El sector de la atención a personas dependientes mueve en España miles de millones al año, pero sigue siendo, para muchas familias, un territorio de incertidumbre. Según el Instituto Nacional de Estadística, más de un millón y medio de personas tienen reconocida algún grado de dependencia en el país, y la demanda de cuidados a domicilio no deja de crecer. Custodes, una empresa madrileña fundada en 2024, intenta cambiar eso desde abajo.
David De La Guía y Martín Grande son abogados de formación, pero llevan dos años dedicados a algo bien distinto: encontrar el cuidador adecuado para cada familia que se enfrenta a la dependencia de un ser querido. La idea tomó forma durante un Camino de Santiago, donde David se hizo una pregunta que terminaría cambiando el rumbo de su carrera: “¿Qué huella quiero que deje mi trabajo?”. Su socio Martín compartía ese mismo punto de inflexión, por lo que, tras barajar varias ideas, terminaron decantándose por el cuidado de personas dependientes: un sector en pleno crecimiento que, según su experiencia, seguía dejando mucho margen para mejorar la calidad del trato. En octubre de 2024 nació Custodes.
Antes de dar el salto, David se informó a fondo sobre cómo trabajaban otras empresas del sector. Tuvo además la suerte de contar con una persona de confianza que le sirvió de mentor en los primeros pasos: “Nos ahorró dar pasos en falso”, reconoce. “Uno empieza un poco a ciegas, y tener a alguien que ya conoce el terreno vale mucho”. El aprendizaje, en cualquier caso, no se detuvo ahí: buena parte de lo que saben lo han ido incorporando sobre la marcha, caso a caso.
La empresa ofrece atención a domicilio para personas mayores y dependientes, pero su propuesta va más allá de la simple intermediación laboral. Cuando una familia contacta con ellos, lo primero es una conversación detallada: qué necesita el usuario, cómo es su vida diaria, cuál es su estado físico y emocional, cómo está la casa, etc. A partir de ese diagnóstico, Custodes selecciona al profesional que mejor encaja y, antes de que empiece, organiza una entrevista presencial. La familia no contrata a un desconocido; conoce a la persona que va a entrar en su hogar: “No nos la queremos jugar”, explica David. “Queremos que haya una base muy sólida: que el cuidador sea un diez”.
Cada jueves, lo mejor de Aceprensa en una newsletter gratuita.
Más allá del auxiliar de geriatría
El perfil de los usuarios que atienden es deliberadamente amplio. Personas mayores con distintos grados de dependencia, pero también usuarios con autismo, párkinson u otras condiciones que requieren un acompañamiento sociosanitario específico: “No estamos cerrados a nada ni a nadie”, subrayan. Según lo que cada caso exija, movilizan cuidadores con formación en FP sociosanitaria, pero también logopedas, fisioterapeutas o enfermeros. La titulación importa, aunque no siempre es imprescindible; lo que nunca es negociable es la actitud.
Los cuidadores llegan a través de varias vías: por ejemplo, la Fundación Senara, Cáritas o el Centro de formación MOPE, con las que mantienen conversaciones para seleccionar alumnos de sus cursos sobre dependencia. Antes de incorporarse, todos pasan por una entrevista y se verifican sus referencias. A medio plazo, David y Martín tienen previsto organizar conferencias y charlas formativas para sus profesionales, con ponentes externos que refuercen el componente humano del cuidado, esa dimensión que, insisten, no siempre se trabaja suficientemente en la formación reglada. La profesionalización del sector, sostienen, no es solo una cuestión de titulaciones: es la manera de garantizar que el trato sea digno y consistente.
Custodes funciona como intermediaria entre familias y trabajadores: gestiona toda la parte laboral y cobra una cuota mensual por ello; los trabajadores no pagan por estar en la plataforma
El modelo: intermediación con seguimiento
Custodes funciona como intermediaria entre familias y trabajadores: gestiona toda la parte laboral –contratos, nóminas, altas en la Seguridad Social– y cobra una cuota mensual por ello. A las familias se les presentan habitualmente dos o tres candidatos para que sean ellas quienes elijan. Los trabajadores no pagan ninguna cuota por estar en la plataforma.
El seguimiento no termina cuando el cuidador empieza. Custodes mantiene el contacto para ver cómo evoluciona la situación, gestiona las incidencias y, si es necesario, facilita el cambio de profesional. Es ese acompañamiento continuo el que más valoran quienes han recurrido a ellos: “Algunas familias nos han agradecido especialmente el seguimiento. Han visto que los problemas se solucionan, que pueden comunicarse con libertad, y eso les da tranquilidad”. Para las familias con menos recursos, además, Custodes les ayuda a navegar las ayudas públicas disponibles: muchas de ellas no saben, por ejemplo, que la Comunidad de Madrid ofrece un cheque-servicio de atención a domicilio, y orientarlas en ese trámite forma parte también de su trabajo. En el fondo, resume Martín, el objetivo es sencillo: “Que traten a la persona como nos gustaría que nos tratasen a nosotros”.
Construyendo presencia en el sector
Llegar a las familias que necesitan sus servicios ha requerido moverse. Al boca a boca inicial le siguió una ronda de visitas a farmacias, centros de día y residencias del entorno, además de presencia en redes sociales y en su página web. También establecieron contacto con la Clínica Universidad de Navarra y comenzaron a ofrecer acompañamiento hospitalario, un servicio que siguen prestando y que les ha abierto puertas. Es precisamente en el ámbito residencial donde detectan una de las mayores oportunidades: la saturación de muchas residencias lleva a familias a buscar un profesional de confianza que esté de manera estable junto a su familiar.
En dos años de actividad, Custodes ha atendido a unas diez familias, con alrededor de veinticinco servicios en total. Son cifras aparentemente modestas, pero los dos fundadores no hablan de ellas con resignación: “El día a día es lo que más me llena”, dice David. “Que las familias me digan que todo está perfecto, que no hay ningún problema. Sentir ese agradecimiento”.
Una de las realidades que más han aprendido a gestionar es la incertidumbre. El estado de salud de los usuarios puede cambiar de golpe, sin aviso: hay situaciones que se estabilizan durante meses y otras que se precipitan en cuestión de días. Hay casos que van más allá del agradecimiento. Martín recuerda a una mujer cuyo marido emprendió una cuesta abajo en su condición: depresión severa, sin querer comer, sin querer nada. Ellos enviaron a la mejor cuidadora que tenían: “Solamente con el tacto de ella mejoró”, recuerda. “Son situaciones que marcan mucho”.
Una apuesta a largo plazo
De cara a los próximos años, además de consolidar su presencia en el acompañamiento hospitalario y explorar el ámbito residencial, Custodes quiere abrir una sede física que les permita ampliar el equipo y mejorar la coordinación. A más largo plazo, no descartan establecer colaboraciones con fundaciones del sector. Son objetivos ambiciosos para una empresa joven, pero David y Martín los plantean con los pies en el suelo: saben que el sector del cuidado tiene sus fragilidades, y las conocen de primera mano. Entre ellas, la incertidumbre del estado de salud de los usuarios, la irregularidad de las jornadas, la dificultad para retener a buenos profesionales. No son obstáculos que hayan descubierto en los libros, sino realidades con las que lidian cada semana.
Lo que les ha permitido avanzar, dicen, es precisamente no haber intentado crecer demasiado deprisa. Empezaron casi a ciegas, aprendieron de quien sabía más que ellos, y fueron construyendo sobre lo que funcionaba: “El estado de salud es algo incierto y uno tiene que aprender a lidiar con eso”. dice David. No tienen todas las respuestas y reconocen que aún queda mucho por delante, pero la pregunta que se hizo en el Camino de Santiago sigue siendo la que orienta cada decisión.