La educación, posible factor contra la demencia

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 2m. 20s.

Los casos de demencia en los mayores de 65 años han experimentado un descenso en EE.UU. desde principios del presente siglo, algo en lo que la educación podría tener algo que ver, según un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA) por un grupo de expertos en geriatría, neurología y medicina interna de varias universidades norteamericanas.

La investigación, que incluyó el examen de unos 21.000 ancianos estadounidenses de todos los grupos étnicos, grados educativos y niveles de renta, halló que, a pesar del aumento general de los índices de hipertensión y de obesidad, así como del incremento de la población longeva, la salud mental no ha sufrido una variación para mal: si en 2000 un 11,6% de los mayores padecía demencia, en 2012 ese número había caído considerablemente, hasta el 8,8%.

Cada año, unos cinco millones de personas comienzan a padecer la enfermedad en EE.UU. Sin embargo, es significativo que el momento de diagnóstico se haya ido retrasando. En 2000, la persona diagnosticada frisaba como promedio los 80,7 años, mientras que en 2012 tenía 82,4 años. El dato, según una fuente del National Institute on Aging citada por The New York Times, es “una muy buena noticia”, pues muestra que “cerca de un millón y medio de personas de 65 años o más que no tienen demencia podrían haberla tenido de mantenerse los índices de 2000”.

En el test realizado a la muestra se constató que, en comparación con la media de los ancianos de 2000, los de 2012 contaban con un grado más de escolaridad. Según el estudio, “hay correlación entre el incremento del nivel educativo y el descenso de la demencia, aunque aún no se sabe bien cómo puede haber contribuido todo el conjunto de factores sociales, médicos y conductuales”.

La educación, en todo caso, parece tener una conexión con el fenómeno. Dado que, en la muestra escogida, los ancianos afroamericanos presentaron un mayor riesgo de demencia, el director de la investigación, Dr. Kenneth Langa, explicó al diario que una de las posibles causas podía ser el haber recibido menos educación.

La educación, señala por su parte el NYT, se vincula con mayores niveles de salud, pues las personas más educadas tienden, por ejemplo, a fumar menos, y a menudo viven en ambientes más saludables. A esto se añadiría lo que se denomina “hipótesis de la reserva cognitiva”: el influjo positivo de la educación en el desarrollo del cerebro, que así se hace más resistente a la demencia y más capaz de encontrar mecanismos de compensación en caso de que esta cause algún daño.