Los jóvenes de EE.UU. prefieren quedarse “con mamá y papá”

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Duración lectura: 2m. 25s.

Es la noticia: por primera vez desde 1880, los norteamericanos de 18 a 34 años que viven en casa de sus padres sobrepasan a los que viven en pareja, una variación que ha sido constatada por una investigación del Pew Research Center.

Los datos, de 2014 reflejan el final de una tendencia, la de vivir con el cónyuge o con una pareja romántica de cualquier otra clasificación, que tuvo su pico durante los años 60. Entonces, el 62% de los jóvenes de la mencionada franja de edad adoptaron esa modalidad de convivencia, mientras que solo uno entre cinco permanecía en la casa paterna.

En la actualidad, sin embargo, el panorama es notablemente distinto. El 31,6% de los conocidos como millennials (los nacidos a principios de los 80) viven en su propia casa, alquilada o propia, y con una pareja sentimental, mientras que el 32,1% están con sus padres. Los que viven solos son el 14%, y los que viven en cualquier otro régimen, el 22%.

Según el Pew, las formas de convivencia adoptadas por los jóvenes varían significativamente según el sexo. Los varones que viven con sus padres han sido la mayoría relativa desde 2009. En 2014, mientras el 28% vivía independiente y con su pareja, el 35% estaba en el hogar paterno (con los dos progenitores o con uno). Por su parte, la tendencia mayoritaria de las chicas es a vivir con un compañero (35%), antes que con sus progenitores (29%).

Entre los factores que contribuyen a una mayor presencia de los millennials en sus viviendas de origen, parece estar la postergación del matrimonio, cuando no el rechazo. Un estudio previo del mismo instituto de opinión reveló que uno de cada cuatro jóvenes probablemente no se casará jamás. En sintonía con ello, desde 1990 se registra una caída sustancial del número de casados de 18 a 34 años, así como de los que conviven con otra persona en unión consensual.

Otro aspecto, el económico, también se hace sentir. Los jóvenes que trabajan tienden a quedarse menos en casa de sus padres que los desempleados. Pero si en los 60 los que trabajaban eran el 84%, en 2014 constituían apenas el 71%. Lo mismo pasa con los salarios: cuanto más bajos, mayor probabilidad de que el chico no se mueva de casa. Y han descendido significativamente entre 2000 y 2010.

En cuanto al nivel educativo, del cual depende en buena medida el posterior progreso económico, el resultado es el previsible: el 36% de los que no han llegado a completar sus estudios de secundaria se mantienen en casa de sus padres, mientras que, entre los egresados de la universidad, la cifra se contrae hasta el 19%.

Por último, respecto al factor étnico, es mayor la proporción de afroamericanos e hispanos que viven con sus progenitores, en comparación con los blancos. La diferencia en este sentido es del 36% contra el 30%.