Caso Williamson: en Alemania no todo el mundo critica al Papa

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Colonia. En Alemania, el “caso Williamson” está tomando cada vez más carácter de culebrón político. Mientras que los sospechosos habituales siguen atacando al Papa -por ejemplo, el antiguo vicepresidente del Consejo Judío de Alemania, Michel Friedman, ha tildado al Papa de “mentiroso e hipócrita”-, ahora es la canciller Angela Merkel la que se encuentra en el blanco de las críticas.

Merkel exigió el 3 de febrero que el Papa esclareciera que no es posible el negacionismo del Holocausto (un supuesto que, por otra parte, en Alemania está tipificado como delito). Y es que uno de los cuatro obispos de la Hermandad de San Pío X, a quienes -a petición del superior de dicha hermandad, Bernard Fellay- el Papa levantó la excomunión, el británico Richard Williamson, había negado la existencia del Holocausto y de las cámaras de gas en una entrevista con una cadena sueca de televisión, que se emitió -hecho casual o quizá no-, el 21 de enero, el mismo día en que el Papa firmaba el decreto que levantaba la excomunión.

Sin embargo, Benedicto XVI pronunció ya el 28 de enero, en la audiencia general, palabras de una claridad difícilmente superable: “Mientras que vuelvo a expresar de todo corazón mi completa e incondicional solidaridad con nuestros hermanos, portadores de la primera Alianza, deseo que la shoah incite a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal, cuando toma posesión del corazón del hombre. Que la shoah sea, para todos, una advertencia contra el olvido, contra el negacionismo o el reducionismo”.

Por supuesto que nadie pretende afirmar -de “absurdo” lo califica Daniel Deckers en el Frankfurter Allgemeine Zeitung– que el levantamiento de la excomunión al obispo lefebvriano Williamson sea una prueba del antisemitismo romano o papal; sin embargo estos últimos días se ha creado en Alemania un ambiente en el que -según comentaba Heinz-Joachim Fischer, el corresponsal del mismo diario en Roma- “se hace sospechoso cualquiera que no se altere o encolerice con el Papa, por haber levantado, en su Iglesia, una excomunión… aunque sea la de un revisionista”.

Mientras que Fischer aduce este argumento intra-eclesiástico, el debate toma un cariz nuevo en el momento en que la canciller interviene en él: “Con sus declaraciones, la canciller no solo se sitúa -así comenta el Corriere della Sera milanés, el día 4- a la cabeza de los críticos del Vaticano, que tanto se han multiplicado en Alemania durante los últimos días, sino que ha llevado una cuestión religiosa al campo político”. Ante la injerencia de la jefa del ejecutivo alemán, el Vaticano reaccionó con incomprensión. Después de una conversación mantenida durante la audiencia general del miércoles 4 de febrero, Georg Brunnhuber -parlamentario del Bundestag por el partido cristiano-demócrata CDU- declaró a Financial Times de Alemania que el Papa se mostró horrorizado por la reacción que se había producido en su país: “En el Vaticano se tiene la impresión de que están saliendo a la superficie todos los resentimientos anticatólicos que estaban dormidos”.

Brunnhuber no ha sido el único político en declarar que “el Papa sabe lo que hace”, como se expresó el conocido parlamentario cristiano-social (CSU) Norbert Geis, para concluir que Angela Merkel se había equivocado al hacer esas declaraciones. Frente al diario Mitteldeutsche Zeitung, Geis continuaba: “Al parecer, no estaba informada de que el Papa ya había hecho una declaración clara el miércoles pasado”. Otro miembro del Bundestag, Bernd Posselt, rogó a la canciller que no quisiera hacer de “maestra del Papa”; que si bien se han de solucionar ciertos problemas en la curia romana, eso no es de la incumbencia de Merkel: esta debería “ocuparse más bien de que en la coalición de Gobierno en Berlín se tuvieran más en cuenta principios cristianos, cosa más que necesaria en la política social y familiar, en la protección de la vida y en la bioética”.

Imputaciones maliciosas”

Sin embargo, el político de mayor rango que ha intervenido en el debate es el presidente del Bundestag, Norbert Lammert -protocolariamente, el segundo cargo público en Alemania, después del Presidente de la República, y por delante del (o de la) Canciller-. En una entrevista concedida a la edición online del diario Hamburger Abendblatt, Lammert decía: “Las imputaciones que se hacen ahora al Papa son sencillamente maliciosas o, en cualquier caso, poco honradas”. Preguntado por su opinión sobre la intervención de la canciller, Lammert dijo: “Lo que no supone ayuda alguna para solucionar el problema es exigir públicamente al Vaticano cómo ha de comportarse”.

Con su injerencia, Merkel ha provocado un rechazo no solo entre políticos, sino también en un buen sector de la prensa; así, en un periódico liberal y nada sospechoso de defender a la Iglesia como Die Zeit, Ludwig Greven escribía en un artículo de opinión: “Por supuesto que los alemanes y el gobierno alemán son especialmente sensibles cuando se trata de negar el genocidio de los judíos, pues esos crímenes de lesa humanidad los llevaron a cabo, en definitiva, alemanes y en nombre de Alemania; por tanto, negar el holocausto en nuestro país está penado como delito; por ello se excitan e irritan sobre todo cristianos alemanes por esta decisión -obviamente equivocada- de Benedicto, porque es un ‘Papa alemán’. Sin embargo, se trata de una decisión interna de la Iglesia, en la que la política no debería injerirse. Además, las declaraciones de la canciller tienen bastante poco valor, porque el debate hace ya tiempo que se está manteniendo. A su vez, esto significa: no solo son inoportunas, sino además completamente innecesarias”.

No sorprende, pues, que también en la población la opinión esté claramente definida: una encuesta del diario Die Welt (con toda la precaución que ha de tenerse en dichas encuestas online) arroja un resultado diáfano: mientras que para un 35 % “es importante que la canciller tome postura”, el 65 % vota por la respuesta: “Merkel no debería entrometerse”.

Por todo esto, tampoco sorprende que Angela Merkel se haya apresurado -en la tarde del 5 de febrero- a elogiar el esclarecimiento llevado a cabo por parte del Vaticano. Así, en una declaración, la Secretaría de Estado manifestaba: “El obispo Williamson tendrá que distanciarse públicamente, de un modo absolutamente inequívoco, de sus posiciones en relación con la shoah, para obtener en la Iglesia la admisión al episcopado”. Angela Merkel calificó dicha declaración de “importante y buena señal”.

Ahora bien, con esa satisfacción por parte de la canciller parece no haberse acabado el “caso” para la política. Apenas informaba la radio WDR sobre las nuevas declaraciones de Merkel, saltaba a la palestra una política de la oposición, la “verde” Renate Künast, para manifestar que la Canciller reaccionaba sencillamente no por interés, sino por el ambiente reinante en la población. Estamos en plena campaña electoral: el próximo Parlamento (Bundestag) se elige el 27 de septiembre.

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