En los últimos meses proliferan en las librerías traducciones de novelas japonesas y de Corea del Sur que tienen un mismo aroma y hasta una parecida presentación, con un diseño en las portadas con colores muy vivos y con lugares cotidianos reconocibles. Se trata de un nuevo género literario, Healing Fiction, literatura terapéutica y sanadora, con novelas que además de en Japón (allí se las llama iyashikei) y Corea del Sur (K-Healing), están siendo un éxito en Estados Unidos y en muchos países europeos.
Las editoriales han descubierto en este género un filón y no paran de sucederse las traducciones de novelas que se presentan como un antídoto a algunos valores y tendencias de las sociedades occidentales. Si el ruido, la velocidad, el desamor, las prisas, la ansiedad, o la incomunicación marcan el ritmo de vida occidental, en estas novelas se ofrece todo lo contrario: una sanación a través de paz, calidez, tranquilidad, sosiego, amabilidad.
Es como un regreso terapéutico a valores humanos sencillos, emotivos, con los que se quieren combatir los excesos de unos estilos de vida que han acabado provocando infinidad de problemas mentales y emocionales.
Suelen frecuentar este género mujeres entre los 18 y 25 años, aunque también se está apreciando que los contenidos de la Healing Fiction, de manera bastante epidérmica, están pasando a formar parte de algunas novelas juveniles.
Espacios acogedores
Estas ideas, lógicamente, son propias del mundo literario y aparecen de una u otra manera, con más o menos profundidad, en otros géneros. Sin embargo, en la Healing Fiction hay una misma manera de tratar estos temas, siempre con una finalidad en la que se unen la estética, lo terapéutico y los mensajes de autoayuda. En una página web del Grupo Planeta, una periodista define esta tendencia con esta imagen poética: “Los libros nos envuelven como un abrazo que puede aliviar las heridas que nos atormentan”. Y afirma que su eficacia es curativa, pues “actúan como un rayo de sol”.
Las tramas suelen desarrollarse en lugares que evocan descanso y sosiego: en una librería, en un restaurante, en una cafetería, en una tienda poco frecuentada, en una lavandería, en una biblioteca, en una farmacia, en un taller de cerámica, en una tienda de fotografía… En esos espacios cotidianos, los protagonistas, que son víctimas de heridas emocionales y sentimentales, encuentran la medicina para su infelicidad y sus desasosiegos, bien en forma de consejos, de un silencio purificador o del encuentro con otros personajes con los que compartir sus cicatrices y su soledad.
Personajes que necesitan ser sanados
Resulta fácil identificarse con los problemas que sufren estos personajes, pues se trata de situaciones normales y corrientes. El clima acogedor de estos espacios contribuye a poner en su sitio, con calma, las crisis existenciales que padecen, unas más graves que otras. Frente a ellas, las tramas siempre abren una puerta a la esperanza a través de una inesperada solución.
Si los conflictos son cotidianos y no muy sofisticados, tampoco lo son los personajes que los padecen, cercanos al mundo de los lectores, pues suelen ser personas doloridas que desean recuperar la paz y, por qué no, el amor
Abundan los consejos terapéuticos, que recuerdan en su contenido endeble y ambiguo (y en su filosofía barata) a los que pusieron de moda la literatura de autoayuda o algunos libros esotéricos
También hay que tener en cuenta que algunos ingredientes de estas novelas están muy asentados en ciertas costumbres orientales, en su manera de enfocar las relaciones humanas y personales y en su cosmovisión del mundo, aunque los temas de fondo suelen ser universales.
Toques mágicos y filosofía barata
En algunas novelas se introducen ciertos toques mágicos o esotéricos, o son protagonizadas por animales que poseen algún tipo de poder curativo oculto, sobre todo los gatos. Por ejemplo, Te receto un gato, de Syou Ishida, y El gato que amaba los libros, de Sosuke Natsukawa; La tienda de los deseos, de Hiyoko Kurisu (y su continuación, El correo del crepúsculo), y La casa de empeños del tiempo pasado, de Ko Soo-Yoo.
Abundan los consejos terapéuticos, que recuerdan en su contenido endeble y ambiguo (y en su filosofía barata) a los que pusieron de moda la literatura de autoayuda o algunos libros esotéricos muy difundidos, como algunos de Paulo Coelho o Jorge Bucay. Muchos finales desprenden moralinas sedosas, con toques de resiliencia y mucho emotivismo (¿cursi?).
Algunos de los más leídos
Hay escritores con éxitos internacionales, como Satoshi Yagisawa, autor de Mis días en la librería Morisaki, Una velada en la librería Morisaki –continuación de la anterior–, o Mis días en el café Torunka. Otros autores que han propiciado este boom han sido Hwang Bo-Reum, con su novela Bienvenidos a la librería Hyunam-Dong, y Kim Ho-Yeon, con La asombrosa tienda de la señora Yeom y Las maravillas de la tienda de Cheongpa-dong.
Capítulo aparte, por su original planteamiento, merecen las novelas gastronómicas de Hisashi Kashiwai, de las que la editorial Salamandra ya ha publicado tres: Los misterios de la Taberna Kamogawa, Las recetas perdidas de la taberna Kamogawa y Las deliciosas historias de la taberna Kamogawa.
Entre los autores que más venden también están Michiko Aoyama (La biblioteca de los nuevos comienzos y Mis tardes en el pequeño café de Tokio), Won-Pyung Sohn (Almendra), Toshikazu Kawaguchi (Antes de que se enfríe el café) y Kim Jiyun (El misterio de la lavandería de Yeonnam-dong).
La tendencia feel-good
Aunque la Healing Fiction se ha consolidado como género literario en los últimos años, sus características –positividad, contagiosa emotividad, sentimentalismo a flor de piel, catarsis terapéutica, etc.; o sea, todo lo vinculado con el feel-good–, están presentes, de manera directa o indirecta, en otros géneros literarios, como en la literatura rosa y en esa reciente modalidad del Dark Academia, el romance con dosis góticas.
De manera parcial o sustancial suele ser una de las señas de identidad de algunos autores españoles de éxito, como Albert Espinosa, Alejandro Palomas, Máximo Huerta, Patricia Ibárcena, Mónica Carrillo y otros escritores de best-sellers.
Estos libros no hay que valorarlos exclusivamente por sus aciertos y méritos literarios. Desde un punto de vista formal, suelen ser novelas sencillas, esquemáticas, con escasísimas aportaciones originales tanto en el tratamiento del argumento como en el desarrollo de los personajes.
Pero los que las leen no van buscando ni la originalidad formal ni la complejidad estilística. Buscan historias amables, con un agradable contenido psicológico y sentimental, abiertamente positivas, que aborden problemas humanos cotidianos con los que puedan identificarse; argumentos que tienen que dejar, además, buen sabor de boca emocional. Suelen tener un final feliz, con moralejas previsibles y consoladoras, nada sofisticadas, un tanto epidérmicas, pero que pueden fomentar en los lectores propósitos nobles, deseos de cambio y buenos sentimientos.