Políticas demográficas y concepción de la persona

Los estudios del premio Nobel de Economía 1998, Amartya Sen, han mostrado que las hambrunas sólo suelen producirse en regímenes no democráticos (ver servicio 149/98). La concepción que se tenga de la persona y de sus derechos influye también en las políticas demográficas, según expone en un artículo aparecido en Le Monde (28-X-98).

Entre los países en desarrollo, China se ha distinguido por usar la coerción para rebajar la tasa de renovación de la población, imponiendo la “política del hijo único” y, más en general, condicionando la seguridad social y los derechos económicos (entre ellos, la vivienda) al respeto de las reglas gubernamentales sobre el número de hijos, sin preocuparse de la suerte horrible de los hijos de familias numerosas. Estas estrategias inflexibles cuentan con muchos admiradores. Ciertamente, la tasa de natalidad china ha bajado; el último censo sistemático la sitúa en torno a 21 por mil, mucho más baja que el 30 por mil de la India o el 38 por mil de otros países pobres.

Las tentación de imponer un control obligatorio de natalidad surge cuando un gobierno tiene prioridades distintas de las familias. Tal divergencia puede tener graves consecuencias. Así, es verdad que China ha alcanzado una tasa de natalidad comparable a la del Estado indio de Kerala. Pero uno de los efectos de la política coercitiva oficial ha sido el drástico aumento de la tasa de mortalidad de las niñas chinas, sin comparación con la situación de Kerala. La “preferencia masculina” tradicional parece haber provocado a menudo reacciones extremas ante las medidas obligatorias de control de natalidad, entre ellas el aumento del infanticidio femenino o el descuido de la educación de las niñas. Estos horrores resultan del hermetismo de una sociedad en que la reducción de la natalidad se obtiene sin un debate abierto y civilizado de las necesidades personales y económicas.

Los derechos políticos importan no sólo para la satisfacción de las necesidades, sino también para su expresión. Y esta idea nos remite, en último término, al respeto que nos debemos en tanto que seres humanos. En Taking Leave, el escritor y hombre público William Cobbet observaba que “a menudo se oye tratar a las clases obreras como ‘población’ igual que se designa a los animales de una granja con el término ‘ganado'”. La importancia de los derechos políticos en la comprensión de las necesidades económicas resulta, en definitiva, de cómo miramos a las personas; de si las vemos como individuos dotados de la capacidad de ejercer derechos, y no como unidades de “ganado” o de “población” que existen pasivamente y de los que es preciso ocuparse. Lo que cuenta, en realidad, es la mirada que nos dirigimos unos a otros.

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