Los mercados de predicciones llegan a los medios: ¿Aliados o amenazas para su credibilidad?

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Schneider / Shutterstock

En los últimos meses son ya varios medios estadounidenses los que han anunciado acuerdos con compañías que operan “mercados de predicciones”: webs donde se puede invertir, como si de la Bolsa se tratara, en el resultado de todo tipo de eventos, desde cuándo terminará una guerra al tiempo que hará mañana. 

El auge de estas plataformas tiene que ver con el de la llamada “mentalidad de casino” que se ha ido extendiendo en los últimos años, y sobre todo desde la pandemia, como muestra la popularización de las apuestas deportivas o del trading financiero (¿Quién no está harto de anuncios del tipo “Te ayudo a ganar 3.000 euros en un mes…”?). La vida real, se nos insiste, es un juego, y solo los más avispados se aprovechan.

Una “explosión” millonaria

2025 ha sido el año del despegue de los llamados “mercados de predicciones”. Estas compañías, de las que las dos más famosas y con mayor cuota de negocio son Kalshi y Polymarket, ambas estadounidenses, se parecen a casas de apuestas, solo que los eventos en los que uno se puede jugar el dinero no son solo deportivos, sino también culturales (quién ganará el Oscar a la mejor película), sociales (si Estados Unidos confirmará la existencia de extraterrestres antes de 2027), económicos (cuál será la valoración del Bitcoin a tal o cual hora del día), políticos (¿dejará de ser Jamenei el líder supremo de Irán?) … o de cualquier otro tipo, incluido el tiempo que hará en una ciudad un día concreto o de qué hablará Will Smith en su visita a un programa televisivo.

Otra diferencia respecto de las casas de apuestas tradicionales es que en los mercados de predicciones las opciones no tienen valor fijo, sino que se comportan como las acciones en un mercado bursátil. Si, al momento de hacer la compra, la mayoría de la gente apuesta por el “sí” (en una predicción de sí o no), el precio de esa opción es más caro que el de la contraria. En caso de acierto, el beneficio obtenido resulta de la diferencia entre el precio de compra y 1. Por ejemplo, si he comprado una acción del “sí” cuando esta costaba 80 céntimos (lo que indica, en principio, que el 80% de los apostadores consideraban este resultado como el más probable), recibo 20 céntimos de beneficio. Hasta que se resuelva el hecho en cuestión, se pueden vender y comprar acciones a otros “jugadores”.

Al presentarse como una plataforma de contratos entre particulares, los mercados de predicciones no están sujetos a las leyes estatales que se aplican a las casas de apuestas

Aunque algunas de estas compañías llevan décadas operando en Estados Unidos y otros países, el boom de los mercados de predicciones se ha dado en los dos últimos años, con la popularización de Kalshi y Polymarket. Si a principios de 2024 el volumen de dinero mensual apostado en todo el sector no superaba los 100 millones de dólares, a finales de 2025 ya estaba por encima de los 13.000 millones, y un reciente informe señalaba que a final de década se podría llegar hasta los 100.000 millones. Las elecciones presidenciales en Estados Unidos, que atrajeron un gran volumen de apuestas (3.000 millones de dólares solo en Polymarket), supusieron un punto de inflexión.

La sombra de la polémica: información privilegiada y desregulación

El crecimiento de estas compañías no ha estado exento de polémica. En Estados Unidos Kalshi fue prohibida durante un tiempo, pero a finales de 2024, una sentencia judicial permitió que retomara la actividad. Una actividad que, como la del resto de compañías del sector presentes en ese país, está supervisada y regulada por la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC, por sus siglas en inglés), una agencia federal encargada de los contratos de compraventa a futuro: acuerdos en los que se fijan la fecha de transacción y su cuantía, que no variará aunque entretanto lo haga el valor del producto. En los mercados de predicciones, esos “productos” serían cada una de las apuestas hechas (por ejemplo, que vaya a llover mañana), y, al igual que en la Bolsa, el dinero que se cobra depende de lo que valgan esas opciones en el momento del cierre del mercado; es decir, cuando se cumpla el evento sobre el que se ha apostado.

Esta forma de entender los mercados de predicciones es la que han defendido las propias compañías. Y con razón: al tratarse de contratos entre “jugadores” (no con una empresa, como en las casas de apuestas tradicionales), Kalshi, Polymarket y las demás no están sujetas a las leyes estatales sobre apuestas y juegos de azar, mucho más restrictivas que las de la CFTC. Eso fue precisamente lo que dirimió la sentencia de finales de 2024.

No es ningún secreto que la actual administración estadounidense mira con buenos ojos a este sector, y está facilitando su crecimiento. Donald Trump Jr., el hijo mayor del presidente, es inversor en Polymarket y consejero en Kalshi. Por su parte, Peter Thiel, el financiero multimillonario que es uno de los mayores donantes del Partido Republicano, ha invertido grandes cantidades en Polymarket a través de Founders Fund, su fondo de capital riesgo. Incluso Trump Media, la compañía de comunicación del presidente, ha anunciado la creación de un mercado de predicciones propio llamado Truth Predict. Para algunos analistas, esta cercanía entre el gobierno y el sector explica, en parte, su laxa regulación.

Más allá de los vínculos con la política, los mercados de predicciones tienen otros aspectos sombríos. El más preocupante es el riesgo, bastante plausible, de lo que se conoce como “insider trading”: el uso de información privilegiada en la compra o venta de acciones –en este caso, de predicciones–. En los dos últimos años ha habido algunos pelotazos muy sospechosos dentro del sector. Por ejemplo, se cree que el usuario que, pocas horas antes de que Maduro fuera capturado de forma sorpresiva, compró miles de predicciones en ese sentido podría ser un miembro del propio gobierno Trump o del ejército estadounidense; o que el que ganó un millón de dólares al acertar casi de pleno cuál sería la lista de términos más buscados en Google en 2025 era un empleado de la propia compañía. El hecho de que la mayoría de las empresas del sector operen con criptomonedas hace que no se pueda rastrear la identidad del “jugador” en casos como estos.

El riesgo del “insider trading” es tan evidente, y tan difícilmente evitable tal y como se han configurado los mercados de predicciones, que hay quien considera que, en realidad, esta es la verdadera finalidad del sector.

Sabiduría de la masa, sabiduría del dinero

Desde dentro, sin embargo, el discurso no puede ser más distinto. Las compañías que operan este tipo de sitios web argumentan que, aparte de hacer ganar dinero a quien quiera arriesgarse, ya sean empresas o particulares, los mercados de predicciones ofrecen una información muy valiosa sobre la realidad, y sobre cómo la percibe la gente de a pie. Apelan, por un lado, al concepto de “sabiduría de la masa” (aquello de que cuatro ojos ven más que dos, solo que en este caso serían miles y miles de ojos, los de todos los “jugadores”). También, al de “sabiduría del dinero”, según el dicho inglés “put your money where your mouth is”: quien respalda sus ideas –en este caso, sus predicciones– con dinero, ese resulta creíble; más que un supuesto experto que solo se juega algo de prestigio, y que incluso puede estar sesgado por su ideología o por otro tipo de compromisos profesionales.

Los mercados de predicciones se ofrecen a los medios como una oportunidad para que estos recuperen la credibilidad perdida y ganen audiencia

Y es verdad que estas plataformas han demostrado, en algunos casos, ser más fiables que otras formas de pronosticación. Por ejemplo, más fiables que muchas encuestas electorales. En las elecciones presidenciales de EE.UU. de 2024, la fotografía que ofrecieron los principales mercados de predicciones se ajustó bastante más a la realidad final y a los cambios en la intención de voto durante la campaña que la de la mayoría de encuestas. Lo mismo sucedió en las últimas elecciones federales en Alemania. 

Por todo ello, los medios de comunicación no han tardado en fijarse en estas compañías, y estas, en ofrecerse como el complemento ideal para aquellos. Por ejemplo, dos de las cadenas de televisión más importantes de Estados Unidos, la CNN y la CNBC, han firmado sendos acuerdos con Kalshi, mientras que el Wall Street Journal lo ha hecho con Polymarket. Otros, como Bloomberg o The Economist, aunque no han anunciado oficialmente un acuerdo, incorporan con frecuencia a sus informaciones datos procedentes de los mercados de predicciones.

El aval que ofrecen estas plataformas a los medios es especialmente oportuno cuando en muchos países la credibilidad del periodismo “profesional” (no el de influencers o creadores de contenido personales) lleva años en crisis. En teoría, además de ofrecer predicciones certeras y libres de sesgo ideológico, los mercados de predicciones servirían para informar a las redacciones de cuáles son los temas que realmente interesan a la “gente corriente”.

También podrían ayudar a muchos de ellos en otro problema no menos urgente: su viabilidad económica. Los mercados de predicciones están dispuestos a pagar buenas sumas de dinero por aparecer en las noticias de las principales cabeceras, y además prometen aumentar su audiencia y tiempo de consumo, lo que puede traducirse en más ingresos por suscripciones o por publicidad.

Cuidado con “democratizar” la autoridad informativa

No obstante, la entrada de los mercados de predicciones en el mundo del periodismo también tiene sus riesgos. Por ejemplo, que el altavoz de los medios haga más rentable aún el “insider trading”, y por tanto incentive estas conductas. Se ha hablado, incluso, de que sean los propios periodistas quienes se aprovechen, para lucrarse, de la información privilegiada a la que pueden acceder por sus investigaciones.

Otro peligro es que, por la fuente de ingresos que suponen para los medios sus acuerdos con los mercados de predicciones, sean criterios económicos (qué temas pueden generar más apuestas y más enganche) y no estrictamente periodísticos los que terminen por fijar qué asuntos se abordan en las redacciones, o a cuáles se da prioridad.

Algunos informes sobre el sector de la comunicación, como el Digital News Report elaborado por Reuters y la Universidad de Oxford, muestran que, de hecho, los periódicos y televisiones cada vez tienen menos peso a la hora de fijar la “agenda pública”. Para algunos, incluso, que sea la ciudadanía quien lo haga, a través de sus apuestas, supone “democratizar” el debate.

Sin embargo, hay que decir, por un lado, que las personas que participan en estas plataformas no tienen por qué representar a la población en general. Además, quienes realmente tienen capacidad para mover los mercados –y los que, por tanto, podrían crear un determinado estado de opinión o de ánimo en los consumidores de medios– son lo que se conoce en el mundillo como “ballenas”: usuarios con un gran capital que compran y venden miles de acciones, y que lo hacen sin revelar su identidad. Por ello, hay quien teme que los mercados de predicción, mediante el altavoz de la prensa, puedan pasar de predecir la realidad a configurarla. Piénsese, por ejemplo, en el efecto que podría tener que una de estas “ballenas” apueste miles de dólares a que tal o cual banco central se quedará pronto sin liquidez : el efecto pánico podría producir una retirada masiva de fondos y precipitar una crisis económica muy real.

También se teme que la “mentalidad de casino” propia de los mercados de predicciones lleve a banalizar, en el debate público, asuntos que son serios, o incluso dramáticos. Por ejemplo, se ha criticado que algunas de estas plataformas permitan apostar por el número de desplazados en Gaza o por la probabilidad de que se declare oficialmente la hambruna allí. 

Este año que comienza demostrará si las ventajas informativas que dicen traer los mercados de predicciones al debate público son más o menos reales que sus riesgos.

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