El arte de trabajar menos horas y consumir menos

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Bien sea por convicción o por hacer de la necesidad virtud, en algunos sectores de jóvenes profesionales empieza a abrirse paso una nueva mentalidad ante el trabajo. Hay quien opta por trabajar menos horas, ganar menos y consumir menos, para llevar una vida más sobria pero más placentera. Se trata de decir adiós al estrés y al afán consumista, para elegir una voluntaria simplicidad.

Bien es verdad que para elegir primero hay que tener un trabajo, cosa no siempre segura. Otras veces, es al perder el empleo cuando se descubre que se puede vivir con menos. También se comprende que no hay por qué sacrificarlo todo a una empresa que, en tiempos de crisis, no te puede garantizar un empleo. De ahí que el yuppie desencantado y estresado sea otro candidato al descubrimiento de la vida sencilla.

El fenómeno se advierte aquí y allá en los países ricos. En Japón, en 1993, el profesor y crítico literario Koji Nakano hizo el negocio de su vida con un libro titulado El concepto de la pobreza honrada (cfr. servicio 79/93). En ocho meses había vendido cuarenta ediciones con un total de 600.000 ejemplares. Dirigido a una sociedad japonesa presa del afán consumista, el libro ensalzaba las virtudes de una vida sobria y honesta. El texto estaba estructurado en torno a quince retratos de figuras destacadas del país -monjes sintoístas, académicos, artistas y maestros de la ceremonia del té-, ejemplos de virtudes como la honradez, la sencillez y la riqueza de espíritu. Quizá porque Japón atravesaba la recesión económica más grave de los últimos veinte años, el libro interesó a muchos que se replanteaban el sentido de una vida centrada en trabajar más para consumir más, en un círculo vicioso.

Ahora algunos medios de prensa norteamericanos detectan en su país un fenómeno de este tipo. Como es habitual, la tendencia requiere un nombre (downshifting la han bautizado), un reportaje en Time y un libro emblemático. Ya ha cumplido todos los requisitos. El downshifter típico es el profesional que se conforma con un puesto más bajo en la escala profesional y con menos sueldo, a cambio de disponer de más tiempo para la familia y de gozar de más tranquilidad. El cambio supone optar por una voluntaria simplicidad, a través de una vida más sobria, sin entrar en la competición consumista.

Según explica el corresponsal de El Mundo en Nueva York, el libro emblemático de esta tendencia es Tu dinero o tu vida, obra de Joe Domínguez, en tiempos un especulador de Wall Street, y de Vicky Robin, actriz que aspiraba a triunfar en Broadway. Esta pareja se retiró de la carrera, pero ahora ha triunfado con este libro que predica 101 mandamientos para ser feliz con una vida sencilla. He aquí algunos de ellos:

— Cancele todas las tarjetas de crédito menos una, y resérvela sólo para las emergencias.

— Funcione con una sola cuenta bancaria, guarde el talonario bajo llave y pague siempre al contado.

— Lleve una cuenta diaria de gastos.

— Hágalo usted mismo. Aprenda a reparar su casa y su vehículo.

— Renuncie al coche y, si es imprescindible, compre uno de segunda mano. Use el transporte público o comparta el vehículo con otros compañeros de trabajo.

— Practique el “comparison-shopping”: comparar precios en al menos cinco tiendas. Renuncie a regalos superfluos.

No es que sean muy novedosos, pues suelen ser criterios que practica la gente que desea controlar sus gastos. Pero lo notable es que hoy llamen la atención.

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