El 41% de los inmigrantes en Francia han adquirido la nacionalidad

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Duración lectura: 4m. 22s.

La violencia callejera de jóvenes de familias inmigrantes en Francia ha revelado una peligrosa falta de integración en la sociedad. Al mismo tiempo, un estudio que acaba de publicar el Instituto Nacional de Estadística francés (INSEE) muestra que cada vez más inmigrantes piden la naturalización y que esto refuerza sensiblemente sus oportunidades de empleo.

El estudio, publicado en “France, portrait social”, se basa en el seguimiento de 21.000 inmigrantes, censados desde 1968 a 1999. Su conclusión es que cuando un inmigrante adquiere la nacionalidad francesa, sus oportunidades de empleo son 24 veces superiores en el caso de los hombres y 23 veces para las mujeres. Aunque la naturalización no suprime automáticamente la discriminación laboral de la que se quejan los inmigrantes, atenúa sus efectos. Entre otras cosas porque es una puerta de entrada a los empleos reservados a los franceses en la función pública, aunque la exigencia de nacionalidad ha desaparecido en parte. Otro estudio sobre la diversidad del reclutamiento en la función pública revela que un 4,1% de la muestra de funcionarios tiene un pariente inmigrante.

En Francia las adquisiciones de nacionalidad han tenido un fuerte aumento: de 92.410 en 1995 a 144.640 en 2003. De los 4,5 millones de inmigrantes residentes en Francia en 2004 (el 9,6% de la población), el 41% han adquirido la nacionalidad. Para obtener la nacionalidad se exige un periodo mínimo de residencia de cinco años. El extranjero nacido en Francia de padres extranjeros puede, entre los 16 y los 21 años, elegir ser francés. Por nacimiento, el hijo tiene la nacionalidad cuando uno de sus padres es francés. El estudio del INSEE muestra que la naturalización se concede más fácilmente a los titulados de enseñanza superior, a los cuadros y a los mandos intermedios que a los trabajadores no cualificados.

En Francia, a todo inmigrante legal se le propone un curso, gratuito, de lengua francesa y de iniciación al conocimiento de la sociedad. El curso no es obligatorio, pero está muy aconsejado y permite conseguir más fácilmente el permiso de residencia. Para obtener la nacionalidad, el Código Civil exige al candidato, entre otras cosas, “un conocimiento suficiente, según su condición”, no solo de la lengua, sino también de los derechos y deberes que supone la nacionalidad francesa. Para facilitar esta tarea, en 2004 se publicó una “Guía de los derechos y deberes del ciudadano francés”, que se entrega a todo solicitante al retirar el impreso de naturalización en la prefectura. Meses después será convocado a un examen lingüístico y cívico obligatorio, en el que le pueden hacer preguntas como: “¿Qué significa para usted la igualdad entre hombre y mujer?”; “¿Quién celebra el matrimonio en Francia?”; “¿El voto es obligatorio?”.

El deseo de naturalización del inmigrante es uno de los índices de su voluntad de integrarse en el país de acogida. Pero si bien es una muestra de que quiere permanecer largo tiempo en el país, no es la única variable para medir su integración. Un estudio realizado en Francia por el demógrafo Patric Simon trató de analizar la integración de las comunidades turca, argelina, marroquí y portuguesa sobre la base de cuatro criterios: el matrimonio, la utilización de la lengua, la vivienda y la naturalización (cfr. Aceprensa 26/04).

Índices de integración

El estudio, publicado en 2004, revelaba que los matrimonios fuera de la comunidad de origen siguen siendo escasos. Entre los inmigrantes que llegaron ya adultos, el porcentaje de “uniones mixtas” es un 25% entre los originarios del África negra, un 20% entre los marroquíes y menos del 15% en las demás nacionalidades. Los que menos, los turcos con un 8%. En cuanto a los inmigrantes que llegaron a Francia siendo niños, viven en pareja mixta un 21%.

En cuanto a la utilización de la lengua, más de la mitad de los marroquíes, argelinos o portugueses que llegaron de niños hablan solo francés con su cónyuge. Para hablar con los hijos se impone el francés, salvo en el caso de los turcos, que son los más renuentes al empleo del francés. La relación de los hijos de inmigrantes con la lengua del país de origen es cada vez más distante.

Respecto a la vivienda y a los contactos entre vecinos, el 60% de los turcos se relacionan entre turcos. Los argelinos, marroquíes y originarios del África subsahariana se relacionan más fuera de su comunidad, pues su tasa de relaciones extracomunitarias está entre el 35% y el 40%. Estas relaciones dependen mucho del tipo de vivienda: la vivienda unifamiliar favorece una sociabilidad más variada que la de los bloques de viviendas sociales.

El paso más definitivo, la adquisición de la nacionalidad, lo habían dado -en las comunidades objeto de ese estudio- el 36% de los residentes en Francia. En este aspecto, van por delante los turcos con un 40%, mientras que entre argelinos y marroquíes se había naturalizado un 25%. La situación de los turcos indica que la adquisición de la nacionalidad puede ser compatible con unas relaciones sociales muy cerradas en la propia comunidad.