Las ONGs necesitan diversificar sus fuentes de financiación

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Duración lectura: 3m. 14s.

Madrid. Si algo ha quedado claro en el Encuentro sobre Entidades sin ánimo de lucro, recientemente celebrado en Madrid, es que a las organizaciones no gubernamentales, fundaciones y asociaciones del Tercer Sector aún les queda mucho camino por recorrer si quieren alcanzar el grado de profesionalización que caracteriza al sector empresarial. Y es que ya no basta el ánimo voluntarista de los comienzos como única herramienta de trabajo.

Los participantes, que han asistido a este primer encuentro con la intención de escuchar los consejos del IESE, una de las escuelas de administración de empresas más prestigiosas de Europa, se han visto también enriquecidos por las experiencias de sus compañeros de sector. Estuvieron presentes más de doscientas entidades españolas y de países como Estados Unidos, Italia o Colombia.

Uno de los principales problemas del Tercer Sector es la escasa preocupación por lo económico. ¿Por qué? Falta una cultura de lo privado. Al no ser el beneficio el fin primordial de estas entidades, sino un instrumento para reinvertir en nuevos proyectos, el interés por aumentar los ingresos tiende a verse como una actitud negativa. Se olvida que para ser socialmente responsables hay que ser económicamente eficientes, que el idealismo no debe estar exento de cierto pragmatismo.

A esto se une la excesiva dependencia del sector público, principal fuente de ingresos, que, por lo demás, son insuficientes, inseguros y de lenta tramitación. De hecho, el 56% de los ingresos de las ONGs españolas proceden de fuentes institucionales: Unión Europea (19%), Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica (20%), comunidades autonómas y ayuntamientos (8%), etc. Esta dependencia de lo público llega, en ocasiones, a obligar a algunas organizaciones a cambiar sus fines estatutarios para poder acceder a una determinada subvención. En otros casos la organización debe medir la oportunidad de sus programas según sean o no justificables sus gastos, y no tanto por el valor intrínseco del proyecto. En este aspecto, en la reunión se incitó a las pequeñas organizaciones a federarse constituyendo otras más grandes para mejorar la captación de fondos públicos.

Para garantizar tanto la estabilidad de la financiación como la autonomía en la elección de los proyectos, en este encuentro se abogó por potenciar la diversificación de las fuentes privadas. El mejor modo de lograrlo es fomentar una mayor orientación al “cliente” como consumidor, y no sólo como beneficiario de los servicios prestados por la organización. Y es que hoy día las cuotas de los socios no suponen una fuente más importante de financiación porque fallan las campañas de sensibilización.

A lo largo del encuentro se apuntó la idea de que las entidades sin ánimo de lucro deben replantearse su razón de ser cuando las empresas privadas llegan a cubrir sus mismas áreas, como ocurre, por ejemplo, con la tercera edad. Se concluyó que las primeras tienen razón de ser en cuanto existe una necesidad social que no es cubierta por nadie más o cuyo precio no está al alcance de todos. Cuando su cometido deja de ser necesario, la organización altruista debe desaparecer sin dejarse llevar por un voluntarismo estéril.

Por último, se recordó que, aunque los profesionales del Tercer Sector no lo hacen con el objetivo de enriquecerse, tampoco se les debe remunerar tan mal que se obligue a los mejores a buscar otro empleo. Conciliar el compromiso con los más desfavorecidos y una retribución suficiente que reconozca las gestiones eficaces, es asunto de crucial importancia. Dirigir estas entidades con profesionalidad implica no sólo dominar las técnicas de dirección, sino también adoptar actitudes para competir con éxito.

María Fernández de Córdova

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