Los jóvenes suecos se apuntan a la violencia y al consumo de drogas

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La Dirección Nacional de Sanidad y Bienestar Social sueca ha publicado una estadística sobre la situación de los jóvenes en el país. Los datos sobre violencia o consumo de drogas y alcohol han hecho saltar las alarmas, y algunos han reconocido ya que la sociedad ha fracasado en su tarea de introducir a los jóvenes en el mundo adulto. El tan imitado modelo educativo sueco enseña sus desperfectos.

La encuesta ha sido comentada por Anders Calrberg, director de un centro de actividades para jóvenes, y Torbjörn Magnusson en un artículo publicado por uno de los diarios de más tirada de Suecia, el “Svenska Dagbladet” (19-06-2005). Aunque algunos datos son similares a los de otros países -el 10% de los jóvenes están insatisfechos con la vida en general; la mitad piensa que nadie escucha su opinión; el 5% de los que tienen 13-16 años han sufrido burlas, etc.-, otros son inéditos o no eran tan claros en Suecia. Por ejemplo, sigue retrasándose la emancipación: en los años sesenta, muchos jóvenes de 23 años ya eran padres; ahora, en cambio, la edad media de la primera paternidad es de 31 años. El 34% de los jóvenes de 20-23 años vive con sus padres, lo que supone un incremento del 10% desde 1997. En 1990, tenía trabajo el 75% de las personas con 20 años; ahora, ese porcentaje no se alcanza hasta los 25 años.

Las peores cifras son las de violencia y adicciones. El 90% de los estudiantes mayores de 16 años consumen alcohol de forma habitual y uno de cada seis estudiantes de bachillerato ha consumido drogas. Por primera vez en Suecia, las chicas de 15 y 16 años consumen tanto alcohol como los chicos: 3,2 litros de alcohol puro al año, lo que equivale a 64 litros de cerveza. En cuanto a la violencia, el 17% dicen haber sufrido amenazas o actos violentos durante un año y el 10%, durante más tiempo. El 15% de los estudiantes de 16 años reconoce haberse peleado, haber robado o haber sido robado, o haber discutido con la policía después de consumir alcohol. En 2003, 23.000 jóvenes de 15-20 años -el 3,5% del total- fueron juzgados en los tribunales.

Las cifras muestran con crudeza que la sociedad ha fracasado en su misión de conducir a los jóvenes hacia la madurez. Muchas de estas conductas ocasionan quiebras psíquicas y físicas en los jóvenes, además de dificultarles encontrar sentido a sus vidas. A esto hay que añadir que el 14% de los jóvenes tienen algún padre adicto a las drogas, es decir, unos 300.000 niños y jóvenes menores de 18 años conviven con la adicción en sus casas. Pero solo unos 5.000 reciben algún tipo de ayuda, a pesar de que existe un mayor riesgo de que estos jóvenes se conviertan en nuevos adictos, delincuentes o víctimas de violencias de distinto tipo.

Los autores del artículo se extrañan de que ningún partido político tenga en su programa alguna respuesta para esta situación. Aumentar la presencia de policías en la calle puede ser una buena medida pero no es suficiente. Ellos prefieren acudir a la familia. “En la sociedad de hace unos años, donde se han formado la mayor parte de los que actualmente ejercen el poder, eran los padres, los abuelos, la escuela, el lugar de trabajo quienes influían positivamente en la juventud”. Hoy los mayores han desaparecido y aunque los abuelos siguen siendo importantes, no viven cerca de los jóvenes. Muy pocos tienen contacto o una relación con gente mayor o con algún maestro que les sirva de ejemplo, de modelo de vida. Son los compañeros, los amigos, la cultura “juvenil” la que se ha hecho con el relevo de los modelos y de influencia en la vida de los jóvenes.

Algunas iniciativas han dado resultados positivos, como Kris, una asociación de ayuda a ex delincuentes y ex drogadictos que se han comprometido a abandonar la delincuencia y las drogas para “volver” a la sociedad, y que ya cuenta con varios miles de socios. También tienen muy buenos resultados varias organizaciones de padres, pero los autores animan a los servicios sociales y a la policía a que investiguen por qué las acciones de prevención no han funcionado y por qué no reciben más apoyo los proyectos e iniciativas con buenos resultados.

____________________Con informaciones de Alejandra Lemmo desde Estocolmo.

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