El giro a la derecha de Hispanoamérica

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El giro a la derecha de Hispanoamérica
El presidente argentino, Javier Milei (derecha) recibe a José Antonio Kast, presidente electo de Chile, el pasado 16 de diciembre en la Casa Rosada (Buenos Aires) (foto: Presidencia de Argentina)

Guayaquil.— Chile, Ecuador, Bolivia y otros países del continente han dado la espalda a la izquierda en las urnas. La escalada del crimen organizado y el deterioro del bienestar son los principales motivos de este cambio de rumbo, que viene acompañado por la creciente influencia de Estados Unidos en la región.

Después de dos intentos fallidos –2017 y 2021–, José Antonio Kast fue elegido presidente de Chile en segunda vuelta el 14 de diciembre de 2025 por mayoría del 59,1%, convirtiéndose en el presidente con la mayor cantidad de votos (7,2 millones) de la historia de Chile. Con una larga trayectoria en la vida política de su país, Kast fue diputado desde 2002 por Unión Democrática Independiente, el partido conservador tradicional de Chile, hasta que renunció en 2016. Tras presentarse a las elecciones de 2017 como independiente, fundó en 2019 el Partido Republicano, del que fue candidato en 2021, y logró la victoria el pasado mes de diciembre.

En su primer discurso como presidente electo señaló que su mandato se centraría, principalmente, en tres problemas acuciantes para el pueblo chileno: la inseguridad, la migración y el crecimiento económico, a la vez que afirmó que no se doblegará en el aseguramiento del orden institucional: “Tenemos que tener mucha firmeza contra la delincuencia, el crimen organizado, la impunidad y el descontrol. Pero también tenemos que tener mucha grandeza para reconstruir la convivencia, el respeto y la confianza de nuestros compatriotas”.

Este discurso ya no nos resulta novedoso. Es parte de un espíritu que recorre el continente. Varios países hispanoamericanos han manifestado su deseo de cambio en las urnas. La creciente criminalidad, las continuas crisis migratorias y un estancamiento económico se encuentran entre las causas de mayor malestar en la población hispanoamericana. En respuesta a esto, varios países han optado por un líder de derecha para que enfrente estos problemas, tras décadas de gobiernos de izquierda.

Victorias electorales

Durante el año 2025, varias elecciones en países hispanoamericanos confirmaron el cambio que estaba ocurriendo. En mayo, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa fue reelegido tras vencer nuevamente a Luisa González, la candidata de Revolución Ciudadana, el partido del expresidente socialista Rafael Correa. Aunque Noboa se considera a sí mismo de “centro-izquierda”, es percibido como la alternativa al correísmo y su gobierno se ha caracterizado por una disminución del riesgo país, eliminación del subsidio a combustibles, aumento de la carga tributaria, mano dura contra la delincuencia organizada y prácticas autoritarias.

En octubre, el senador Rodrigo Paz Pereira obtuvo la victoria presidencial en Bolivia, después de vencer en segunda vuelta a Jorge Tuto Quiroga, otro candidato de derechas. Evo Morales, inhabilitado por el Tribunal Electoral, promovió el voto nulo, que obtuvo casi el 20%. Sin embargo, su partido político, el Movimiento al Socialismo (MAS), la fuerza política más importante de los últimos veinte años, no obtuvo representación en el Senado y cuenta con poca presencia en la Cámara de Diputados tras las elecciones legislativas. Por su parte, Paz es defensor de un “capitalismo para todos”, que le ha facilitado lograr el apoyo de los sectores indígenas para obtener la presidencia.

Siguiendo esta línea, también en octubre, el presidente argentino Javier Milei obtuvo una victoria que lo confirma en su proyecto libertario. Tras la derrota que sufrió su partido, La Libertad Avanza, en los comicios para legisladores provinciales de Buenos Aires, la región electoral más grande del país, el presidente se recuperó con una victoria en las elecciones legislativas nacionales, con un 40,8% de los votos para su partido, pasando de 37 a 93 diputados en el Congreso, sumados los de sus aliados. “A partir del 10 de diciembre tendremos el Congreso más reformista de la historia argentina”, anunció el mandatario. Semanas antes de las elecciones, el Banco Central Argentino anunció “un acuerdo de estabilización cambiaria con el Departamento de Tesoro” de EE. UU. por 20.000 millones de dólares, con el objetivo de inyectar liquidez en la economía del país. Acerca de la victoria de Milei, el presidente norteamericano declaró que la “elección le hizo ganar mucho dinero a Estados Unidos”.

La nueva derecha que se está asentando en Hispanoamérica no es un movimiento homogéneo, aunque tiene en común la oposición a la cultura woke, al globalismo y al socialismo del siglo XXI, y el acercamiento a los Estados Unidos y al presidente Trump

Tras varias semanas de incertidumbre por fallas en el sistema y acusaciones de fraude en los procesos electorales de Honduras, el 24 de diciembre se declaró como ganador al candidato Nasri “Tito” Asfura, del Partido Nacional, sobre Salvador Nasralla, del Partido Liberal, quien rechazó los resultados. Asfura contaba con el apoyo público del presidente Trump, quien aseguró que el candidato hondureño era “el único verdadero amigo de la libertad” y obtuvo también la felicitación de Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU., tras la proclamación de su victoria.

Por otro lado, Nayib Bukele continúa consolidándose en El Salvador. De acuerdo al informe de Latinobarómetro 2024, el presidente es considerado el líder más popular de la región, con una calificación de 7,7 sobre 10. El éxito en su lucha contra la delincuencia organizada mediante su política de mano dura ha convertido a El Salvador en uno de los países más seguros de Hispanoamérica. Y a pesar de su autoritarismo, su índice de aprobación se mantiene por encima del 80%, según varias encuestas.

Frustración por el crimen

Este giro hacia la derecha que se ha dado en Chile, Honduras, Argentina, Bolivia, Ecuador y El Salvador no ha sido casual. En opinión de Brian Winters en su artículo Latin America Revolution of the Right, publicado en Foreign Affairs, entre las causas de este cambio se encuentra la frustración causada por el crimen, que ha aumentado considerablemente en los últimos años y que la izquierda no ha podido solucionar, debido al aumento en la producción de cocaína que ha experimentado el continente.

Por otro lado, el colapso económico y social de naciones como Cuba y Venezuela ha provocado una gran desconfianza hacia las propuestas de progreso de la izquierda, a la vez que han sido el origen de una migración masiva que ha afectado al resto del continente, causando crisis humanitarias y malestar en la población. Asimismo, la preocupación por los más necesitados y la lucha en la batalla cultural han sido un rol que la nueva derecha también ha asumido, dejando a un lado la creencia de que la justicia social y la cultura eran monopolio de la izquierda.

Sin movimiento homogéneo

Sin embargo, aunque desde los medios de prensa se califique indistintamente a los nuevos líderes de estos Estados como “ultraderechistas”, “populistas”, “conservadores” e, incluso, “autoritarios”, esta nueva derecha que se está asentando en Hispanoamérica no es un movimiento o grupo homogéneo. Entre sus idearios comunes está la oposición a la cultura woke, al globalismo y al socialismo del siglo XXI, y el acercamiento a los Estados Unidos y al presidente Trump, que ha hecho del continente americano un eje sumamente importante de su política exterior. A pesar de esto, las diferencias son enormes. Noboa, presidente de Ecuador, en un reportaje publicado en The New Yorker de junio de 2024, señaló que Lula, presidente socialista de Brasil, es el líder latinoamericano con quien más se siente identificado, a la vez que opinó de Milei que es un “ególatra” que no había logrado nada desde que fuera nombrado presidente y que Bukele “es arrogante” y hace todo para “controlar el poder para él mismo y enriquecer a su familia”.

Por otro lado, Milei y Bukele se presentan a sí mismos como personalidades disruptivas que vienen a cambiar la política desde fuera, mientras que otros, como Kast y Paz, han logrado la presidencia tras varios años de carrera política. La visión del rol del Estado también difiere entre estos líderes. Bukele se llama a sí mismo “el dictador más cool del mundo” y no ha tenido problemas en utilizar el estado de excepción para acumular el poder y reconfigurar institucionalmente la nación. En esta línea, Noboa también ha presentado tendencias autoritarias, con la inhabilitación de candidatos presidenciales, proyectos de ley inconstitucionales e intentos de censura de la prensa opositora.

Esto contrasta con figuras como Milei, que pretende limitar el rol del Estado, y Kast, que, a pesar de la cercanía a la dictadura de Pinochet durante su juventud, su carrera política y formas discursivas han sido las de un demócrata comprometido a respetar la institucionalidad de la república chilena. En lo que se refiere a la política económica, mientras que líderes como Milei buscan liberalizar la economía, reducir el gasto social y eliminar impuestos, otros como Bukele no tienen problemas con mantener el gasto público en obras e infraestructura e invertir en programas sociales.

EE.UU. aumenta su influencia

Todo esto se enmarca en una relación cada vez más estrecha de estos países con los Estados Unidos. A la vez que acorrala al régimen dictatorial de Venezuela con la captura de Nicolás Maduro, el gobierno de Trump cierra alianzas con estos líderes hispanoamericanos, tanto en materia de seguridad como económica, aumentando su influencia en el continente, frente a la creciente presencia que China ha tenido en las últimas décadas. Desde la visita de Marco Rubio a Ecuador para una reunión con Noboa al rescate económico de Argentina, el apoyo público a Tito Asfura y numerosas declaraciones apoyando a estos líderes, la influencia de Trump parece evidente.

Y la situación todavía puede cambiar. En 2026, Brasil, Colombia, Perú, Costa Rica y Haití vivirán periodos electorales que serán centrales para observar si esta tendencia hacia la nueva derecha termina por afianzarse en el continente o no. En parte, dependerá de si este movimiento se ve respaldado por resultados visibles y cambios reales, concretamente, en la lucha contra el crimen organizado y en el desarrollo económico.

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