La salud por encima de todo

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Duración lectura: 1m. 58s.

Ignacio Sánchez Cámara lamenta con ironía que el culto a la salud haya desplazado a otros valores personales más elevados y se haya convertido en nuevo ídolo de la sociedad contemporánea (ABC, Madrid, 10-III-99).

(…) Caminamos hacia una cultura clínica o, tal vez, clínicamente muerta. Como hemos negado la objetividad de los valores espirituales, sólo permanece la tangible objetividad de lo corporal. Todo es problemático; sólo la salud es deseable. Y no niego que lo sea. Apreciamos su valor sobre todo cuando nos falta. Pero el problema no es el noble combate contra la enfermedad, sino la obsesión profiláctica por la salud física, su primacía y aun su exclusividad. Antes parecía que no había más pecados que los de la carne; hoy se diría que sólo hay pecados contra la carne. Se puede atentar contra todo: contra la virtud, contra la inteligencia, contra el buen gusto, incluso contra Dios, pero nunca contra la salud. Ella es el último tabú cuando parecía que todo estaba permitido. (…)

Pero la obsesión por la salud puede perjudicar gravemente la salud, al menos la del espíritu. Lo único que deploro es la exaltación del cuerpo a la condición de becerro de oro. La vida existe para ser gastada y entregada, no para ser conservada. Nada muy grande ha sido hecho por el hombre sin arriesgar la vida, la salud o el bienestar. El filósofo Max Scheler situaba el valor de la salud sólo por encima del placer. Más elevados que ambos se encuentran los valores espirituales: la belleza, la justicia y la verdad. Y, aún por encima, los valores religiosos, lo sagrado.

Nos obsesionamos por la analítica de nuestro organismo, pero, a la vez, nos despreocupamos por las transaminasas del alma, la glucosa del espíritu y las adiposidades de nuestra inteligencia. La profilaxis es el último tabú. Pero la vida es riesgo, peligro. Bajo el tabú de la salud, tal vez se agazape el temor a vivir, el resentimiento contra la vida. Juan de la Cruz escribió que en el atardecer de la vida nos examinarán del amor. Se diría, viendo lo que vemos, que lo que nos espera es más bien un simple análisis de sangre.

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