El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan, ha anunciado un proyecto de ley para restringir el aborto, actualmente libre en las diez primeras semanas de embarazo y permitido después por peligro grave para la madre. El gobierno pretende reducir el plazo a ocho semanas y limitar los motivos médicos a los casos realmente urgentes.
“Considero el aborto un crimen –dijo Erdoğan–. Nadie tiene derecho a autorizar la muerte de un niño, sea en el vientre de la madre o después del nacimiento”.
La tase de abortos en Turquía está en unos 205 por mil nacidos vivos (2008), algo menos que en España (219) en el mismo año.
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Erdoğan también habló contra la proliferación de cesáreas, que han pasado del 14% de los partos en 1998 al 46% en 2010. La OMS estima que la proporción normal está en el 5-15%, y el colegio turco de ginecólogos y obstetras reconoce que se abusa de la cesárea. El ministro de Sanidad, Recep Akdag, lo atribuye –dice la corresponsal de La Croix– a la comodidad de los médicos y al interés de los hospitales privados, que con la cesárea cobran más.
Erdoğan, por su parte, añade que el exceso de cesáreas es también “un procedimiento para reducir y controlar la población”, porque pueden dificultar partos ulteriores. El caso es que la fecundidad en Turquía ha bajado de 3.14 hijos por mujer en 1980 a 2,11 en 2009. El primer ministro anima desde hace tiempo a los matrimonios a que tengan por lo menos tres hijos.