó una sala de pacientes críticos para atender emergencias pediátricas. Gracias a la mejora del equipamiento y a la formación del personal sanitario, la mortalidad en la clínica fue cero durante todo el año.
Para la presidenta de la Fundación, el objetivo era que “la asistencia a los pacientes siguiera unos protocolos, para lo cual hemos dado mucha importancia a la formación con clases teóricas y prácticas intensivas, y eso se nota luego en la calidad de la asistencia”.
El tercer gran proyecto de la Fundación Pablo Horstmann es el Hospital Materno-Infantil de Santa Anna, en Webuye, en el oeste de Kenia; una iniciativa desarrollada junto a las Franciscan Sisters of Saint Anna.
En un plazo de seis meses, el hospital atendió a 1.648 niños, acompañó 270 embarazos y registró 39 partos. “Todos los servicios que ofrecemos vienen a cubrir carencias sanitarias”, añade Sendagorta. Y es que un tercio de la región se encuentra en una situación de extrema pobreza. “La natalidad es alta y no había servicios pediátricos”, explica la presidenta.
El médico cooperante, figura clave
Uno de los pilares fundamentales en la Fundación son los médicos y enfermeros cooperantes: profesionales que trabajan temporalmente en los proyectos para acompañar y formar a los equipos locales.

Ana explica que la figura del cooperante es “absolutamente nuclear”, ya que, para que los médicos locales ofrezcan una asistencia de calidad, son necesarios una formación intensiva y un acompañamiento diario
Aparte de su labor como profesionales sanitarios, los cooperantes aportan confianza y humanidad. “Se integran con humildad, paciencia y mucha escucha. Para ellos es una experiencia muy enriquecedora y muchos repiten cuando pueden”, añade la presidenta.
En cada iniciativa de la Fundación Pablo Horstmann se percibe vocación y cercanía en la forma de trabajar y cooperar. Este espíritu da sus frutos: no solo en forma de cifras, sino también en el impacto que genera en las expectativas de la población. Familias que vivían sin alternativa ni esperanza comienzan a ver que sus hijos pueden optar a un futuro mejor y distinto.
Para Sendagorta “los primeros pasos suponen siempre el reto más difícil, pero estamos muy contentos con el resultado de estos proyectos y, sobre todo, con su impacto directo sobre las personas que viven en estas comunidades tan pobres”.
¿Quieres colaborar con la Fundación Pablo Horstmann?Ayuda a los niños vulnerables de Nairobi. Con 6 € puedes cubrir la consulta médica de un niño, incluyendo pruebas, observación, medicación y suplementos. Dona en www.fundacionpablo.org |