SIDA: Las campañas nunca intentadas

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Duración lectura: 3m. 8s.

Reducir la prevención del sida y otras enfermedades de transmisión sexual a la promoción del preservativo resulta ineficaz, según muestra la experiencia. Hace falta un cambio de estrategia, dice en “Diario Médico” (25 noviembre 2005) José Jara Rascón, médico y vicepresidente de la Asociación de Bioética de la Comunidad de Madrid.

El autor recuerda que el Ministerio de Sanidad español ha montado varias campañas para promover el uso del preservativo; la última, hace un año, costó 1,4 millones de euros. Pero entre los jóvenes, principales destinatarios de estas campañas, la situación ha ido a peor. En España, los embarazos en menores de 21 años vienen siendo unos 43.000 al año. Entre las embarazadas menores de 19 años, la tasa de abortos ha pasado del 20% en 1990 al 44% diez años después.

Escribe el Dr. Jara: “La promoción del preservativo como única medida propuesta no parece ser capaz de solucionar totalmente estas situaciones, ya que según datos del Hospital de Badalona, pionero en dispensar anticoncepción postcoital gratuitamente en España, el 79% de los casos atendidos por esta causa refieren rotura o deslizamiento del preservativo durante las relaciones sexuales, lo que obliga a plantear una duda sobre los datos manejados habitualmente en cuanto a la eficacia de este método de barrera, sobre todo entre los adolescentes”. Además, entre los jóvenes se sigue detectando rechazo a usar el preservativo, por razones diversas.

“¿Qué más se puede hacer entonces? A pesar de las campañas ya realizadas, el número de embarazos no deseados es muy elevado y la cifra de abortos se sitúa en torno a 80.000 nuevos casos por año, de lo que no creo que nadie se pueda sentir orgulloso. La disponibilidad de la píldora del día después tampoco ha disminuido esta cifra, y el 28% de los contagios de sida ya se están produciendo por vía sexual, aumentando de forma paralela también otras infecciones de transmisión sexual. Ponderando estos datos, parece indudable que deberíamos buscar nuevas estrategias de prevención”.

Jara sugiere adoptar las recomendaciones del consenso internacional sobre prevención del sida, propuesto el año pasado (ver Aceprensa 154/04). Así, “a las estrategias de promoción del preservativo habría que sumar mensajes favoreciendo la fidelidad de pareja en aquellas personas que mantienen relaciones estables, y la abstinencia en las relaciones ocasionales de riesgo, que podrían ser consideradas como sexo compulsivo o irresponsable, favoreciendo también el retraso en la precocidad de las relaciones sexuales plenas entre los adolescentes, y deslindando estas relaciones del consumo de drogas o alcohol, situaciones en las que se es menos consciente de las posibles repercusiones”.

“Este mensaje ha sido considerado “a priori” como no factible o moralista en ambientes tanto políticos como sanitarios de nuestro país, pero también lo defienden entidades nada sospechosas de sesgos ideológicos como el Comité para la Adolescencia, de la Academia Americana de Pediatría, y ha sido considerado como una propuesta razonable por la Agencia de Protección de Salud (HPA) británica este año. Por ello, y teniendo en cuenta que nos encontramos ante un amplio problema de salud sin resolver, con un tremendo coste en repercusiones sobre la salud y la trayectoria biográfica de las personas, deberíamos quizá desideologizar esta nueva alternativa.

“Promover la abstinencia y la fidelidad con fines sanitarios no necesita una estrategia muy diferente de la seguida ante otros problemas como el tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol. Basta con explicar las repercusiones sobre la salud que se pueden derivar del uso inapropiado del sexo, educar en el autocontrol y crear un ambiente social favorable”.