Té para todos, también a los trabajadores

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Duración lectura: 3m. 15s.

El empresario cingalés Merril J. Fernando es dueño de Dilmah, segunda comercializadora del té más fino del mundo. A finales de 2004 fue premiado por “The Medinge Group with a Conscience”, entidad internacional que recompensa a aquellas empresas que destacan por su adhesión a valores éticos en sus relaciones internas y con la sociedad. En una entrevista para “Hacer Familia” (Santiago de Chile, julio 2005), Merril presenta la filosofía empresarial en la que se basa su negocio.

Según cuenta Merril, en la mayoría de los países productores de materias primas como coco, café y té, los cultivadores son pobres porque se ven obligados a vender a bajo precio a las grandes compañías extranjeras que los estrujan. “Ellos producen y cultivan las plantas de té desde las 5 de la mañana hasta las 6.30 de la tarde, y se ven obligados a aceptar el bajo precio que se les da por ello, perpetuándose así su situación de pobreza”.

Cuando Merril decidió empezar su propio negocio del té, aceptó con gusto la legislación imperante en Sri Lanka, que obliga a los dueños de las plantaciones de té a proveer a los trabajadores de un salario mínimo, acceso a una vivienda, seguridad médica y educación gratis para todos los niños menores de 16 años de edad. “Nuestros empleados están mucho mejor cuidados que los trabajadores urbanos, que tienen salarios más altos pero no tienen casas, ni educación, ni salud gratis”.

Pero la filosofía empresarial de Dilmah no se queda en los mínimos de la legislación del país, sino que va más allá en el trato y cuidado a sus trabajadores. Para Merril sus trabajadores son como una gran familia, y sin ellos hubiera sido imposible el éxito de la empresa. “En un comienzo tenía 18 empleados a cuyos niños les di todos los libros, útiles y ropa escolar. Hoy en día tenemos tres diferentes plantaciones ( cada una tiene entre 8.000 y 10.000 hectáreas), 36.000 trabajadores en los jardines de té y mil más en la Compañía Dilmah, que es la que almacena, empaca y exporta el té. Gracias a ellos producimos 45 millones de tazas diarias de té”.

“A todos los hijos de mis trabajadores les doy los útiles escolares, les pago la educación y cuando crecen, la Fundación (Fundación de Beneficencia Merril J. Fernando) les da una beca para acceder a la educación universitaria. También ayudamos a las madres que trabajan en las plantaciones (60% de los que trabajan en las plantaciones son mujeres) permitiendo que sus hijos pasen el día en un jardín infantil equipado con un sistema de educación por televisión”.

En este trato a los trabajadores radica la diferencia entre Dilmah y las demás empresas de té. Según Merril, las demás empresas son comerciantes: “compran barato, procesan y empacan en Inglaterra y negocian y comercian mucho más caro, quedándose ellos con el dinero. En Dilmah, en cambio, nosotros mismos somos los productores, cultivadores y exportadores de té. No tenemos ningún corredor de línea intermedia, por lo tanto, las ganancias las compartimos con todos los trabajadores, con nuestra comunidad y con Sri Lanka”.

¿Qué lleva a este empresario cingalés a desarrollar una filosofía empresarial tan marcadamente solidaria? Como él mismo cuenta fue el ejemplo de su madre. “En Negambo, ciudad conocida como ‘Little Room’ (porque todos en esa aldea éramos católicos), mi padre, mis dos hermanos y mis tres hermanas observábamos a mi madre darle té y galletas a todos los aldeanos que circulaban por nuestros jardines. Quedaban tan agradecidos que muy a menudo le traían algún pequeño presente. Esta imagen se grabó en mi mente: lo que yo hago ahora es seguir el ejemplo de mi madre”.