Clarissa es una novelista que se instala en una exclusiva residencia artística para creativos con intención de escribir una novela autobiográfica. La residencia ofrece la ayuda de una eficaz IA –Dalloway–, dispuesta a ayudar a Clarissa en todo lo que necesita. El problema es cuando la IA y los directivos de la residencia empiezan a entrometerse no solo en la novela de Clarissa, sino también en sus emociones y recuerdos.
Yann Gozlan (El hombre perfecto) adapta la novela de Tatiana de Rosnay Tinta rusa, en la que relata, entre otras cosas, el bloqueo creativo que sufren los escritores por las redes sociales, y entrega una historia de gran actualidad. La película arranca bien, está bien interpretada y Gozlan consigue crear una atmósfera intrigante en la relación de los protagonistas con las máquinas. Sin embargo, tanto el desarrollo como, sobre todo, el final resultan simples y falta emoción en el clímax. Los giros tienen poca fuerza y al final la película se queda en una idea lúcida, pero muy pobremente aprovechada.