La emoción del directo

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Los «media events» en TV
Por un conservador afán de explotar el éxito, las televisiones generalistas en Europa se dedican a copiarse fórmulas que aseguren buenos índices de audiencia. Este mimetismo hace que algunos géneros más arriesgados tiendan a desaparecer. Pero, frente al conservadurismo de la programación enlatada, vuelven a cobrar fuerza las retransmisiones en directo. Esta vez gracias a un género que los especialistas llaman «acontecimientos mediáticos» (media events), como han podido ser en los últimos meses las exequias de Lady Di y de la Madre Teresa de Calcuta, las manifestaciones contra ETA en España o el viaje de Juan Pablo II a Cuba.

La televisión nació en directo. Hasta la llegada del magnetoscopio, no se podían realizar programas de otra manera. Además, salvo que estuvieran rodados en formato cinematográfico (es decir, en soporte celuloide), una vez transmitidos no quedaba de ellos otra constancia que los guiones y la nostalgia de los telespectadores.

La retransmisión en directo, ya se trate de hechos informativos o de acontecimientos deportivos, artísticos o de otra índole, siempre ha despertado especial fascinación. El directo pasa por ser el «específico televisual», lo que crea la magia de la televisión al ponernos en contacto con la realidad mientras está sucediendo. Es lo que marca la diferencia entre lo que alguien nos cuenta y lo que sucede ante nuestros ojos. «El directo -dice Danielle Barbière- no es una representación a la que asistimos, ni menos una representación de acontecimientos verdaderos que nos vienen dados; asistimos a los acontecimientos mismos, directamente, inmediatamente».

La experiencia de no estar allí

La fuerza de esa simultaneidad, la frescura de la imagen en directo, su sentido de veracidad, dan carta específica al directo en la televisión. En la oferta televisiva de hoy, el directo encuentra sobre todo su exaltación en lo que se denomina media events. Con estas transmisiones excepcionales, la programación cobra lozanía y rompe su encorsetamiento.

Los media events, aclaran los especialistas Elihu Kantz y Daniel Dayan, no se refieren a retransmisiones en directo de hechos imprevistos y espectaculares. «Nos referimos, más bien, al ‘directo’ de situaciones relacionadas con ceremonias, en las que todo está previsto anticipadamente y que gozan de gran popularidad. Por poner un ejemplo, no tanto el asesinato de Kennedy como sus funerales. Situaciones, por tanto, muy particulares, en las que viene exaltada la capacidad de la tecnología televisiva de transmitir palabras e imágenes a todo el mundo y simultáneamente» (Media events: l’esperienza di non essere lì). Quienes participan en todo el mundo de estas retransmisiones tienen al mismo tiempo la sensación de estar viviendo directamente un momento histórico.

El consumo de estos media events es un consumo irregular de televisión. El espectador mantiene ante ellos una disposición diferente de la normal. El tiempo no cuenta. El ritmo cotidiano, la liturgia del consumo diario de televisión se interrumpe. No hay «tiempo de ocio» para dedicar al acontecimiento, ni el espectador se aplica a ver un programa estándar del que ya conoce de antemano su duración, como hace otros días. Por el contrario, participa de alguna manera de la emoción del evento y lo sigue sintiéndose espectador privilegiado y testigo histórico de un acontecimiento singular.

Los media events son acontecimientos de interés mundial, producidos casi siempre por una televisión o un pool de televisiones del país en que va a tener lugar el evento. Normalmente se encargan de ellos las televisiones públicas, que, por el principio de «servicio público» que las caracteriza, suelen ofrecer las imágenes incluso a la competencia. Así el acontecimiento se emite por casi todos los canales, lo que lo convierte en un programa insólito. La variedad está en el tiempo que cada uno dedique a la emisión y en el enfoque que le dé cada comentarista.

Un puesto especial en la programación

Por otra parte, al ser acontecimientos preparados de antemano, los media events generan ya de por sí una información anterior y complementaria, que da lugar a programas informativos especiales dentro de la parrilla de programación.

Las exequias del Rey Balduino, las bodas reales, o las honras fúnebres de Lady Di o de la Madre Teresa de Calcuta, demuestran la fuerza de estos media events, que tienden ya de por sí a congregar más audencia potencial que la acostumbrada.

Por otra parte, el ritual televisivo se impone al protocolo, pues el hecho de saber que la ceremonia será retransmitida le confiere un sentido diferente desde su preparación.

El hecho de que este tipo de acontecimientos necesite una logística especial, desde el punto de vista de la producción televisiva, y una realización complicada, en términos de tecnología, convierten también a los media events en hitos televisivos.

La programación los acoge de una manera especial. Se rompe el flujo habitual, y el evento, con su propio ritmo, es el que manda en la emisión. Las imágenes del acontecimiento serán repetidas innumerables veces dentro de otros programas informativos y un resumen doblará el interés del público, que, gracias a un montaje bien tejido, podrá reparar en aspectos que antes le habían pasado inadvertidos.

José Angel Cortés

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