Tercera visita de Juan Pablo II a Croacia

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Viena. Del 5 al 9 de junio de 2003, Juan Pablo II visitará por tercera vez Croacia, donde ya estuvo en 1994 y en 1998. Croacia es un país tradicionalmente católico, candidato al ingreso en la UE y que está dejando atrás su separación traumática de la antigua Yugoslavia.

En 1994, Juan Pablo II conmemoró en Zagreb los trece siglos de adhesión de los croatas -primer pueblo eslavo convertido al cristianismo- a la cátedra de Pedro. Fue una rápida visita, más que nada para consolar a un pueblo que había sufrido una dura guerra (1991-1992): el Pontífice hubiera deseado ir antes, pero incluso en ese año de 1994 una cuarta parte del territorio de Croacia estaba ocupado por los serbios, y la guerra continuaba en Bosnia y Herzegovina.

Después de que Croacia recuperara en 1995 por las armas la mayor parte de los territorios ocupados, y de que al año siguiente la OTAN -con el consentimiento de la ONU- pusiera fin a la guerra en Bosnia y Herzegovina, Juan Pablo II pudo hacer una visita más detenida a Croacia en octubre de 1998. Durante esta visita beatificó a Alojzije Stepinac (1898-1960), cardenal mártir del comunismo. El Papa quiso subrayar que la beatificación de Stepinac no significaba un reproche para nadie, sino «un símbolo de un pueblo que quiere perdonar y reconciliarse, purificando la memoria del rencor y venciendo el mal con el bien».

Juan Pablo II visita de nuevo el país cuando ya el trauma de la guerra se va alejando. Croacia se ha estabilizado económica y socialmente. Ha presentado su candidatura al ingreso en la UE y espera estar en condiciones de entrar en 2007. La renta per cápita pasó de 4.392 dólares en 1996 a 4.550 en 2001. En porcentaje del PIB, el sector de servicios representa el 58%, la industria el 32,7% y la agricultura el 9,3%. En 2001, la esperanza de vida era de 73 años para las mujeres y de 69 para los varones

En el ámbito político la «transición» es aún ciertamente inmadura. Tras los gobiernos relativamente autoritarios del presidente Franjo Tudjman (1990-1999), la mayoría del electorado sigue siendo partidario de una política patriótica (según las variantes, podría calificarse de populista e incluso nacionalista), pero no existen líderes políticos que aúnen estas tendencias. En consecuencia, tras la muerte de Tudjman se han formado gobiernos de coalición de múltiples partidos de centro e izquierda.

La República de Croacia, independizada en 1991 de Yugoslavia, tiene 56.538 kilómetros cuadrados y 4,4 millones de habitantes según el censo de 2001. Casi el 88% de los habitantes de Croacia son católicos, el 4,42% ortodoxos (de ellos 40.400 serbios), el 1,28% musulmanes y el 0,56% pertenece a otras comunidades religiosas; 5,2% se declaran agnósticos o ateos. El principal efecto demográfico de la guerra fue el éxodo de la población serbia que habitaba la deprimida región de Lika y Kordun, y la llegada de un número menos elevado de croatas y musulmanes de Bosnia y Herzegovina.

Los destrozos de la guerra

Para el episcopado croata la prioridades pastorales más urgentes son las vocaciones sacerdotales y la renovación cristiana de la familia. En las regiones más afectadas por la guerra, Eslavonia oriental y sobre todo la montañosa y casi despoblada región de Lika y Kordun -corazón de lo que los serbios rebeldes llamaron «Krajina», hoy en buena parte desierta o habitada por refugiados de Bosnia-, el trauma aún permanece. Hay cientos de iglesias destruidas, paisajes sin un alma y, sobre todo, almas destrozadas, porque, como ha declarado el obispo de Gospic, la guerra ha destrozado las casas, pero aún más a las personas.

Uno de los grandes méritos de los croatas ha sido su fidelidad al Papa en los periodos difíciles de su vida nacional. Ahora llega el momento de aplicar la misma fidelidad en la vida ordinaria, cuando no existe el peligro de persecuciones violentas. Los croatas, como otros pueblos de profundas raíces cristianas que vivieron al otro lado del telón de acero, tienen un gran mérito, pero también el peligro de dar por supuesto su carácter cristiano.

Ciertamente son numerosos los bautismos de adultos; es frecuente la asistencia a misa y la práctica de la confesión sobre todo en los momentos tradicionalmente recomendados (Navidad y Pascua). La devoción a la Eucaristía, a la Virgen y al Papa son columnas que han sostenido la vida cristiana de este y otros pueblos europeos en medio de la persecución. Esto quedó solemnemente proclamado en 1998 con la beatificación del cardenal Stepinac. Las nuevas beatificaciones, y la visita papal en su conjunto, resaltarán la necesidad de engarzar el cristianismo con la vida cotidiana en el nuevo sistema social y económico liberal.

En este viaje el Papa beatificará en la ciudad de Dubrovnik a Marija Petkovic, la primera mujer croata que recibe este título. Nacida en 1892 en la isla Korcula, en la costa dálmata, sexta hija de una familia con trece hijos, fundó la Asociación de las Hijas de la Misericordia, dedicada a atender a niños, enfermos y pobres, que se extendió a Hispanoamérica. Murió en Roma en 1966.

Próximo viaje a Banja Luka

Dos semanas más tarde, el 22 de junio, Juan Pablo II beatificará en Banja Luka, capital de la República Serbia de Bosnia, a Ivan Merz, el primer laico croata que subirá a los altares. Nacido en Banja Luka en 1896, Merz estudió filosofía en Viena y participó en la Primera Guerra Mundial. Mientras se encuentra en Francia para terminar sus estudios, visita Lourdes y experimenta una conversión que le lleva a entregarse a Dios. Instalado en Zagreb enseña francés y alemán, y se ocupa de la formación cristiana de la juventud, a la que logra entusiasmar. Muere en Zagreb en 1928, a los 32 años, con fama de santidad.

La República Serbia (Republika Srpska) ocupa, conforme a los acuerdos de paz de Dayton, el 51% del territorio de Bosnia y Herzegovina. De momento, los serbios no han cumplido los compromisos que exigían permitir el regreso de los musulmanes y croatas expulsados durante la guerra. La presión internacional ha impedido que formalicen la unión con Serbia.

En Banja Luka hay 45.000 católicos. En toda Bosnia-Herzegovina, los 450.000 católicos no pasan del 9% de la población. Juan Pablo II ha querido acompañar a unos católicos que han sufrido once años de violentas persecuciones y que viven en un pseudoestado que pretende representar sólo a los serbios y que sigue sin permitir el regreso de los refugiados. Juan Pablo II quiere honrar la figura del obispo de Banja Luka, Mons. Franjo Komarica, pacificador e impulsor de la reconciliación, aun a riesgo de que croatas y musulmanes puedan interpretar esa visita a Serbia como un reconocimiento del Papa a la línea seguida por las autoridades políticas serbias.

Santiago Mata

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