Rusia contra Napoleón

Rusia contra Napoleón

EDITORIAL

TÍTULO ORIGINALRussia Against Napoleon

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNBarcelona (2025)

Nº PÁGINAS928 págs.

PRECIO PAPEL44 €

GÉNERO

Rusia contra Napoleón es una obra histórica monumental que no solo se ocupa de la desastrosa campaña napoleónica en Rusia en 1812. Presta especial atención a los antecedentes, con la paz impuesta a los rusos por una Francia victoriosa en 1807, así como a la frágil alianza posterior, y da una especial importancia a la participación rusa en las campañas europeas de 1813-14, determinantes en la caída del emperador francés.

Dominic Lieven es un historiador británico del Trinity College de Cambridge y descendiente de una familia de la nobleza germano-báltica, establecida en las actuales Letonia y Lituania. Los Lieven participaron activamente en la administración, el ejército y la diplomacia durante el reinado del zar Alejandro I, vencedor de Napoleón. Estos antecedentes personales son esenciales para comprender este libro. Según el autor, la Rusia de Alejandro I formaba parte de las naciones europeas, aunque era muy distinta de las hegemónicas Francia y Gran Bretaña.

El carácter europeo de la Rusia de entonces queda recalcado en el subtítulo –La batalla por Europa–, con el que Lieven pretende subrayar que el zar Alejandro I contribuyó decisivamente a salvar a Europa del dominio napoleónico. Por eso, el gran protagonista de este libro es, ante todo, el zar, no sus generales. Frente al mariscal Kutúzov –elevado por Tolstói a la categoría de héroe en Guerra y paz por su resistencia a la invasión francesa–, Alejandro I es el salvador de Europa porque lleva la guerra contra Napoleón hasta Alemania y Francia, en contra del parecer de jefes militares como el propio Kutúzov, que consideraban suficiente haber expulsado de Rusia al enemigo.

Lieven sale al paso de la idea de “guerra popular” en la campaña de 1812, mitificada por el régimen soviético, y relativiza además el papel del “general invierno”. De ahí que la campaña de Rusia resulte, desde la percepción del autor, un episodio más, aunque ciertamente espectacular y decisivo, de la guerra de las potencias europeas contra Napoleón. Alejandro I no se contenta con expulsar a los franceses de Rusia, sino que está convencido de que la paz y la seguridad en Europa pasan por el fin de la Francia napoleónica.

El autor convierte, por tanto, a la Rusia zarista en salvadora de Europa. Pero conviene tener en cuenta que esa Rusia no se parece al Imperio de una nación ortodoxa, que se consideraba heredero de Bizancio. Es la Rusia de Alejandro I, con sus diplomáticos y jefes militares, entre los que hay alemanes, británicos o monárquicos franceses. El propio Alejandro se sentía identificado con los ideales de la Ilustración, pero estos ideales y sus simpatías personales no influyeron en la política interna de Rusia. Antes bien, el zar se aferraría al statu quo social y político como modo de salvaguardar su régimen autocrático, de modo que Europa occidental evolucionaría al margen de Rusia.

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